Sentarse en un salón en España no sitúa en el mismo espacio de estudio que en México; el salón español es la sala mexicana y el aula española el salón de los mexicanos. Mientras tanto en Colombia tirar es un verbo que hace referencia al acto sexual, en México se refiere a botar y en España a ‘jalar’ -México- o ‘halar’ -Colombia-. El español es un idioma con claros cambios a lo largo y ancho de los territorios que lo tienen como lengua materna por lo que la Real Academia Española ha dedicado los últimos años a realizar un compendio del vocabulario español empleado en el continente americano.

En el año 2002 en San Juan de Puerto Rico las 22 Academias Españolas iniciaron una ardua tarea para recoger, clasificar y definir los vocablos que contiene el español que se habla en los países americanos. El pasado 12 de octubre en Nueva York la RAE presentó el Diccionario de americanismos, días más tarde Madrid fue testigo de este evento.

El habla americana

Ferdinand de Saussure en el "Curso de Lingüística General" define los conceptos de Lengua y Habla. La Lengua es un sistema convencionalizado de signos -palabras-, pero el habla es el uso individual del sistema. El hablante al hacer uso de la lengua va modificando y agregando usos y formas cuando llegan a ser utilizados por una mayoría o aceptados académicamente. De modo que el Diccionario de americanismos se compone de las formas y usos que ha tenido y tiene la lengua española en los países en los que constituye una mayoría.

Los americanismos son, entonces, las variaciones del español al ser usado en otros territorios que han aportado palabras desde sus dialectos y lenguas aborígenes, asimismo, hay casos en los que en España son palabras en desuso (arcaísmos) que continúan presentes en el habla de otras latitudes.

División de la RAE

Hace más de 120 años que la RAE se expandió a América. Las primeras Academias americanas de la lengua se fundaron en México, Guatemala, El Salvador, Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú y Chile y fueron las que a finales del siglo XIX intentaron crear un diccionario especializado en léxico latinoamericano. A principios del siglo XX se crearon otras Academias, las de Filipinas, Panamá, Costa Rica, Cuba, Paraguay, Santo Domingo, Bolivia, Nicaragua y Argentina. Y fue así que el Diccionario de la Real Academia Española para la edición de 1925 incrementó la cantidad de vocablos que incluía en sus páginas alimentándose de la terminología utilizada en los países de habla hispana.

El proyecto del Diccionario de americanismos por completo no había sido el todo posible hasta el Congreso celebrado en San Juan de Puerto Rico en el año 2002; en éste se sentaron las bases para desarrollar el trabajo lexicográfico que, según afirma la web de la RAE, era “un método de trabajo similar al que rige las nuevas obras panhispánicas, con una comisión interacadémica, una comisión asesora y un equipo lexicográfico y técnico, que, dirigido por el Secretario general de la Asociación, se encargaría de preparar la base documental del Diccionario”. A partir de ese momento los esfuerzos de las Academias americanas se centraron en la definición de su terminología.

La riqueza del idioma español

El crecimiento que ha tenido el español a lo largo de la historia del habla en Latinoamérica tal vez sea incalculable, puesto que durante los últimos 500 años ha estado viva y eso significa que se ha alimentado de diversas fuentes culturales y sociales, ha dejado en el pasado muchas palabras y ha ido creando o cambiando otras tantas. Lo que sí se ha podido calcular es la forma que hoy en día tiene en los distintos territorios de habla hispana y son las 70 mil voces, frases y locuciones y 120 mil acepciones en 2.333 páginas con un peso de 2.7 kilos.

Un idioma puede considerarse rico cuanto más amplio sea su léxico y mayores los campos semánticos que incluya, tal vez, por esa razón entre los vocablos aceptados como americanismos se encuentran usos frecuentes del llamado “spanglish” y usos empleados entre círculos herméticos que han permeado su lenguaje a través de los medios de comunicación.

Entre EEUU y los narcos mexicanos

México es el país con más hispanohablantes del mundo, seguido por EEUU, sus Academias han aportado gran cantidad de términos al nuevo diccionario. En el caso de EEUU, verbos como: guachear -ver: “to watch”-, vacunar -aspirar: “to vacum”-, rufear -arreglar el techo: “to roof”-, también washingtons -dinero- o bróder -amigo-. A estas palabras miembros de la RAE no las llaman “spanglish”, aseguran que es una modificación idiomática que merece todo el respeto.

No sólo se han incorporado a la lexicografía americana la mezcla de español e inglés, palabras mal empleadas o traspasos casi literales del inglés al español. El periódico mexicano La Jornada publicó el jueves 28 de octubre un artículo que hacía referencia a la terminología del crimen organizado. Las palabras usadas en los grupos de narcotraficantes han sido tomadas como jerga nacional y se incluyen dentro de los “mexicanismos”.

El director de la Academia Mexicana de la Lengua, José G. Moreno de Alba justifica esta inclusión afirmando que “la cultura del crimen organizado y los narcotraficantes mexicanos es un ‘nuevo campo semántico’ que debemos conocer”, no sólo eso, hace referencia también a la divulgación de esta terminología gracias a los periodistas mexicanos y, por supuesto, los medios de comunicación. Junto con verbos como “chingar” -joder- y sus diversas acepciones, páginas más tarde en la letra ‘P’ se encontrará también el verbo “plomear” -matar a alguien con una pistola-.

En otras palabras

Cabe decir que los localismos del español peninsular han quedado excluidos en este diccionario. Es un trabajo que sin duda será de gran ayuda en el momento de entender ese 20% aproximado en el que difiere el español hablado en todos los países y comprender la riqueza de las diferentes herencias que tiene cada territorio.