El diario Argentino La Nación reprodujo en su edíción del 28 de Septiembre de 2011 un interesante artículo de The Wall Street Jounal Americas que cuenta cómo algunas compañías han comenzado a premiar a sus empleados por los errores cometidos y los riesgos asumidos. El objetivo es alentarlos a producir e implementar nuevas ideas que generen innovación. La decisión se basa en investigaciones que demuestran que la innovación generalmente es precedida por una alta tasa de fracasos y que dichos fracasos son positivos pues sirven para aprender.

El miedo al fracaso

El miedo paraliza. Quien tiene miedo de equivocarse, de arruinar algo, de producir un costo extra a su compañía o de no satisfacer las expectativas de sus superiores, sin duda tratará de seguir actuando de la forma que habitualmente lo hace para mantener el status quo. Sin embargo, las nuevas ideas y la innovación, que son los factores que permiten a una empresa crecer y distinguirse del resto, se producen a partir de algún cambio, de alguna forma nueva de hacer las cosas.

Mas allá del ámbito empresarial, el miedo al fracaso se identifica con el miedo a ser disitnto o a no cumplir con las expectativas ajenas. Por eso, con tal de no fracasar, se repiten las conductas que se sabe que van a agradar. Este proceder brinda tranquilidad pero esta lejos de ser generador de alguna innovación o resultado creativo.

El fracaso como aprendizaje

Fracasar es positivo porque permite dos tipos de aprendizaje. El primero al conocer la situación indeseada a la que lleva la nueva idea que se ha implementado. Y el segundo es el de los medios que serán necesarios para salir de la nueva situación. Así, el fracaso se convierte en una oportunidad para vivir nuevas experiencias, desarrollar nuevos y mejores recursos de vida, generar fortalezas y ser más independientes y creativos. Visto de esta forma, el miedo puede dejar de ser una traba para convertirse en un sabio consejero.

Una forma de animarse a superar el miedo es tomar el supuesto de lo que se imagina como el peor escenario y hacer una lista de todo lo malo que podría pasar. Muchas veces, al ver esos resultados se descubre que la mayoría de las cosas malas que pueden ocurrir tienen solución y que ninguna es tan mala como se creía antes del análisis. Como bien apunta Norberto Levy en su libro La saiduría de las emociones, "el miedo es una valiosísima señal que indica una desproporción entre la amenaza a la que nos enfrentamos y los recursos con que contamos para resolverla," La magnitud de esa desproporción la valora el sujeto que tiene miedo y puede no ser objetiva.

El aprendizaje como origen del cambio y la innovación

El aprendizaje permite realizar acciones que no se podían efectuar en el pasado. También, con lo aprendido el ser humano tiene la capacidad de inventar nuevas acciones e introducir nuevas prácticas o formas de hacer las cosas. Esta capacidad es lo que se llama innovación y que permite participar en la creación de lo nuevo. Allí radica la importancia de estos dos conceptos para la vida de las personas, para las empresas y las sociedades.

El aprendizaje se obtiene estudiando, observando, y experimentando. Cuando dicha experimentación conduce al fracaso la connotación suele ser negativa. Sin embargo, en términos prácticos hay que reconocer que luego de ese fracaso se estará más cerca del éxito que si se hubiera permanecido inmóvil o sólo imaginando el posible resultado.

Cambio de mentalidad para ser creativo

Recompensar los errores es el tema del artículo de referencia y parece ser también una alternativa simple, aunque poco usada, para motivar la creatividad de las personas. Si los niños fueran educados con esta idea en mente, seguramente serían adultos con menos miedo al fracaso y por ende más creativos.

También, cuanto mayor sea la producción de ideas, más probabilidades habrá de que algunas de ellas sean creativas e innovadoras. Según investigaciones llevadas a cabo por el Dr. Dean Keith Simonton, de la Universidad de California en Davis, la mayoría de los más respetados científicos han producido no sólo grandes obras, sino también muchas otras que no se destacaron.

En definitiva, todo parece indicar que cuando de cambios se trata, arriesgarse a errar es la clave del éxito.