La acidez o alcalinidad de un líquido se mide en base a su pH (potencial hidrógeno), que expresa la concentración relativa de iones hidrógeno en una solución. Los valores del pH oscilan entre 0 y 14, Cuando el pH es 7, la solución es neutra, menos de 7, ácida y más de 7, alcalina.

El grado de acidez o alcalinidad se mide con una cinta reactiva. El color obtenido es indicador del pH: amarillo, medio ácido; azul, alcalino y verde, neutro.

Medio necesario para los procesos vitales

Los procesos vitales se cumplen sólo en un medio levemente alcalino (7,3 a 7,5). El organismo regula el equilibro ácido-alcalino a través de los buffers (bicarbonatos, fosfatos). En presencia de una excesiva acidez, el organismo recurre a éstos para neutralizar el exceso de ácidos.

El equilibrio ácido-alcalino y los alimentos

Si bien el pH es regulado por el organismo, depende en gran medida de los alimentos ingeridos. De acuerdo a la calidad de los mismos y a cómo se metabolizan, se introducen más álcalis o más ácidos en el cuerpo.

Los alimentos acidificantes de la sangre son los sumamente proteicos como la carne, huevos, quesos, legumbres y embutidos.

En este caso el término acidificante, no tiene nada que ver con el sabor del alimento. Lo que cuenta es el residuo que queda después de la digestión. Por ejemplo, el limón es una fruta ácida que una vez digerido, deja un residuo alcalino.

Desventajas de una alimentación cargada de ácidos

El organismo se libera de los excesos de ácidos a través de procesos naturales: orina, materia fecal, transpiración. Cuando no puede eliminarlos totalmente, los ácidos comienzan a acumularse en el cuerpo, dañando zonas claves como las articulaciones y generando problemas óseos. También afectan el sistema circulatorio dando origen a trastornos cardiovasculares, los cuales no se “ven” hasta que el cuadro está declarado.

Los ácidos no sólo ingresan con los alimentos, sino que el estrés puede provocar acidificación, así como una excesiva actividad física o el estar muchas horas en un ambiente cerrado, sin una adecuada oxigenación.

Un esfuerzo físico intenso genera una superproducción de ácido láctico, con lo cual se comienzan a perder bases, sobre todo calcio.

Qué sucede cuando no hay un pH alcalino

Cuando no se logra un pH alcalino significa que faltan las bases necesarias. Entonces el organismo las saca de los dientes, los huesos, las uñas; provocando caries, eczemas y problemas óseos.

Una dieta sana debe tener entre un 70-80% de alimentos alcalinos, lo cual ayudará a mantener el equilibrio del organismo.

Alimentos alcalinos y acidificantes

Todas las frutas y las verduras, sobre todo crudas, son alcalinas. La papa es un excelente álcali que beneficia a las personas que sufren problemas articulares, úlceras digestivas y gastritis.

Los cereales más alcalinos son el arroz integral, el mijo y el trigo sarraceno. Dentro de las oleaginosas, las más alcalinas son las almendras, el sésamo, las castañas de cajú y las olivas negras; dentro de las legumbres, el poroto de soja y el poroto aduki. Menor grado de acidez tienen la nuez, el maní y la avellana.

La miel es alcalina, contrariamente al azúcar refinado que es altamente acidificante, al igual que las harinas blancas.

La leche materna es alcalina para el bebé, pero deja residuos ácidos en los adultos.

En términos generales, una persona físicamente sana, con una piel bien nutrida, cabello brillante, uñas sanas y vitalidad, seguramente tendrá un pH normal.

Lo ideal desde el punto de vista de la alimentación, sería comer respetando las necesidades orgánicas, sin excesos y tomando conciencia de lo que se está ingiriendo, para alcanzar el equilibrio.