A principios de los años 70, un joven empresario milanés construyó un sofisticado complejo residencial de lujo en la capital lombarda. El artífice de este encomiable proyecto es Silvio Berlusconi y, en aquellos años jóvenes, nada le hacía sospechar que su nombre y Milan Dos (así se hizo llamar el complejo) aparecerían vergonzosamente relacionados en la portadas de gran parte de la prensa occidental, cuatro décadas después, en el contexto de un proceso judicial por delitos sexuales.

Delitos sexuales de Berlusconi

Las causas judiciales que carga el Cavaliere sobres sus espaldas superan sobradamente la centena, la mayor parte de ellas le imputan delitos de evasión fiscal, tráfico de influencias y apropiación de fondos públicos. No obstante, a pesar de la gravedad de tales faltas, los asuntos que le están llevando al banquillo no son precisamente aquellos que afectan directamente al pueblo italiano, como los ya mencionados, sino otros de naturaleza tan personal como lo son los comúnmente llamados “líos de faldas”.

La declaración de ciertas prostitutas que frecuentaban su mansión, como Ruby, Noemi o Patrizia, han abierto un proceso judicial en la fiscalía de Milán que enfrenta al presidente italiano con penas de hasta 12 años de cárcel por abuso de autoridad e instigación a la prostitución de menores.

El “Bunga-Bunga”, Berlusconi sigue los pasos de Gadafi

Según el testimonio de las prostitutas, Berlusconi gustaba de celebrar suculentas bacanales en su Mansión de Arcore (Milán). Tales fiestas seguían un riguroso y bizarro ritual conocido popularmente como “Bunga-Bunga” que Silvio parece haber adoptado de su reconocido amigo Gadafi.

Según las mujeres, las fiestas comenzaban con una lujosa cena a la que acudían invitadas decenas de jóvenes de buen parecer, seguidamente Silvio tocaba el piano y contaba chistes para deleite de invitados e invitadas. Una vez se distendía el ambiente entre risas y copas, la fiesta continuaba en la piscina, allí los invitados podían rendirse a una noche de juegos eróticos en brazos de las invitadas.

Concluida la fiesta una “afortunada” era elegida por el presidente para pasar una noche con él. Las asistentes recibían hasta 5.000 euros por sus favores sexuales, muchas de ellas gozaban además de apartamentos en Milan Dos. Estos eventos llegaron a costar la friolera de 70.000 euros.

Escándalo que escandaliza en Italia

Es curioso lo que el ciudadano está dispuesto a soportar de sus políticos. El italiano medio, el que ha votado a Silvio sucesivamente y le ha llegado a colocar con una mayoría absoluta cercana al 70%, ha vivido durante años bajo la certeza de que las causas que se le imputaban a su líder superaban la centena. La mayoría de ellas tachaban de corrupto y extorsionador al Cavaliere, de ladrón de su propio pueblo.

Sin embargo, el pueblo ha callado y tragado, resignado a vivir bajo la tutela paternalista de un presidente con el que, al fin y al cabo, se identifican.

No deja de llamar la atención que el tráfico de influencias y, en general, la degeneración de la cultura política de un país no llegue a ser un problema de Estado. El chispa no se ha encendido precisamente los escándalos que afectan directamente a los bolsillos de los ciudadanos, sino porque el comportamiento sexualmente inmoral del presidente.

Un afamado humorista italiano explicaba magníficamente el fenómeno al que asiste su país, asegurando que a un italiano le puedes sodomizar durante años y no va a protestar, pero si lo haces con una prostituta te pone de patitas en la calle. Parece que, tácitamente, la corrupción se encuentre en el marco de la legalidad y la prostitución no.