En 1916, el intelectual y crítico de arte austriaco Hermann Bahr fue el primero en establecer los contrapuntos (la escasa o nula convergencia, la enorme distancia) entre este estilo artístico y el impresionismo, muy probablemente debido al hecho de que además de gran conocedor, artista ocasional e incondicional entusiasta del impresionismo, no terminaba de digerir demasiado bien que la nueva corriente expresionista -como reacción al impresionismo- pudiera llegar a eclipsar a este.

Génesis del expresionismo pictórico

El expresionismo debe su nombre al checo Antonin Matejcek, quien algunos años antes de lo reseñado en el párrafo anterior, acuñó el término para referirse con el mayor rigor y exactitud posibles, al sentido y al significado de esta vanguardia, que aparte de la pintura, acaparó otras manifestaciones del arte y la cultura como la danza, el cine, la literatura, la fotografía o el teatro.

El origen de la pintura expresionista (primera de las manifestaciones artísticas del expresionismo) se atribuye a un grupo de artistas alemanes que pretendían dinamizar las anquilosadas vanguardias pictóricas del arte teutón, en comparación con el auge artístico que desde hacía años, ya se venía produciendo en el resto de Europa y en Estados Unidos. Ese origen, ese nacimiento del expresionismo, sucedió algo más de diez años antes de que Bahr estableciera la contraposición entre impresionismo y expresionismo,

La idiosincrasia expresionista: características y peculiaridades

La principal seña de identidad de este movimiento es justamente la que le otorga su propio nombre: expresionismo; es decir, primar la expresión anteponiéndola a la impresión. Ya desde sus comienzos, la pintura expresionista buscaba la plasmación de emociones por encima de la técnica, la filigrana o la reproducción objetiva de la realidad. Y lo hacía desde la total libertad del artista y desde un punto vista escrupulosamente subjetivo, sin atender a pretendidos o supuestos cánones estéticos, con un aire definitivamente transgresor con los modelos imperantes de la época, y con claros guiños hacia todo lo relacionado con lo morboso o lo sexual, e incluso más allá, con la perversión. Los artistas expresionistas consideraban que capturar, provocar o excitar los sentimientos más íntimos del ser humano era lo que dotaba de mayor sentido a su estilo y a su obra.

Escuelas e influencia artística

El expresionismo, al menos en sus inicios, destacó más por la influencia y repercusión de su escuela artística, que por la obra individual de los propios artistas. Por curioso que resulte, no se puede afirmar que existiera jamás un grupo de artistas proclamados así mismos como expresionistas.

Como movimiento artístico nacido en Alemania, las principales y más importantes escuelas no hay que buscarlas en otras latitudes. Las más destacables fueron Der Blaue Reiter (Munich) y Die Brücke (Dresde). Años después surgieron los denominados expresionistas abstractos.

Vincent van Gogh o Edvard Munch influyeron de manera muy significativa en el expresionismo. También, a su modo, lo hizo el fauvismo, (cuyo máximo representante fue Henri Matisse). El fauvismo, aunque compartía con el expresionismo el uso y predominio de colores planos y muy brillantes, sus propósitos se hallaban bien alejados de este. Mientras que los colores de los fauvistas perseguían la belleza estética sin detenerse en otras consideraciones, el expresionismo, como ya se ha dicho, buscaba excitar la sensibilidad y la emoción del observador. El peculiar y genuino uso del color expresionista evolucionó lo bastante lejos como para instalarse en la idea de que, únicamente por medio de diferentes cromatismos, se pueden percibir ciertos ambientes y evocar determinadas atmósferas, lo que nada más y nada menos terminó por desembocar en el inicio de la abstracción, que cambiaría el arte del siglo XX y muchos de los conceptos teóricos asociados a él, tanto técnicos como estéticos.