Lázaro Cárdenas tomó la presidencia en un momento difícil para el país. Sus antecesores Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles habían generado una política radical que había conducido a la guerra cristera, principalmente en el Occidente de México. Después habían intentado anular el principio de no reelección y Calles había implementado un Maximato, durante los gobiernos de Emilio Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio y Abelardo L. Rodríguez.

Lázaro Cárdenas subió a la presidencia en 1934, con el apoyo de Calles, los primeros años de su gobierno éste siguió manteniendo cierta influencia, pero después Cárdenas lo exilió, con lo cual tuvo oportunidad de llevar a su gobierno ya de manera independiente. Se acercó a intelectuales de corte socialista como Vicente Lombardo Toledano, Miguel Othón de Mendizábal y Narciso Bassols.

Política educativa de Cárdenas

Cárdenas tuvo como base de su acción el plan sexenal junto con ideas nacionalistas y socialistas. Durante su gobierno emprendió una lucha por modernizar al país, para lo cual, inició con la educación, la cual la concibió como socialista, lo que no le gustó a la mayoría de la población. Durante esos años se dio una nueva persecución religiosa en varios estados de la república como en Chihuahua.

En 1937 inauguró el Instituto Politécnico Nacional IPN, para aumentar el desarrollo industrial, dentro del marco de una política de sustitución de importaciones y para darle oportunidad de estudiar a las personas de escasos recursos. Dentro del IPN se creó el Departamento de Antropología, que luego se convirtió en la Escuela Nacional de Antropología.

Política indigenista de Lázaro Cárdenas

Lázaro Cárdenas asesorado por Miguel Othón de Mendizábal planteaban que no se trataba de mantener al indígena en su situación, ni de indigenizar a México, sino de mexicanizar al indígena. Este juego de palabras lo que significaba en realidad, era que por medio de la educación bilingüe, no se buscaba conservar la cultura de los pueblos autóctonos, sino que dejaran paulatinamente de serlo para transformarse en mexicanos, es decir, en mestizos.

En este contexto en 1936 creó el Departamento de Asuntos Indígenas, que fue el antecedente del Instituto Nacional Indigenista. En 1939 creó el Instituto Nacional de Antropología e Historia, que inmediatamente entró en acción con el proyecto tarasco, dirigido por Rubín de la Borbolla, en la comunidad de Cherán, Michoacán. Durante 1940 se efectuó el primer congreso indígena interamericano en Patzcuaro. Michoacán, la tierra del general fue clave en su política indigenista.

Política nacionalista de Cárdenas

El nacionalismo fue un eje del gobierno de Lázaro Cárdenas por eso su interés en el conocimiento arqueológico e histórico que retomaba principalmente al indígena prehispánico, que se reflejó como se ha visto en la creación de institutos especializados, en el fomento del muralismo con este tipo de temas. Sin embargo, el nacionalismo buscaba aspectos prácticos enfocados a defender el territorio y economía nacional. Cárdenas y Lombardo consideraban que ese nacionalismo debía estar enlazado con el socialismo para luchar contra el avance imperialista por medio de la expropiación territorial, la centralización del crédito y la industria en manos del Estado.

En 1938 el presidente llevó a cabo la expropiación petrolera, que es uno de los hechos más significativos de periodo presidencial, con repercusiones hasta la actualidad. Fomentó la reforma agraria, repartió latifundios, apoyó el ejido y a los ejidatarios. Construyó varias presas para mejorar los sistemas de riegos. Sin embargo, los pequeños propietarios se vieron afectados y muchos de ellos perdieron sus tierras.

Críticas al gobierno Cardenista

Luis Cabrera, uno de los ideólogos del movimiento constitucionalista criticó en su momento al Cardenismo, trató de demostrar que la revolución mexicana se había nutrido de las ideas liberales; mientras que Cárdenas seguía las ideas socialistas, por lo que diferenciaba entre la revolución de entonces y la de ahora, como tituló su ensayo escrito en 1936. La revolución constitucionalista había luchado por la libertad y la educación laica, que eran afectadas por la imposición de la educación socialista.

Otro crítico fue Manuel Gómez Morín, fundador del Partido Acción Nacional, quien consideraba que el país no debía quedar estancado por un nacionalismo extremo, sino que se tenía que aprovechar los beneficios del exterior y la raíz hispánica de México. Desarrollando una verdadera ciudadanía que trascendiera del populismo y el clientelismo. El gobierno de Cárdenas polarizó al país generando una contradicción, por un lado alcanzando gran popularidad, pero por otra parte, produciendo importantes críticas, que se cristalizaron en la reñida elección entre su sucesor Manuel Ávila Camacho y Juan Andrew Almazán.