Se ha comprobado que cuando las personas se enamoran se incrementan sus pulsaciones, su presión arterial, su capacidad muscular y se generan más glóbulos rojos. Durante esa época se producen, pues, una serie de cambios físicos y emocionales en los que el lado romántico tiene una base fisiológica muy marcada, de características universales.

El enamoramiento distorsiona la percepción

Los enamorados se sienten como en una nube de color rosa y su cerebro sufre una auténtica distorsión perceptiva, como la de una adicción, a la que contribuye la hormona testosterona, que regula el impulso sexual y la atracción física.

Asimismo, la amina aromática llamada feniletilamina (FEA), se asocia con el sentimiento del amor, porque se genera en grandes cantidades en el cerebro durante actos tan simples como un intercambio de miradas, un roce o un apretón de manos, por lo que esta sustancia podría ser también responsable de las sensaciones y cambios fisiológicos que se producen durante el enamoramiento.

Se idealiza al amado y desaparecen sus defectos por arte de magia

La naturaleza es la responsable de este estado de hiperactivación, de revolución hormonal, imprescindible, por otro lado, para que surja el vínculo que origina las expectativas respecto de la pareja. Porque, biológicamente, el enamoramiento se utiliza para continuar con los fines de perpetuación de la especie.

Las parejas no deben formalizar sus relaciones durante el enamoramiento

El famoso escritor irlandés George Bernard Shaw solía comentar en tono sarcástico una regla que podría ser considerada de sentido común: “Cuando dos personas están bajo la influencia de la pasión más violenta, irracional, delirante y transitoria, se les pide que juren que permanecerán en ese estado anormal de excitación agotadora hasta que la muerte les separe”.

Por su parte, Albert Ellis se reafirma en que “la peor razón para casarse es estar románticamente enamorado de tu pareja. Las personas deberían vivir juntas al menos un año antes de casarse y debería haber una ley en contra del matrimonio hasta que se cumpla ese plazo. Entonces tendríamos unos matrimonios mejores y un menor número de divorcios”.

El enamoramiento se produce en todas las culturas

Las sensaciones son muy similares en todas las parejas del mundo. Los enamorados piensan, sienten y dicen lo mismo en todas partes, porque es la revolución hormonal la que les provoca tal estado. De hecho, al identificarse muchísimas personas con los síntomas y los signos del enamoramiento, por haber vivido ellas mismas algo parecido, este sentimiento está muy revalorizado y las historias pasionales suelen tener un gran éxito.

El enamoramiento dura aproximadamente tres años

Según el psicólogo Albert Ellis, Román Decloz demostró que el amor romántico termina al cabo de unos tres años y, más tarde, cuando las personas comienzan a verse como son realmente, muchas descubren que su pareja es alguien desconocido para ellas, llevándose una gran decepción. Pero si se supera este tiempo de transición y se acepta a la pareja con sus defectos y sus virtudes, surge el amor estable, también denominado amor compañero o amor valle. Es una fase más relajada en la que desaparece la hiperactivación y la relación se vuelve más sólida y madura.También hay pasión, por supuesto, pero la pareja baja de la nube de color rosa y renueva el compromiso, basándolo en proyectos reales de un futuro compartido.

La reciprocidad y la complicidad son las que hacen que el compromiso perdure

Para que el vínculo amoroso se consolide y la pareja permanezca en el tiempo es preciso que los dos reciban y den en la misma medida. El profesor Van Yperen, de la Universidad de Groningen, en Holanda, demostró en sus investigaciones que esta reciprocidad se relaciona con dos tipos de actuaciones dentro de la pareja: el primero es el de compartir la toma de decisiones y el segundo el de sentirse ambos libres a la hora de dar y recibir. El sentido de equidad implícito en estos comportamientos es el fundamento de la perdurabilidad de cualquier relación.

Y perdurará más aún si el vínculo ayuda a la autorrevelación, es decir, a permitir que la pareja se revele detalles íntimos, de modo que hablen de sí mismos, con sinceridad y sin cortapisas, de lo que les gusta o les disgusta, de lo que les da vergüenza o les atrae, etc. Si son capaces los dos de hablar de todo ello con cinismo, admiración, ira o ternura, según el momento, la sensación de complicidad e intimidad que se genera dispara un mecanismo en cadena que renueva la pareja: “La autorrevelación fomenta el agrado y el agrado fomenta la autorrevelación”, según la investigadora Nancy Collins.