
- Mural de Pompeya - Google.images
El erotismo sigue abriéndose paso en el arte a lo largo de la evolución. Así, tras los avances eróticos mostrados en las obras griegas, continúa su cruzada en el arte de la Antigua Roma.
En Roma, la mujer seguía sometida, mientras que el hombre, a pesar de estar casado, podía visitar las casas de lenocinio. Las hembras tenían que mantener la monogamia siendo totalmente fieles a sus infieles maridos.
La esencia artística no escapaba a esto, de hecho, las casas de lenocinio eran auténticas galerías de arte. En ellas, los cuadros que decoraban las estancias eran auténticos frescos, que a día de hoy se conservan y continúan suscitando un cierto estupor.
Una de las casas de prostitución más conocidas, el Lupanar, se encontraba en Pompeya, ciudad de la Antigua Roma, conocida por quedar sumergida bajo el Vesubio en el año 79.
Murales de Pompeya
En el Lupanar de Pompeya se encontraban la mayoría de las pinturas más explícitas que se tienen sobre el arte amatorio, en los que las parejas no oponen resistencia a su lujuria y deseos carnales, donde cuerpo del otro es una prolongación del propio. La sexualidad era un modo más de vida y compartirla, la única forma de subsistir.
Estos murales servían de decoración tanto para casas comunes como para las de lenocinio, y que estaban configurados con la intención de provocar excitación a quien los viera y así sentir la necesidad de fornicar; el lucro era el objetivo en las casas habilitadas al efecto y en la casa conyugal una llamada a hacer el amor.
Además, Pompeya amanecía, cada día, decorada de graffiti, en los que podían leerse desde frases provocativas hasta auténticos anuncios de prostitución, tal y como los conocemos hoy en día.
Arria Marcella
El autor Théophile Gautier definiría, a la perfección, el amor por el arte, por medio de su relato ‘Arria Marcela’. En él, Octaviano, el protagonista, se enamora de una obra de arte, de un modo puro y a la vez sexual.
‘Arria Marcella’ es un viaje a Pompeya, una vista panorámica de ruinas, y más que una guía, las letras consiguen que la mente vuele, y el lector puede llegar a posar sus pies sobre las polvorientas calles de la ciudad, por medio de innumerables detalles.
Pompeya representa una transición del mundo griego al romano. Los pompeyanos resultaban sucios en sus descripciones sexuales, pero como dijo Woody Allen, “el sexo es sucio si se hace bien”.
El masoquismo alcanzó niveles extremos, el deseo de sentir placer y dolor al unísono era algo necesario para la comunidad romana. Al igual que en la guerra habría un opresor y un oprimido, en la cama debía ocurrir lo mismo, las leyes del sometimiento obedecían al deseo y no a la razón.
Mientras que el sadismo fue apenas utilizado en Grecia, pero en Roma se erigió como potencia debido a la preparación excesiva para la sangrienta guerra.
Cuerpo desnudo en el arte
Con anterioridad a la era cristiana, en Roma, era indecente mostrar el cuerpo desnudo, pero era lícito mostrarlo en el arte. Por ello utilizaban el arte como medio de liberación si sus deseos no eran consumados. Así, será en la pintura, en la escultura, donde se plasmaba todo lo que aquellas perversas mentes alumbraban.
Los romanos dejaban en la más absoluta soledad a sus mujeres. Filósofos y reconocidos pensadores dan su opinión respecto a la existencia humana. Por una parte el historiador Tácito, dice del esposo romano que “se casa sin amor y hace el amor sin delicadeza ni respeto”.
No es raro entonces que la mujer haga acopio de valor y adopte a un joven amante.
Por otra parte, respecto a la mujer, el poeta Ovidio piensa que “solamente es casta aquella a la que no buscan los hombres”.
En su obra, "El Arte de Amar", el autor proporciona numerosas sugerencias para que cada uno de los amantes alcance el mayor grado de placer, posicionándose en el lugar de la mujer.
Si ella es frígida le aconseja como debe fingir que es ardiente por medio de gemidos. Si es delgada debe sentarse a horcajadas sobre el hombre. Si es bonita debe postrarse de espaldas para producir una especie de morbo irrefrenable ante la incapacidad de ver la belleza de la dama, al mismo tiempo que se la está penetrando.
Así, el erotismo, el sexo y el arte están íntimamente relacionados, como se observa con el viaje realizado a Pompeya y al arte romano.
