Para aquellos que desconozcan el término fixed se trata de bicicletas con piñón fijo. Es decir, las bicis no disponen de marchas con lo que no tiene punto muerto. Al carecer de marchas no se puede dejar de pedalear y es ahí donde está la gracia. El ritmo se marca en función de la cantidad de pedaladas que se den. Uno de los aspectos más polémicos de las fixies es frenar. Para frenar algunos llevan freno delantero como apoyo, pero por lo general se frena haciendo presión sobre los pedales o disminuyendo el ritmo hasta detenerse. Puede resultar difícil en un principio y es por ello que ha muchos no terminan de convencerles las fixies.

Partes de la fixie

En esencia son como las bicis que se usan en los velódromos. Estéticamente se intenta reducir la idea de bicicleta a su mínima expresión. Sólo un cuadro, dos ruedas, pedales y manillar. Además se busca conseguir que sea lo más ligera posible y algunos llegan a recortarles los manillares para poder pasar entre los coches sin llevarse retrovisores de por medio. Uno de los atractivos de estas bicis es que puedes construirla tu mismo. Al tener una mecánica sencilla, en comparación con otros modelos, hace que sus propietarios puedan modificarlas con sus propias manos sin tener que acudir obligatoriamente a un taller. Esto hace que el dueño sea totalmente independiente de modelar la fixie a sus necesidades y gustos personales.

Origen

Esta tendencia, cada vez más evidente en nuestras ciudades, viene influenciada en parte por los repartidores de mensajería tanto estadounidenses como europeos. Utilizan estas bicicletas por su agilidad para circular entre los coches y por resultar poco atractivas a los ladrones al no tener marchas, a pesar de que son algo complejas de manejar. Lo que comenzó en el mundo de la mensajería ha pasado a ser un movimiento urbano. Y a pesar de sus limitaciones técnicas, los fixers practican varias actividades con sus bicis. Se organizan carreras urbanas alleycats, partidos de polo sobre bicicletas bike polo y competiciones de trucos denominadas skids, trackstands, y free-styling.

Cultura urbana

Estamos ante un nuevo estilo de vida. Puede que parezca un producto de la moda. Sin embargo, los verdaderos fixers viven con y para ellas. Si uno se puede permitir una fixie nueva puede encontrarla desde 400 euros para arriba. Pero si no se dispone de estas cantidades las hay de segunda mano e incluso existe la posibilidad de convertir una bicicleta de marchas en fixed. Para ello sólo tiene que tener un marco apropiado. Puede valer con una bicicleta que tenga las punteras horizontales. Si cumple ese requisito podrás convertir tu bici en una fixie.

Cualquiera puede adentrarse en este mundo sólo hace falta echarle ganas y paciencia para cogerle el truco. Los fixers son gente amable y deportista, dispuestos a ayudar a aquellos que quieran comenzar en el mundillo. Os animo a que probéis a dar un paseo en fixie y notéis lo que es vivir sin frenos.