Dos materiales, el grafeno y el siliceno, se están convirtiendo en los grandes deseados por las empresas tecnológicas. Si bien del grafeno ya son conocidas sus virtudes desde hace tiempo, el siliceno ha irrumpido con fuerza recientemente como un sustituto fiable del silicio.

La estructura y enlace químico del grafeno ya fueron descritos en la década de los 40 del siglo pasado, aunque este material recibió su nombre oficialmente en 1994. Aislado por primera vez en un laboratorio en 2.004, desde que se logró este hito el grafeno se convirtió en un material de moda. El grafeno está compuesto por una única fila de átomos de carbono, y sus propiedades ofrecen una gran variedad de aplicaciones, como pueden ser la resistencia, la conducción de electricidad y la enorme flexibilidad que presenta. Además, al ser un derivado del carbono, es un material muy abundante en el planeta.

Gran variedad de aplicaciones prácticas

Desde que se empezaron a investigar sus propiedades, los campos para los que se puede utilizar el grafeno se han ido ampliando: debido a su resistencia, flexibilidad y conducción, podrá utilizarse para la fabricación de finos chalecos antibalas, gafas nocturnas o tejidos para vestir que midan las constantes vitales del ser humano.

Las más interesadas hoy en día en desarrollar las propiedades del grafeno son las compañías tecnológicas. Recientemente, una veintena de empresas multinacionales, como IBM o Nokia se han reunido en Madrid para dar a conocer sus extensas posibilidades, y entre las próximas novedades en el mercado, está el lanzamiento de un teléfono móvil que se pueda enrollar para guardarlo en el bolsillo. Dentro de la telefonía móvil, el uso de baterías de grafeno involucraría unos terminales que tardarían segundos en recargarse, algo que puede ser muy útil también para los vehículos eléctricos, ya que el hecho de tardar muy poco tiempo en recargar sus baterías provocaría un gran avance en el desarrollo de la automoción eléctrica.

Aumento de velocidad de internet

El principal problema que tenía el grafeno es la poca eficiencia en términos energéticos: aunque es un conductor muy rápido, tan sólo puede absorber en torno al 3% de la luz, y el resto lo deja escapar, lo que significa una gran pérdida de energía eléctrica.

Pero este problema se ha visto solucionado en gran medida desde que Andre Geim y Kostya Novoselov, ganadores del Premio Nobel de Física de 2010, han combinado el grafeno con nano estructuras metálicas, con lo que consiguieron que el material consiguiera absorber veinte más veces de luz, con lo que podría ser utilizado para aumentar de forma exponencial la velocidad en internet y de la fibra óptica.

Asociada a la rápida velocidad de conducción, las empresas informáticas están avanzando en las posibilidades de sustituir al silicio en los microprocesadores, ya que se estima que los realizados de grafeno sean unas quinientas veces más pequeños y diez veces más rápidos que los realizados de silicio.

El siliceno como sustitutivo del grafeno

Pero al grafeno le ha salido un potencial duro rival, el siliceno. En 2007, Lok Lee Yan Voon y Gian Guzmán - Verri, de la Wright State University en Dayton (Ohio), comenzaron la búsqueda de un material parecido al grafeno, pero que proviniera del silicio. El primer trozo de siliceno se consiguió depositando átomos de silicio sobre una superficie de material cerámico, lo que dio como resultado una lámina con la misma estructura hexagonal del grafeno.

El siliceno no sólo posee la misma estructura que el grafeno, sino que también tiene las mismas propiedades electrónicas, incluida la conducción de los electrones en su interior. Y la principal ventaja que tiene sobre el grafeno es, que al provenir del silicio, es compatible con los componentes electrónicos actuales, construidos también con silicio. Por ello, si se consigue producir siliceno en cantidades industriales y a buen precio, puede llegar a sustituir al grafeno en la industria electrónica.