Elizabeth Kubler-Ross, psiquiatra suiza, desarrolló una teoría del duelo que es aplicable a cualquier situación que suponga una pérdida dolorosa. Cuando se produce una ruptura amorosa se viven los mismos síntomas del duelo.

El dolor emocional

El dolor emocional es tan fuerte como el dolor físico y genera emociones negativas que las personas, a veces, no saben manejar adecuadamente. Algunas de estas son:

  • Tristeza, sentimiento de vacío por la pérdida y una profunda melancolía.
  • Ira, contra sí mismas cuando sienten que ellos han sido causantes de que haya ocurrido la ruptura, o en relación a la pareja con la cual han roto.
  • Desencanto, que puede llevar a vivir el llamado síndrome del túnel, es decir actuar como si no existiera salida a la situación, sin ver luz a lo que están viviendo.
Uno de los problemas del dolor emocional es la incapacidad de las personas para evaluar adecuadamente lo que les ocurre, por eso, en muchos casos, es necesario la consulta a profesionales de la salud mental que puedan ayudar a orientar a la persona acerca de sus sentimientos y emociones.

Definición del duelo

Z. A. Reyes, en su libro Acercamientos tanatológicos al enfermo terminal y a su familia, publicado el año 1996 en México, define el duelo como “un mecanismo intrapsíquico, mediante el cual, el objeto perdido pasa a formar parte del yo, incorporándose al yo ideal, es una reacción normal ante una pérdida real, es un proceso de recuperación, un estado de intranquilidad incómodo, doloroso, que si no se experimenta y se reprime o se niega y se interioriza puede conducir a una enfermedad física y/o emocional severa”.

En su artículo "El proceso del duelo", publicado el año 2008, los autores señalan con claridad que el duelo también es "la reacción emocional y de comportamiento en forma de sufrimiento y aflicción cuando un vínculo afectivo se rompe".

Las etapas del duelo formuladas por Kubler-Ross, en su libro La muerte y los moribundos, publicado en México en el año 2000, son al menos cinco:

Negación

Es el primer momento, se manifiesta por la incapacidad de aceptar la realidad. La persona idea la manera de evadir lo que está ocurriendo.

En el caso de los enamoramientos, se produce una negación cuando se pretende señalar que la pareja simplemente está en un mal momento y ya se le va a pasar.

Algunos, incluso se niegan a informar a sus amigos, parientes e incluso hijos, cuando los hay en la relación, con la esperanza de que todo sea sólo un mal sueño.

Enojo

En esta etapa afloran sentimientos profundos de rabia, enojo, ira, odio y envidia. Son emociones irracionales y en muchos casos incontrolables.

Las personas se molestan por los los cambios que tienen que iniciar en sus vidas. La reorientación cansa e irrita. Incluso se dan enojos contra Dios, contra la vida, con el/la ex, contra sí mismo, etc.

Regateo

Es el momento de las promesas, se comienzan a hacer convenios espirituales y se comprometen, aun cuando sus ideas sean otras, con ideas religiosas con las cuales, a veces, no comulgan, con el fin de recuperar el amor perdido.

En estos instantes, las personas suelen hacer locuras como rogar, humillarse, acudir de manera intempestiva donde su ex para llorar y solicitar una nueva oportunidad, señales que, de una forma u otra, marcan su desesperación.

Depresión

Cuando se adquiere conciencia de la situación, devienen sentimientos encontrados, depresión, culpa, ansiedad, vergüenza, tristeza o melancolía.

Cuando lo que ocurre dura más de la cuenta, se está ante la presencia de un duelo patológico y es fundamental la intervención de algún profesional de la salud psicológica, puesto que la persona puede, en este momento, tomar decisiones nefastas para su desarrollo mental.

Reorganización y aceptación

Es el momento del ordenamiento de la vida en otro contexto. Cuando se acepta lo inevitable. En ocasiones existe aun dolor, pero este no destruye.

Cuando las personas no son capaces de llegar a esta etapa, entonces su duelo se convierte en patológico y se enquista de tal manera que termina por afectar otros aspectos de la existencia.

Consideraciones sobre la superación

Una persona normal tiene que vivir un duelo ante la pérdida de una relación amorosa. Si no se enfrenta de manera adecuada, se pueden generar otros procesos psicológicos que pueden llevar al individuo a la toma de decisiones erróneas, que compliquen más su dolor.

Un duelo normal dura entre seis meses y dos años, dependiendo de las características de la personalidad, del apoyo familiar o de amistad recibido, y la orientación de un profesional, cuando sea necesario.

Algunos resguardos importantes que se deben tomar en la etapa del duelo son:

  • Cortar la relación. Parece una paradoja, pero muchas parejas que terminan su relación, en la práctica no lo hacen. Se siguen viendo, conversan, se llaman y participan en actividades comunes. Eso no ayuda para el duelo. Cortar es cortar. Definitivamente, y no de a poco. De otra forma no se avanza. Eso incluye, además, no guardar recuerdos ni otros elementos que puedan atarlo afectivamente a la persona que ya no está.
  • No iniciar otra relación. Ese dicho popular que dice que "un clavo saca a otro clavo", no sólo resulta fantasioso sino que, además, es dañino. Una persona en duelo no puede tomar decisiones afectivas de manera adecuada. Lo que ha vivido y está sintiendo, son malos consejeros en ese momento.
  • Reorientar la vida. Muchas personas, cuando se enamoran, focalizan su vida en torno a intereses y relaciones de su pareja. Es preciso organizar la vida de otro modo, eso incluye nuevas amistades, actividades y estilos de vida. De otro modo, se queda estancado en la relación anterior.

La realidad de la vida

Es un hecho indiscutible que todas las personas tendrán que vivir algún duelo amoroso en algún momento de su vida. Negarlo es absurdo. Hay que aprender a vivir de una manera distinta, reorientando la existencia y viviendo el duelo en todas sus etapas.