El tráfico de mujeres y niños, es internacional, pero existen pocas estadísticas debido a la clandestinidad del fenómeno, la ausencia de regulación legal sobre el tráfico humano en muchos países, la objeción de las víctimas a narrar sus experiencias y la poca prioridad que los gobiernos conceden a estos sucesos. Por si fuera poco, la vergüenza y el trauma psicológico tampoco ayudan en nada.

Formas de captación

Normalmente, las formas de captación suelen ir ligadas al engaño como método de secuestro. Las víctimas se ven tentadas con promesas de trabajo interesantes o simplemente, mejor remuneradas o con la posibilidad de que se les subvencione un simple cruce de fronteras. Esto se consigue falsificando los visados de turista para acceder al país de destino, después a la víctimas del tráfico se les retiene toda la documentación con el fin de mantenerlas en una situación vulnerable hasta que abonen la totalidad de la deuda que estiman los traficantes que se les debe, solo entonces se les asegura que les será entregada la documentación en regla que acredite su residencia legal en el país.

Fines de la explotación sexual

El fin principal es la prostitución en sí y en sus más variadas formas, entre las cuales, las más frecuentes son los servicios de compañía, la danza exótica, el ejercicio en saunas eróticas, la pornografía no remunerada, ni voluntaria, el ejercicio en burdeles, en clubs de alterne, la prostitución callejera y los shows de striptease.

Aunque el factor más determinante es satisfacer la demanda masculina de sexo. Demanda que no se basa en la necesidad, ni en las carencias personales, sino en el deseo de obtenerlo a través de la prostitución.

Evolución tipológica

En los últimos siglos, la prostitución en el mundo occidental se había venido ejerciendo por las denominadas prostitutas clásicas, mujeres de provincias que habían huido de la pobreza en busca de un futuro más prometedor y se habían instalado en las ciudades. Con el objeto de ocultar su fracaso comenzaban a ejercer la prostitución, bien a través de una figura masculina, a la que en el argot de la prostitución se denominaba novio, o bien a través de otra mujer, una tocaya.

En los años ochenta, hace acto de presencia la prostituta toxicómana, que ejerce solo para conseguir más dosis de sustancias y así seguir consumiendo. Su aparición no hace sino cambiar la imagen que hasta el momento se tenía del mundo de la prostitución, provocando un mayor rechazo hacia la mujer prostituida.

A principios de los años noventa aparece un tercer tipo, la prostituta extranjera, que convive con los otros dos tipos anteriores. El éxito de las prostitutas de orígenes exóticos, se explica debido a factores racistas. En el subconsciente masculino, una de las fantasías más habituales es la del uso del poder y la fuerza sobre la mujer del enemigo, en este caso el extranjero. Las estadísticas demuestran que las mujeres no caucásicas son víctimas con frecuencia de actitudes racistas.

Colectivos

Junto con las mujeres españolas, conviven en las calles un sinfín de prostitutas con diversos acentos y nacionalidades:

  • Mujeres subsaharianas
En su mayoría senegalesas, guineanas y nigerianas. Suelen ejercer en lugares abiertos pero también trabajan en clubs de alterne, debido a que estos lugares exigen una cuota de mujeres de raza negra.

  • Mujeres norteafricanas
Principalmente argelinas y marroquíes. Ejercen la prostitución por su cuenta, combinándola con empleos, normalmente comienzan tras haber fracasado en sus anteriores proyectos.

  • Mujeres latinoamericanas
El grupo más numeroso es el formado por colombianas y ecuatorianas, que comienzan en el trabajo doméstico y terminan voluntariamente en la prostitución como un método más rápido de ganar dinero. Seguidas por las cubanas y dominicanas, normalmente víctimas de las redes de matrimonios de conveniencia. El tercer colectivo está formado por las brasileñas que ejercen en redes más estables y organizadas. La presencia de bolivianas, peruanas y argentinas es menor.

  • Mujeres de Europa del Este y Central.
Suelen ser víctimas de la trata con fines de explotación sexual, siendo tentadas con empleos de modelo o camarera o simplemente secuestradas o vendidas por sus propios familiares. Los lugares de origen más habituales de estas mujeres son, Ucrania, Polonia y Rumanía.

Suelen ejercer la prostitución de lujo debido a que en las fantasías eróticas masculinas las mujeres del norte son relacionadas con la elegancia y la sofisticación.

  • Españolas
Curiosamente, las prostitutas españolas ejercen masivamente la prostitución de alto standing y también el rango más bajo de la jerarquía, la práctica callejera motivada por la adicción a las drogas, normalmente ejercida por mujeres de elevada edad, algunas hasta ancianas que sufren un deterioro tanto físico como psicológico profundo.

La diferencia más llamativa que se produce con respecto a las mujeres extranjeras es que las españolas ejercen de forma indefinida mientras que para el segundo colectivo, la prostitución es considerada como una desafortunada y temporal forma de vida hasta encontrar un empleo mejor.

Consecuencias sanitarias

Las más frecuentes son los transtornos alimenticios, debido a los desórdenes horarios, y a una excesiva preocupación por la imagen. En segundo lugar, abundan las enfermedades venéreas, como la candidiasis, la gonorrea, la sífilis y el virus VIH, debido a que quienes deciden si se usa preservativo o no son los clientes, previo desembolso de una elevada cantidad de dinero y los proxenetas, que en ocasiones prohíben su uso.

Son destacables igualmente, enfermedades como el carcinoma de cuello de útero y la enfermedad inflamatoria pélvica, que se produce tras una constante estimulación del aparato genital.

Las secuelas físicas también se manifiestan debido a la violencia a la que se somete a estas mujeres y a las prácticas de tortura.

En cuanto al consumo de drogas, destaca sobre todo el de los clientes, que suelen insistir en que la prostituta que les acompaña las comparta con ellos.

Secuelas psicológicas

Destacan la pesadillas, la negación del pasado, el aislamiento social, la incapacidad de manifestar sentimientos amorosos y de mantener relaciones afectivas, la falta de autoestima, el insomnio y otras reacciones físicas consecuencia del estrés como taquicardias, problemas de respiración o sudores.