Durante las dos primeras décadas del siglo XX las vanguardias surgen como reacción al modernismo imperante, criticando los aspectos más formalistas del movimiento. Con el “Tuércele el cuello al cisne” de Enrique González Martínez, se instaura una nueva época en la que se da paso a una evolución marcada por una poesía irónica, cargada de juegos verbales, neologismos, y sustentada sobre imágenes enormemente novedosas, que apuntaba hacia una autonomía del lenguaje poético.

Muy influidos por las vanguardias europeas, Girondo y sus coetáneos (Vicente Huidobro, Jorge Luis Borges o César Vallejo, entre otros) invaden el panorama literario con un carácter rompedor y experimentalista.

Obra

Oliverio Girondo perfila una trayectoria poética que se proyecta desde lo externo a lo íntimo, de lo objetual a lo subjetivo o, como describe Enrique Molina en la introducción a su Obra (Buenos Aires, Losada, 1968): «Comienza por la captación sensual y ávida del mundo inmediato y la fiesta de las cosas. Termina por un descenso hasta los últimos fondos de la conciencia en su trágica inquisición ante la nada». Además de sus Membretes, sus poemarios más representativos son:

  • Veinte poemas para ser leídos en el tranvía (1922).
  • Calcomanías (1925).
  • Espantapájaros (1932).
  • Persuasión de los días (1942).
  • Campo nuestro (1946).
  • En la masmédula (1956)

El Espantapájaros

Oliverio Girondo publica esta obra en Buenos Aires, en 1932, y su presentación vino acompañada de las exageraciones propias de las manifestaciones vanguardistas: carroza tirada por seis caballos, aurigas y, por supuesto, el espantapájaros.

La prosa poética es el vehículo que utiliza el autor. Únicamente emplea el verso en el poema número 12 y en la composición introductoria, en la que un caligrama (al estilo de su maestro Apollinaire) muestra la forma del espantapájaros protagonista del libro. A través de su prosa, Girondo guía al lector por los altibajos de sus imágenes, sus juegos semánticos, su humor corrosivo y en ocasiones macabro, hacia el interior del ser humano, siempre en permanente lucha con lo que le rodea.

En este libro vemos un Girondo que pretende llegar más allá, conocer lo que hay dentro del hombre, penetrar dentro de su psicología, de sus miedos, lo absurdo de la existencia humana. Y lo hace desde lo cotidiano. Y es que él mismo se pregunta en su «Carta abierta a “La Púa”» (Veinte poemas para ser leídos en el tranvía) si «lo cotidiano (…) ¿no es una manifestación admirable y modesta de lo absurdo?».

Los recursos de Girondo

Es, por tanto, lo cotidiano, lo convencional, el objeto de estudio del poeta. Para penetrar en esa realidad y desmenuzarla, desmontarla para recomponerla desde su propio prisma, emplea el humor y la ironía, que adquieren en ocasiones una sutileza genial, utilizada para burlarse de la moral pública, para mostrar su irreverencia hacia todo orden establecido. La mordacidad, el sarcasmo, el cinismo brotan de sus composiciones de una forma sorprendente, incluso agresiva.

El humor se establece en muchos casos desde el propio significante. Las palabras se enlazan por su atracción fónica, por su ritmo, sin buscar la expresión lógica. Girondo, que se siente limitado por la rigidez del lenguaje, y juega asimismo con el significado, con la semántica. La creación del absurdo a través de la palabra se convierte en un recurso para huir de las trabas del lenguaje y de la vida.

Temática del Espantapájaros

Son varios los temas que obsesionan al poeta:

  • La identidad: «En mí, la personalidad es una especie de forunculosis anímica en estado crónico de erupción; no pasa media hora sin que me nazca una nueva personalidad». La idea de la metamorfosis en otro aparece en varias composiciones del libro. El paso a un nuevo «yo» se convierte en un impulso incontrolable, como forma de ampliar los puntos de vista desde los cuales analizar la realidad.
  • El sexo, el amor y la mujer. La imagen de la mujer resulta ambivalente. Por un lado, la mujer voladora, etérea; por otro, desde la mujer pedestre, hasta la mujer agresiva y peligrosa. El sexo como salvación y como tortura. Exaltación del amor o amor infeliz.
  • La rebelión contra las convenciones (sociales y morales), los hábitos y costumbres, es otro de los temas que trata abiertamente Girondo en este libro. Así ocurre en las composiciones en las que el poeta arremete contra los usos sociales, el hastío de la rutina, el apego a lo ordinario.
  • El suicidio y la muerte. Temas que trata con un humor sardónico: «Si hubiera sospechado lo que se oye después de muerto, no me suicido». En ocasiones, el suicidio se propone como única salida al sinsentido estático e incluso doloroso de la vida corriente; en otras, como reacción en cadena ante un nuevo orden mundial, en el que la muerte se convierte en el centro de la propia existencia.
Girondo lucha con la imagen, con la palabra. El juego constituye el arma con la que desmantelar la realidad. Parece que nuestro poeta está haciendo, como afirmó su coetáneo y amigo Borges, lo que ya en la Edad Media se denominaba, en términos bajtinianos, «espantapájaros cómicos», con los que se enfrenta también a sus temores: el estancamiento en la sintaxis, en la palabra encadenada, en la vida ordinaria y aburrida. Su contienda se convierte en carnaval, plasmado en una poesía extraordinaria e irreverente.