Son muchos los que, llevando a cabo un régimen, se resisten el lunes a subirse en una báscula. Esto es consecuencia de los caprichos culinarios que se han concedido durante el fin de semana debido al cambio de rutina que supone tener más tiempo libre para salir, quedar con amigos, preparar cenas o simplemente pasar más horas delante del televisor.

Una investigación llevada a cabo por la Universidad de Washington ha comprobado la influencia, en la mayoría de los casos negativa, del sábado y el domingo en los esfuerzos por bajar de peso. La conclusión a la que han llegado estos expertos es que durante la semana se adelgazaba, pero durante los dos últimos días se subía ligeramente, lo que provocaba que al cabo de un año la persona pudiera ganar una media de cuatro kilos. Para frenar esta tendencia, se deberían acatar una serie de recomendaciones.

Enfrentarse a los fines de semana

Las actividades que realizamos o en qué ocupamos el tiempo el sábado y el domingo, en ocasiones, nos hacen olvidar los buenos hábitos de alimentación que venimos cumpliendo a lo largo de la semana. Salimos a restaurantes, encargamos menús rápidos porque nos apetece menos cocinar, asistimos a fiestas o sencillamente no mantenemos un horario de comidas adecuado. Todos estos factores son, en definitiva, los causantes de un incremento en el consumo de calorías.

Nos sentimos tentados de regalarnos un descanso de la rutina semanal y eso nos puede pasar factura a largo plazo en nuestra figura si no hacemos algo para remediarlo. Teniendo en cuenta unas reglas básicas podremos contrarrestar estos desajustes en la dieta.

  1. Comer sólo para alimentarse. Nunca picar por aburrimiento. En todo caso, se puede beber un vaso de agua o comer una manzana antes de lanzarse a la nevera.
  2. Hacer elecciones saludables. Si se sale a cenar fuera, siempre se puede escoger en la carta platos más sanos y bajos en calorías, preferiblemente ensaladas, carnes y pescados a la plancha y postres de frutas naturales, antes que aperitivos, salsas y tartas.
  3. Ingerir raciones moderadas cada cuatro horas para evitar los ataques de hambre.
  4. Tomar más frutas, verduras y productos integrales.

Los otros enemigos de la dieta

Las situaciones de estrés y un nivel elevado de ansiedad también pueden arruinar un plan de adelgazamiento. Está demostrado que con el estrés nuestro organismo no reacciona igual ni a las dietas ni a los ejercicios para perder peso.

Del mismo modo, la ansiedad provoca episodios de debilidad que dificultan el mantenimiento de la dieta o ejercicios establecidos. Por ello, es uno de los responsables del abandono, y el sentimiento de frustración que se genera se traduce en un aumento de peso por ingestas descontroladas.

La importancia de ser regular y constante en el seguimiento de una dieta es clave para lograr el éxito de la misma. Esto no significa que, puntualmente y con moderación, no podamos darnos algún pequeño capricho.

El objetivo es llegar a un equilibrio sano entre el interés por cuidar de la alimentación y el disfrutar con la comida, sin que para ello tengamos que consumir calorías innecesarias. De cada uno dependerá si el fin de semana se convierte en enemigo o, por el contrario, en aliado de la dieta.