Los españoles, hoy tan quejicas y acobardados ante las dificultades de la vida, olvidan las catástrofes que tuvieron que afrontar sus abuelos como la Guerra Civil española y la II Guerra Mundial, una década entera de sufrimiento y de limitaciones de todo tipo. Lo más extraordinario de esa generación, ha sido sin duda su discreción: una España poco ruidosa pero muy trabajadora, que aprovechaba cualquier oportunidad para salir adelante; una Europa arrasada que quiso y consiguió dotarse de mecanismos económicos y políticos para evitar nuevos conflictos y renovadas tragedias. Emigrante y pluriempleada, aquella generación de europeos supo construir el Estado Social que otros pretenden destruir y su honestidad es un espejo en el que sus nietos no se atreven a mirarse.

Un ejemplo de sencillez

Ejemplo de ello lo tenemos en quien fue durante tantos años la sonrisa más amable de la Embajada de Francia en España, Anna Barrio, cuya vida se apagó esta mañana en Madrid.

Nació en París de padres españoles. Su infancia parisina se truncó a raíz de la II Guerra Mundial. Su familia regresó a España, donde transcurrió la mayor parte de su vida.

Excelente alumna del Liceo Francés pero careciendo de recursos tuvo que ponerse a trabajar, recién terminado el Bachillerato, para ayudar a los suyos.

Investigadora del naturalismo literario

Eso no le impidió, años más tarde, iniciar sus estudios en la Universidad de Toulouse, brillantemente culminados con su tesis doctoral La querelle naturaliste dans la presse madrilène avant la "cuestión palpitante" (1979), tan utilizada y citada por los estudiosos del naturalismo, y dirigida por el ilustre hispanista Robert Jammes. Subrayó Yvan Lissorgues en su estudio del Krauso-Positivismo la trascendencia de algún artículo descubierto por Anna Barrio en sus minuciosas pesquisas de hemeroteca, en años en los que Internet no permitía ahorrar tiempo y esfuerzo en ese ámbito gracias a las bases de datos digitales...

Una trayectoria ejemplar

Sirvió durante largos años en el Servicio Comercial de la Embajada de Francia en España. Modelo de funcionario, de intelectual y de persona, pertenecía a la Orden Nacional del Mérito francesa.

La jubilación no truncó su actividad, vinculándose a organizaciones como Soroptimist , Secot o los voluntarios del Teatro Real y colaborando mientras su salud se lo permitió con la Asociación de Antiguos Alumnos del Liceo Francés.

Extraordinariamente modesta y discreta, Anna Barrio nunca hacía alarde de sus éxitos, grados o condecoraciones; fue y seguirá siendo un modelo para todos aquellos que superan las dificultades de la vida y sus decepciones sin quejarse jamás y sin dejar de sonreír.

Si España consigue salir algún día de su actual marasmo, será imitando el ejemplo de tantos que, como Anna Barrio, han sabido hacer del trabajo una vocación, del esfuerzo una fe y de la amistad una religión. Su familia, sus amigos y todos los que tuvieron el honor de tratarla no la olvidarán.