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El eje de acción en el cine

rodaje exterior - http://elcosmonauta.es
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Rodar una película requiere aplicar unas reglas técnicas que ayuden al espectador a comprenderla. El lugar desde dónde se grabe será decisivo.

Que una película cinematográfica se ruede con una sola cámara no resulta, hoy en día, un descubrimiento para mucha gente. Sabemos que una conversación entre dos personas se graba como mínimo en dos tomas: una que recoge la imagen de un interlocutor durante todo el diálogo y otra que nos muestra de nuevo la misma conversación pero con la segunda persona en pantalla.

Algo que resulta menos conocido es que existe en el mundo audiovisual lo que se denomina la “Ley del semicírculo o de los 180º”, que delimita el eje de acción y el espacio donde situar la cámara.

La publicidad y el mundo del videoclip han conseguido que el público asimile una sucesión de imágenes con distintos puntos de vista, pero cuando hablamos de ver un filme que no se salga de las convenciones habituales, el espectador espera cierta continuidad sin nada que le distraiga ni le desoriente por completo.

Muchos son los elementos que ayudan a conseguir esta continuidad: el propio guión, el espacio, la organización de los objetos, las personas en relación con el personaje principal, la misma luz y color de la imagen, el tiempo, el sentido direccional. Con este último factor está relacionado el eje de acción y el respeto de la dirección del movimiento en la pantalla.

Eje de acción

El eje de acción es una línea recta imaginaria que se traza sobre la dirección de la actuación; es decir, hacia donde se dirige o mira el actor, la línea que une a dos personas que hablan, la que une el centro de dos paredes contrapuestas de una habitación. Ayuda a situar la acción y a que el público no pierda el sentido de espacio cuando de un plano general pasamos a un primer plano.

El eje divide el espacio escénico en dos semicírculos. Uno de ellos (no importa cuál) será el elegido para situar la cámara sin problemas. Cualquier toma dentro de este semicírculo o desde el propio eje producirá una misma dirección del movimiento del sujeto en la pantalla, lo que ayudará a que el espectador perciba, en todo momento, la sensación de continuidad.

Si en un momento del rodaje colocamos la cámara en el semicírculo contrario (saltándonos el eje), el sujeto pasará a moverse en dirección inversa a la que previamente llevaba, sorprendiendo al público que se sentirá completamente confundido ante el inexplicable cambio de posición.

Si un actor se dirige hacia la derecha de nuestra pantalla y desaparece, en el siguiente plano deberá aparecer por la izquierda siguiendo la lógica del movimiento. Sería absurdo que surgiese por la derecha, ya que parecería que el personaje está desandando sus propios pasos.

Salto del eje

A pesar de que el sentido direccional está muy establecido en la producción cinematográfica, esto no implica que el realizador esté obligado a respetarlo. En ocasiones, es el mismo discurso narrativo lo que precisa un salto de eje. Lo mejor es que al hacerlo no se note o que produzca la menor desorientación al espectador.

Existen tres formas de saltar el eje sin producir la impresión de un cambio de dirección erróneo:

  • Viendo al personaje cómo gira de una trayectoria a otra, pudiendo filmar entonces desde el otro lado.
  • Intercalando una toma realizada desde el mismo eje mostrando al protagonista de frente o de espaldas, lo que distrae la atención del sentido de dirección anterior.
  • O intercalando la visión subjetiva de un personaje ajeno que observa al actor cuyo sentido direccional va a cambiar para nosotros.

Discontinuidad en algunos directores

Las reglas están para no cumplirlas. Esto es lo que han pensado muchos realizadores a la hora de filmar algunas de sus películas. Hay quien da mucha importancia al eje de acción; pero no todos lo han respetado. Buñuel confesó en sus memorias que tardó varias películas en enterarse de lo que era saltarse el eje y el mismísimo Orson Welles se convirtió en un maestro de esta técnica cada vez que representaba el caos en sus obras.

El rey del suspense, Alfred Hitchcock, cambió el sentido direccional en “Los pájaros”, cuando Melanie cuenta a su padre por teléfono el ataque de los cuervos. Y el reconocido John Ford se saltó el eje en “La diligencia” en la persecución entre el carruaje y los indios.

Es cierto que los cambios bruscos de dirección provocan confusión al espectador, pero en ocasiones también ayudan a dar más intensidad y emoción a la acción.

Hoy en día no le damos tanta importancia a esta técnica, pero la discontinuidad en el cine supuso una gran revolución en los años 60, cuando un grupo de directores franceses rodaron películas muy personales, con un renovado lenguaje cinematográfico, desligándose de los compromisos de la industria establecida hasta entonces. Este movimiento, iniciado en 1958, se le denominó “Nouvelle Vague”, con representantes como François Truffaut, Jean-Luc Godard, Eric Rohmer, Claude Chabrol, Alain Resnais y Jacques Rivette.

Jean-Luc Godard y “Al final de la escapada”

De todos los cineastas de la Nouvelle Vague, Godard fue el más provocador. Su película más emblemática, “Al final de la escapada” mostraba un desprecio total por el lenguaje o los acuerdos del cine, obviando por completo la continuidad. Hay cortes bruscos sin avisar y sin preocuparse por la fluidez narrativa, los actores nos miran directamente, altera el raccord, los movimientos de cámara. Pero si hay algo que aparece a lo largo de todo el film, son numerosos saltos de eje: cuando Michael adelanta a un camión, cuando dispara al policía, en la entrada del inspector al hotel, varios trayectos de Michael y Patricia por la calle, etc. Pero no todos estos cortes son bruscos. El director también se salta el eje avisando antes al espectador cuando muestra a los personajes cómo cambian de dirección o intercalando planos frontales de estos.

Está claro que a Godard no le gustan los convencionalismos: “una historia debe tener un principio, un medio y un fin, pero no necesariamente en ese orden”.

Ana López Cabo, Ana lópez Cabo

Ana López Cabo - Periodista. Técnico Superior en Imagen. Editora.

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