"Leer este libro desnudo y acompañado aumenta su disfrute en un 200 %". Esta frase cierra los créditos de El fuego y deja a las claras, por si su explícita portada no fuera suficiente, que es una novela gráfica trata sobre sexo. Miguel B. Núñez juguetea con personajes de origen desconocido, formas muy simples en blanco y negro y un marcado deseo de copular como leit motif de sus decisiones para rematar una historia psicodélica, que mira a las vanguardias en su narrativa y a las revistas de cómic de los años 80 y 90 en sus mensajes.

Un cómic sobre sexo

¡Caramba! publica El fuego al precio de 12 euros. Aprovechando que el libro es mudo y únicamente incluye interjecciones y onomatopeyas, la edición incluye presentaciones y biografía del autor tanto en español como en inglés, lo que permite que una misma edición tenga como objetivo el mercado nacional tanto como el internacional. Las ideas innovadoras en tiempos de crisis son siempre un aspecto a valorar en la edición de cómics.

Cuando un posible lector tenga en sus manos el libro, verá que hay pocas dudas sobre sus objetivos. Su resplandeciente tono rosado de portada sólo se ve roto por el título, El fuego, el nombre del autor, Miguel B. Núñez, y el dibujo de una pareja practicando sexo. Es un cómic sobre sexo y diversión. "Poco sabemos de los habitantes de este libro, más allá de su inagotable deseo de practicar sexo", se dice en la contraportada. Las palabras que no hay en el cómic explican su objetivo en su cierre, lo que no deja de ser una primera y curiosa provocación al lector.

El autor, Miguel B. Núñez

Que el autor de El fuego sea uno de los autores alternativos más singulares del cómic español explica muchas de sus claves. Tiene experiencia en el mundo de la música como integrante de Humbert Humbert o Cuerpos y publica cómics desde finales de los años 80, antes incluso de cumplir los veinte años, en revistas como El Víbora (es evidente por tanto la vinculación con el cómic español más gamberro de las últimas décadas) o con libros como El corazón de los árboles o King Egg, que comparte con El fuego la ausencia de texto.

Porque este último trabajo presenta esa característica experimental de desarrollarse sin más diálogo que algunas interjecciones de sus más que curiosos protagonistas. Aplicar el término experimental a un tebeo que tiene una estructura cerrada seis viñetas por página puede parecer contradictorio, pero Núñez se salta las convenciones en lo argumental, no en lo estético. Su trazo es reconocible y también lo es el deseo primario que mueve a los protagonistas del libro.

Un tebeo porno psicodélico

Sin embargo, el impulso narrativo de Núñez roza la psicodelia, e incluso por momentos la rebasa. No es simplemente un tebeo porno, que lo es, sino que es una historia de muy difícil clasificación, ambientada en un mundo de normas inabarcables, de fantasía desbordante, y de escenas que oscilan entre el sexo más divertido y pasajero y la escatología más transgresora. Y seguramente sus pretensiones no llegan más allá de las que cita en esa frase con la que cierra los créditos del libro, la de hacer disfrutar.

Eso es algo que consigue si se aceptan las inabarcables normas que se impone Núñez. O, mejor dicho, la ausencia de normas que rigen este mundo suyo, porque desde el principio cohabitan en sus viñetas personas más o menos verosímiles con otras surgidas de una exagerada imaginación, todos ellos con la pretensión de ir satisfaciendo fantasías sexuales que desde el principio se demuestran diferentes y arriesgadas. Cópulas en los lugares más insospechados, incluso en el estómago de un ser gigantesco y submarino.

'El fuego', un cómic diferente

Viene a ser bastante evidente, como en toda la interesante y dispar biblioteca de ¡Caramba! desde que arrancó como editorial, que El fuego es una obra con ganas de provocar, pero es una provocación juguetona, traviesa y divertida, con el mismo espíritu que parece haber animado al autor a lanzarse a crear esta obra. En esa concepción de la provocación, sin duda lo consigue. Y es también una historia que encuentra ecos en anteriores trabajos de Núñez, incluso de los más infantiles, por sus escenarios y por algunos de sus diseños. Sin duda, algo diferente en un mundo lleno de iguales.