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El enfoque marxista –junto con el enfoque liberal y el estructuralista o funcional-, constituye uno de los grandes grupos de posturas ideológicas sobre el carácter excepcional del Estado nazi, analizado por Ian Kershaw en su artículo "El Estado Nazi: ¿Un Estado excepcional?", publicado en "New Left Review", en el año 1989.
Al interior de este enfoque interpretativo se han desarrollado distintas líneas de análisis que han profundizado algunos aspectos del estudio del nacionalsocialismo y han presentado limitaciones en otros.
Los enfoques marxistas-leninistas tradicionales
En cuanto a los enfoques marxistas-leninistas tradicionales, propios de los teóricos de la Komintern de entreguerras – la Internacional Comunista-, el Estado nazi aparece como la dictadura más extrema del capital financiero, de cuyos intereses Adolf Hitler es instrumento.
Sin embargo, estos análisis restan importancia al papel de Hitler y al culto a su personalidad, y tienen dificultades para explicar la prioridad de objetivos ideológicos irracionales, como el exterminio de los judíos, por la reticencia a la admisión del alto grado de autonomía de los objetivos y políticas hitlerianas.
Los análisis marxistas no ortodoxos, Trotsky, Bauer y Thalheimer
Los análisis marxistas no ortodoxos de León Trotsky, Otto Bauer y August Thalheimer establecen analogías entre el fascismo y el bonapartismo. En Trotsky la autonomía otorgada al ejecutivo fascista no es tan acentuada como en los escritos de Bauer.
La excepcionalidad del Estado nazi se basa en la crisis del capital en un momento de punto muerto en la lucha de clases, en que temporalmente el capital y el trabajo se hallan en equilibrio y donde una tercera fuerza llega al poder de la mano de los intereses capitalistas, desarrollando un alto grado de autonomía con independencia de éstos.
La interpretación gramsciana del fascismo: Poulantzas
Con el despertar del interés marxista a fines de los años ’60, la interpretación gramsciana sobre el fascismo ejerce gran influencia y constituye la base del análisis de Nicos Poulantzas. Para él, el fascismo es la forma más extrema de Estado capitalista excepcional, que se distingue del bonapartismo y de la dictadura militar por la especificidad de la lucha de clases, las relaciones de producción y la crisis política.
La autonomía del gran capital es aquí distinta y menor que la bonapartista, derivada del equilibrio de las dos fuerzas sociales principales. La función de este Estado es mediar en el restablecimiento de la hegemonía política de los grupos dirigentes amenazados por la crisis política y de ideología dominante.
Poulantzas rechaza el concepto gramsciano de equilibrio de fuerzas encaminado a la catástrofe, al considerar al fascismo como un intrumento de ofensiva burguesa. El Estado fascista se limita a reorganizar la dominación del capital monopolista y lleva a cabo una política de acuerdo a los intereses de este sector, por lo que no consigue una independencia respecto a él. La excepcionalidad del Estado fascista no estriba en su intervención económica sino en las formas que emplea, los cambios en los aparatos ideológicos y su relación con el aparato represivo estatal.
Sin embargo, al igual que la mayor parte de las interpretaciones bonapartistas y gramscianas, el estudio de Poulantzas se centra en el proceso de toma del poder, sin determinar exactamente su relación con la restauración de la hegemonía de la clase dominante. A pesar de ello, Kershaw considera a este análisis del fascismo como Estado capitalista excepcional como el más completo.
El análisis economicista de Sohn-Rethel
Para Alfred Sohn-Rethel la excepcionalidad del Estado Nazi resulta del carácter singular de la crisis capitalista: la burguesía alemana sólo puede recuperarse volviendo a una modalidad de acumulación capitalista más absoluta, que puede lograrse únicamente mediante un alto nivel de represión y saqueo por parte del Estado.
La dominación política depende de esta lógica, de la dominación del gran capital. Esta interpretación pone de manifiesto la confluencia del curso de la economía alemana y los objetivos de los dirigentes nazis.
El punto débil del análisis estriba en su carácter economicista, ya que si bien concede cierta autonomía a estos dirigentes, no indaga en el carácter y evolución de la misma en la estructura cambiante del Estado nazi y en una reticencia a las interpretaciones personalistas reduce exageradamente la significación del papel de Hitler.
Conclusión
En conjunto, el análisis marxista ha profundizado mucho más en el carácter excepcional del Estado nazi que otras posturas ideológicas, pero manifiesta dificultades en distintos aspectos. La escasa atención a la base de los partidos fascistas lleva a omisiones en cuanto a la dinámica de la motivación social en el apoyo popular al partido de masas y las consecuencias en las políticas nazis. Por otra parte, tampoco se interesa en los cambios en el seno del cartel del poder del Tercer Reich y en la estructura del poder nazi.
