Amar a los gatos significa convertirlos en el centro de la conversación, independientemente de que estén ausentes o cerca de quienes en ocasiones dejan de verlos como mascotas y en lugar de actuar como amos se comportan como si fueran los papás o mamás de esos adorables peludos.

Amar a los gatos implica consentirlos, alimentarlos, ofrecerles todo aquello que los hace felices, que hasta eso no es mucho: sillones y almohadones mullidos, espacios soleados, comida y agua suficientes, arena limpia, el mejor lugar de la cama, cariño y apapachos (cuando ellos los necesitan).

El lenguaje de los gatos es más que maullidos y ronroneos

Pero no todo es color de rosa cuando de gatos se trata. En ocasiones se dan problemas de comunicación, como cuando ellos tratan de agradecer las atenciones brindadas y dejan lo que seguramente desde su perspectiva son grandiosos obsequios: lagartijas, pajaritos, ratones y otros animales que se cruzan en su camino. Los receptores, lejos de recibir de buen grado el regalo, como el gesto de buena voluntad que encierra, arman tremendo alboroto cuando, por ejemplo, al acostarse encuentran entre las sábanas una fría lagartija o en el tapete de entrada de la casa se topan con los restos de un pajarito.

Con todo, debido a que el día apenas alcanza para dos o tres profundas y reparadoras siestas matutinas y vespertinas, los gatos no siempre están en condiciones de emprender largas excursiones por los tejados, jardines, ramas de los árboles o hurgar en las macetas, por lo que no siempre llevan a casa ese tipo de sorpresas, así que cuando suceda habrá que tomarlo con calma y decidir cómo actuar, sobre todo si un niño es quien descubre, lo que para los humanos es un macabro presente.

El diario de un gato asesino, de Anne Fine

En El diario de un gato asesino, libro de la laureada escritora inglesa Anne Fine, ilustrado por Damián Ortega y publicado por el Fondo de Cultura Económica, en la serie "A la orilla del viento", se relatan los acontecimientos ocurridos en seis días de la vida de Tufy, adorable gatito, quien es calificado de asesino porque el lunes llevó a casa un pajarito; el miércoles un ratón y, el jueves un conejo, todos ellos muertos.

Aunque con los dos primeros la familia hace tremendo escándalo y hasta organiza un funeral para enterrar a las dos víctimas de Tufy, pese a que este solamente fue el causante de la muerte del pajarito, pues al ratón lo encontró muerto por ahí, el asunto es muy diferente con el conejo, debido a que se trata ni más ni menos que del viejo Thumper, la mascota de la vecina.

El Instinto felino prevalece por más domesticado que esté un gato

El tono de la historia, narrada en primera persona por el protagonista felino, tiene matices que podrían calificarse de cinismo, sin embargo, sus argumentos son totalmente válidos pues reflejan su naturaleza, por más domesticado y consentido que esté. Esto queda claro desde el principio, cuando se defiende: "Por todos los cielos, soy un gato. Mi trabajo, prácticamente, es andar sigiloso por el jardín tras los dulces pajaritos de antojo que apenas pueden volar de un seto a otro".

La naturaleza felina en ocasiones choca con el comportamiento humano y los valores éticos y morales. Cualquiera que tenga un gato habrá observado los movimientos sigilosos cuando descubre una posible presa, además de haber escuchado los sonidos tan característicos cuando observan una pieza de caza, desde una mosca hasta un pajarito, pero por más que conozca a su gato no puede entender su lenguaje.

Conducta de los padres frente a la muerte de una mascota

La autora ilustra muy bien la situación que enfrentan los humanos ante la muerte, en este caso de animales. Eli, la pequeña de la familia llora copiosamente y reclama a Tufy por su conducta al descubrir al pajarito muerto. Los padres, en su papel de educadores, proceden a realizar las tareas de limpieza y a preparar un funeral. Estas escenas darán pie a los lectores para reflexionar en torno a los rituales y duelo que acompañan a la muerte.

Una situación muy diferente se vive cuando la víctima es una mascota conocida y que se sabe era amada por sus dueños.

Responsabilidades al tener una mascota

Tener una mascota, en general, implica enormes compromisos por parte de los dueños. No basta amarla, cuidarla y protegerla, es necesario también asumir la responsabilidad de sus actos. Una mascota no puede andar por ahí asesinando a otras mascotas impunemente ¿o sí?

¿Qué hacen los papás de Eli cuando descubren el cadáver de Thumper, el conejo? ¿Qué harían los dueños de un gato real que cometió un crimen semejante?

Los lectores grandes y pequeños podrán descubrir el inesperado desenlace de El diario de un gato asesino y platicar sobre la conducta de cada personaje involucrado en esta divertida historia.