La Orden del Temple u Orden de los Pobres Caballeros de Cristo fue fundada en el año 1118 por nueve caballeros franceses tras la primera cruzada con la intención de proteger a los peregrinos que se encaminasen a Tierra Santa. Una vez aprobada por el papado en 1129, dichos caballeros recorrieron Europa buscando fondos y gente que se uniese a su causa. Hacia el año 1170 los caballeros templarios se extendían por toda Europa, ostentando un gran poder militar, económico y político, ya que gracias a sus leyes especiales solamente debían obediencia al Papa.

Auge de la Orden del Temple

Hacia el año 1220 la Orden del Temple se había convertido en la organización más grande de Europa con más de 30.000 caballeros, 9.000 encomiendas (territorios que funcionaban como un señorío feudal), más de 50 castillos y fortalezas e incluso su propia flota de barcos. Los templarios establecieron rutas de comercio desde Inglaterra hasta Jerusalén y crearon casas de comercio que funcionaban como antecesores de los actuales bancos. También comerciaban con reliquias de Tierra Santa como el óleo del milagro de Saidnaya o trozos del Lignum Crucis (la Santa Cruz que decían haber descubierto).

A nivel militar sus monjes guerreros eran admirados como uno de los cuerpos mejor entrenados y hábiles en la batalla. Participaron en todas las cruzadas por Tierra Santa, hasta que fueron expulsados en la séptima. Tras esa derrota, compraron la isla de Chipre para tener un punto desde el que volver a atacar pero ningún país europeo estaba ya interesado en la reconquista de Tierra Santa por lo que sus intentos fracasaron.

La persecución y fin de los templarios

El rey de Francia Felipe IV convenció al Papa Clemente V para abrir un proceso contra los Templarios. Las causas de este interés del monarca fueron las deudas que mantenía con esta orden (su abuelo había pedido un prestamo a los templarios para pagar su rescate tras ser apresado en la séptima cruzada) y su deseo de un estado fuerte sin intromisión de las ordenes religiosas.

Se les acusó de sacrilegio a la cruz, herejía, sodomía y adoración a Baphomet, un ídolo pagano, basándose en los ritos secretos que practicaban en sus ceremonias de iniciación. El rey envió misivas selladas por toda Francia y países amigos de Europa con la orden de que se abrieran el mismo día y a la misma hora. En esas cartas se daba orden de apresar a los caballeros templarios. Muchos de ellos fueron prendidos y sometidos a tortura hasta lograr su confesión. Incluso Jacques de Molay, último gran maestre de la orden, fue arrestado en París, donde se hallaba para intentar convencer al rey de emprender una nueva cruzada.

Jacques de Molay, junto a varios importantes caballeros de la orden, fue llevado a los pies de Nôtre-Dame para que, delante de todo el pueblo, admitiera los crímenes de la orden y pidiese perdón. El gran maestre recobró el valor suficiente para negar aquellas acusaciones y maldecir a los causantes de aquella injusticia con estas palabras:

« "Dios sabe quién se equivoca y ha pecado y la desgracia se abatirá pronto sobre aquellos que nos han condenado sin razón. Dios vengará nuestra muerte. Señor, sabed que, en verdad, todos aquellos que nos son contrarios, por nosotros van a sufrir. Clemente, y tú también Felipe, traidores a la palabra dada, ¡os emplazo a los dos ante el Tribunal de Dios!... A ti, Clemente, antes de cuarenta días, y a ti, Felipe, dentro de este año..."»

El gran maestre fue quemado en una hoguera a los pies de Nôtre-Dame junto a algunos de sus caballeros. La orden fue perseguida por toda Europa hasta su total disolución (sólo en Francia 54 de ellos murieron en la hoguera y cientos de ellos fueron condenados a la cárcel de por vida) pero las palabras de Jacques de Molay encontraron cumplimiento con la muerte del rey de Francia y el papa Clemente en los plazos que el gran maestre había dado.

Leyendas sobre los caballeros templarios

La historia de los templarios sigue envuelta en el misterio. Se dice que muchos de sus conocimientos secretos fueron adoptados por órdenes masónicas o que algunos de ellos sobrevivieron ocultos o emigraron al nuevo mundo.

Sus grandes riquezas nunca fueron encontradas. Se cree que pudieron ocultarse en castillos del sur de Europa, sobre todo en Francia. Hay leyendas que les relacionan con los cátaros ya que el primer gran maestre de la orden, Bertrand de Blanchefort, pertenecía a la región de Occitania. Sea como fuere el secreto de sus conocimientos herméticos y sus incalculables tesoros se perdió para siempre y forma parte de la leyenda.