
- Prefiero, pero no exijo, ganar - morguefile
Las exigencias e imposiciones generalmente van unidas a creencias irracionales, que mucha gente piensa que se tienen que cumplir estrictamente, como si les fuera la vida en ello.
Se ha demostrado que cuantas más creencias irracionales se tengan y se sigan de una forma rígida y radical, más probabilidad hay de padecer ansiedad, inseguridad y depresión, en tanto que aquellos que no padecen dichas creencias son más flexibles y moderados.
Karen Horney, psiquiatra experta en neurosis, afirma que “la tiranía de las exigencias trastorna a las personas”
Según Albert Ellis, psicólogo e ideólogo de la Terapia Racional Emotivo Comportamental (TREC), las imposiciones o exigencias más frecuentes son las dirigidas contra uno mismo, las dirigidas contra otras personas y las dirigidas contra el entorno o las condiciones vitales.
Exigencias dirigidas contra uno mismo
Las personas generalmente mantienen un lenguaje interno que en numerosas ocasiones les perjudica notablemente. Muchas creen que tienen que hacer todo lo que se proponen perfectamente, que tienen que ser queridas y respetadas y tener, en todo momento, la aprobación, sobre todo, de las personas significativas para ellas.
A menudo se dicen a sí mismas que deben tener éxito en todos los trabajos y proyectos en los que se involucran. Por desgracia, aunque tales exigencias son universales, se ha demostrado que la manera de vivir que comportan no es nada saludable y lleva a la ansiedad, a la inseguridad y a la depresión. Porque cuando no llegan a conseguir lo que ellas se han propuesto, se sienten inútiles, se desprecian y se infravaloran.
Exigencias dirigidas contra otros
Algunas personas se pasan la vida culpando a otras por sus propias frustraciones. Creen que los demás están ahí para ayudarles siempre a conseguir lo que ellas quieren y para evitar lo que no desean.
Al comprobar que la gente no es así, se decepcionan constantemente, lo que les lleva a la rabia, al enfado, a la ira y a la violencia, porque realmente no se cumplen a rajatabla las órdenes que ellas quieren imponer y exigir.
Exigencias dirigidas contra las condiciones de vida
Hay, asimismo, quienes piensan que necesariamente tienen que tener un trabajo que les guste, que tenga unas excelentes condiciones y que esté muy bien pagado. También creen que tiene que hacer siempre el tiempo que se adecue a sus gustos, que la vida les tiene que sonreír en todo momento y que la política y la economía tienen que estar a favor de sus intereses personales.
Estas excesivas y constantes exigencias, les conduce directamente a una baja tolerancia a la frustración, a la depresión y en ocasiones a las adicciones, cuando comprueban que aquellas no se cumplen.
Las imposiciones y exigencias son insanas
Está demostrado que vivir con exigencias e imposiciones no es saludable. Las personas que consiguen vivir sin imposiciones y exigencias, cuando no consiguen realizar sus proyectos, no se desesperarán fácilmente, porque tendrán emociones sanas como la tristeza, el pesar, o el malestar, pero no emociones negativas que les desequilibren.
Lo razonable es desear o preferir, nunca exigir
Por supuesto que es muy agradable tener éxito y contar con la aprobación de los demás siempre y que todo el mundo nos quiera, nos respete y nos trate bien, pero no siempre es así.
Lo mejor es pensar: "Preferiría, desearía, me gustaría, tener éxito, pero si no lo consigo, no es el fin del mundo. Tener éxito no es una condición sine qua non para ser feliz". De este modo, la persona puede sentirse a veces decepcionada, si no logra el fin que pretende, pero seguro que no experimentará emociones negativas.
Hay imposiciones razonables
Existen ciertas imposiciones que son razonables y sanas, como el hecho de que para comprar algo sea necesario pagarlo, o, también, que para tener una carrera, o el carnet de conducir, sea necesario pagar una matrícula, acudir a clase y aprobar una serie de exámenes. Este tipo de imposiciones son sensatas, razonables y sirven para mejorar la vida.
Para lograr algo es preciso generalmente hacer algún tipo de esfuerzo y, si no se hace, es imposible alcanzar el objetivo. Por eso, el problema está cuando se quiere conseguir todo a la fuerza, incondicionalmente.
Estas son las imposiciones que llevan a la infelicidad, porque, en realidad, hay muchas ocasiones en que las cosas no salen como uno quiere y suele haber críticas y es entonces cuando algunas personas se desestabilizan emocionalmente, dando paso a la ansiedad, a la depresión y a la infravaloración.
Las preferencias suponen una alternativa
Las preferencias siempre ofrecen, o permiten, una alternativa en los casos en los que no se logra lo que se pretende, pero una imposición absolutista que impone y exige lograr algo, por encima de todo, lleva al verdadero sufrimiento.
Por tanto, para tener un buen equilibrio emocional y ser personas saludables es importante descubrir y reconocer las imposiciones y exigencias y tratar de cambiarlas por preferencias realistas.
