En el proceso educativo, sin duda, el educador es una parte fundamental del proceso. Sin embargo, el rol que ocupa, tiene que ser analizado para que realmente cumpla su función de formar focalizado en que los estudiantes aprendan a pensar.

Si el educador no entiende su función facilitadora, entonces, en vez de propiciar el aprendizaje de la reflexión, será un estorbo para el desarrollo pleno del educando.

Características de un educador que enseña a pensar

Permite la disensión positiva. La verdadera educación forma para la disención. El disentir es parte de un proceso de valoración. Permite a la persona sopesar con cuidado la evidencia que se le entrega para poder decidir ante su propia conciencia la verdad que se le está entregando.

  • Un docente que pretende enseñar a pensar no sólo fomentará la disención positiva, sino que la avalará cada vez que surja.
  • El que un alumno postule un pensamiento diferente y contrario al docente, es un ejercicio altamente valioso de descubrimiento y afirmación.
  • Un docente facilitador buscará la forma de que sus alumnos se sientan cómodos formulando sus ideas, aunque sean contrarias a las que postula el educador.
Fomenta la investigación profunda y sostenida. En ese sentido, procura que sus alumnos aprendan experimentando, indagando y analizando. Eso no es posible en un clima educativo donde el docente es el centro.

  • En la antigua fórmula escolástica, el docente es el único que sabe, el alumno es un receptor pasivo.
  • Ese modelo no fomenta la creatividad ni el pensar reflexivo, al contrario, crea alumnos incapaces de vislumbrar nuevos caminos.
  • La investigación es una forma excelente para fomentar la curiosidad, el descubrimiento y el desarrollo de la reflexión.
Permite innovación y experimento. Aun en los casos en que tenga certeza que sus alumnos han de equivocarse en algún planteamiento, permite el avance.

  • El antiguo dicho "hay muchas formas de cortar el pan", se aplica en este caso.
  • Un docente que fomenta la discensión positiva y que además procura que sus alumnos investiguen, sabe que hay muchas formas de indagar.
  • La innovación no se hace sin errores. Para descubrir una fórmula es necesario haber transitado caminos sin salida, es la única forma de aprender, con ensayo y error.
Fomenta un clima de diálogo y respeto por las opiniones de sus educandos. Dorothy Corkille Briggs, en un artículo titulado: “Inteligencia, Creatividad y Autoestima”, afirma que “quien valora la conformidad, el pensamiento estereotipado, el orden constante y el acatamiento, difícilmente sea capaz de alimentar la creatividad”.

  • Los docentes que actúan dejando entrever abierta o solapadamente que sus opiniones son las únicas respuestas válidas, no fomenta un ambiente adecuado para el desarrollo del pensar.
  • En la libre expresión de las ideas se crea el contexto propicio para el pensar creativo.
  • Un alumno que puede experimentar con sus ideas, sin miedo a ser reprochado, es un estudiante que probablemente desarrollará una mejor habilidad de pensamiento.
Desestructura el tipo de evaluación meramente reproductora de conocimiento. Otorga crédito a la innovación, el descubrimiento y la especulación creativa. Visto así, los exámenes enfatizan más los significados de los conocimientos antes que la enumeración memorística de los mismos.

  • El examen escolástico se basa en la mera memorización mecánica de información.
  • Un docente que cree que ha cumplido su función al lograr que sus alumnos repitan de manera uniforme lo que él ha dicho, no es un educador, es meramente una grabadora.
  • Una buena prueba facilitadora, busca que el estudiante muestre su comprensión, creatividad y capacidad de análisis, crítica y desarrollo personal.
Fomenta un clima donde se examinan cuidadosamente los supuestos formulados para evitar axiomas sin fundamento o prejuicios.

  • El respeto a la opinión ajena, no implica aceptar cualquier idea sin fundamento.
  • En un clima de tolerancia y positividad, es posible examinar las opiniones a la luz de los fundamentos de las mismas.
  • Cuando esto se hace bien, se le enseña al estudiante a analizar, fundamentar, argumentar y sostener adecuadamente sus postulados.

Conclusión

La mayoría de los docentes tiende a reproducir en su hacer académico el formato y currículo con el cual él mismo aprendió. Se necesitan años de experiencia y voluntad, para darse cuenta qué sirve y qué está obsoleto. Distanciarse de la propia formación, no siempre es fácil. Convertirse en un docente colaborador del proceso de aprendizaje demanda tiempo, energía y voluntad.

En el desarrollo de facilitadores de la enseñanza, no siempre es sencillo el sendero. Muchas veces se encontrarán con la pared del conformismo, del status quo, o, simplemente, de la pereza para la innovación.

Sin embargo, cuando se continúa por el camino de la búsqueda de mejores fórmulas para ayudar a los alumnos a no ser meros repetidores del conocimiento, sino creadores e innovadores, las alegrías serán tantas, que ese mismo entusiasmo servirá de estímulo para seguir por esa senda.