El drago (Dracaena draco) es una planta de apariencia palmiforme y aspecto arbóreo, típica de las Islas Canarias y de los archipiélagos de Madeira y Cabo Verde. Rodeado de mitos y leyendas alimentadas por su curiosa savia de color rojo y su porte imponente, el drago fue muy apreciado en la antigüedad por los variados usos que se le daban a los productos de él obtenidos. En la actualidad, es una especie protegida y, si bien no son muchos los dragos que crecen salvajes en las Canarias, sí que abundan los ejemplares cultivados de porte monumental, como el conocido “drago milenario de Icod de los Vinos”.

El drago, una planta macaronésica

El drago es una planta característica del bosque termófilo mediterráneo y matorral suculento de la región macaronésica. Muy frecuente en las Islas Canarias, aparece también en los archipiélagos de Madeira, Cabo Verde y en el oeste de Marruecos.

El drago parece un árbol, pero no lo es

El drago es una planta palmiforme que tiene apariencia arbórea, pues consta de tronco y de una densa copa con forma de paraguas. Pero no es realmente un árbol, ya que no se trata de una planta leñosa.

Unas de las características propias de esta especie es su crecimiento muy lento, de modo que puede llegar a tardar una década en crecer un metro. En estado adulto puede alcanzar los 12 metros de altura.

Sus hojas son gruesas, coriáceas, sésiles, acuminadas y de color verde-grisáceo o glauco. Los dragos jóvenes suelen crecer con un único tronco y tallo, sin ramas. A partir de la primera floración, el árbol comienza a ramificarse, produciendo hileras nuevas de ramas aproximadamente cada quince años. Este hecho sirve para calcular su edad, ya que los troncos, al no ser de madera, no presentan anillos de crecimiento, lo que dificulta la datación exacta de los ejemplares.

La savia roja del drago o la sangre del dragón

Una de las características más singulares de la especie es su savia, que se vuelve de color rojo al contacto con el aire. Este hecho, único en el reino vegetal, unido a su majestuoso porte, explican por qué esta planta ha despertado admiración y adoración por parte de los seres humanos. Los aborígenes de las Canarias atribuían propiedades mágicas a esta savia que utilizaban para fines diversos, siendo su uso como tinte uno de los más extendidos.

Las propiedades farmacológicas y como tinte de la savia de drago o “sangre de dragón”, como también fue denominada, fueron reconocidas también en época de los romanos y durante la Edad Media. Con la conquista de las Islas Canarias a partir del siglo XV, la savia comenzó a exportarse masivamente hacia Europa, donde se utilizaba como remedio curativo y también para otros propósitos muy variados, como la elaboración de tintes, barnices y antioxidantes.

El uso masivo de la savia de drago supuso el expolio de muchos ejemplares. En la actualidad es una especie protegida y su uso más difundido es el de planta ornamental en jardines.

El drago milenario de Icod de los Vinos

Algunos dragos alcanzan portes realmente sorprendentes y se constituyen en ejemplares singulares. Es el caso del conocido “drago milenario de Icod de los Vinos”, símbolo de este municipio tinerfeño y Monumento Nacional desde 1917. Pese a su nombre, ningún estudio hasta la fecha ha logrado demostrar una edad tan avanzada, y se estima que este monumental ejemplar de drago cuenta con unos cuantos cientos de años (entre 500 y 600).

Pero este no es el único ejemplar singular que se puede encontrar dentro de las Islas Canarias. Destacan también el "drago de Pino Santo" en el municipio de Santa Brígida (Gran Canaria), el de "Sietefuentes" en Los Realejos (Tenerife) y los "dragos gemelos en Breña Alta" (La Palma).

Nuevas especies de drago

Hasta hace poco tiempo, se consideraba Dracaena draco como una especie endémica de las islas de Madeira, Canarias y Cabo Verde. Sin embargo, se han encontrado poblaciones salvajes en Marruecos, aunque con ligeras diferencias respecto a la forma típica, por lo que se la ha considerado como una subespecie, recibiendo el nombre científico de Dracaena draco subespecie ajgal.

Del mismo modo, a finales del siglo XX se descubrió una nueva especie de drago, bautizada como Dracaena tamaranae, que habita en el sur de Gran Canaria. Ha sido descrita como una especie endémica de las Canarias, que guarda ciertas diferencias con Dracaena draco. Habita en los riscos y laderas del suroeste de la isla y se caracteriza por tener hojas acanaladas de color glauco. Su aspecto resulta más robusto que el del drago común, aunque no alcanza grandes alturas.