La Constitución española del año 1978 aprobó la lengua española como oficial, llamada en dicho texto castellano o lengua castellana.

Entre 1979 y 1982 fueron aprobados los estatutos de autonomía de todas las regiones, en los cuales se contemplaba la enseñanza de las lenguas cooficiales en sus respectivos territorios.

Historia de la lengua española

La historia de las lenguas habladas en la península ibérica tiene mucho en común con las otras lenguas europeas. El hecho histórico decisivo para el escenario lingüístico europeo fue la romanización, acompañada de la latinización de todos los territorios, incluido el imperio romano.

La caída del imperio condujo al nacimiento de decenas de variedades lingüísticas.

Durante el medioevo, todas estas lenguas fueron asociadas a entidades políticas relevantes (cortes, reinos), lo cual ayudó a una mayor difusión de cada una de ellas.

Entre los siglos XVI y XIX, la hegemonía de Castilla generó un aumento de prestigio y de peso social de la lengua castellana y a su difusión en los núcleos urbanos, que antes eran reservados a lenguas históricas diferentes.

Ya a partir del 1770, con la llegada de los Borbones, se llevó a cabo un modelo centralizador en el cual la uniformidad era la base del progreso y la unidad lingüística fundamento y reflejo de la integración de un Estado.

El catalán y el bilingüismo

En la historia lingüística de Cataluña se produjeron tres hechos que determinaron el panorama actual: la política centralizadora de la monarquía española (siglo XVIII), la inmigración de hispanohablantes (desde fines del siglo XIX) y la revitalización política del catalán (después de la aprobación de la constitución del 1978).

En Barcelona crece el uso del español, mientras en las zonas menos urbanizadas el catalán se mantiene estable. Barcelona es un buen ejemplo de ciudad bilingüe, en la cual es posible emplear tanto en español como el catalán.

En el uso del catalán resulta decisiva la incidencia de factores como la edad, el origen familiar, la actividad y el área geográfica.

La familia de por sí es un factor de conservación de la lengua, pero la formación de familias mixtas (hablantes catalanes y españoles) es superior a la formación de familias homogéneas, lo cual favorece a la difusión del español.

A este factor se le debe sumar la inmigración internacional, mayoritariamente hispanófila, que contribuye a la inserción social de la lengua española.

El gallego como lengua cooficial

La situación lingüística de Galicia es muy distinta a la de Cataluña. Galicia no ha recibido la inmigración en masa que recibieron otras regiones de España. El español ha sido siempre la lengua de prestigio urbana por excelencia. El gallego, al contrario, ha sido siempre la lengua de los campesinos y pescadores, hablada sólo en el ámbito familiar.

En los últimos años, la situación ha cambiado gracias a la enseñanza en las escuelas y al uso público y social de la lengua.

El vasco como lengua en las escuelas

En el aprendizaje y en la conservación de la lengua vasca interviene un elemento importante, ausente en el caso de las otras lenguas de España: su gran distancia lingüística respecto a las lenguas romances. No es una lengua indoeuropea, tiene una gramática muy distinta a la de las lenguas neolatinas y un patrimonio léxica de orígenes muy diversos.

La legislación escolar del país vasco establece un cuadro de instrucción basado en tres modelos:

  • Modelo A: en español, con el vasco como materia.
  • Modelo B: bilingüe.
  • Modelo C: en vasco, con el español como materia.
Esta situación parece ayudar al bilingüismo, pero no impide la consolidación del español en el ámbito público.

En general, se observa una disminución en el uso de las lenguas cooficiales y un aumento del bilingüismo; lo cual implica una consolidación del español.

La prospectiva preocupa a los nacionalistas de cada región, si bien ninguna lengua muere si sus hablantes no la abandonan.