El histórico enfrentamiento entre la religión y la ciencia siempre ha tenido en el conflicto entre Galileo Galilei y la Iglesia Católica Romana a uno de sus mejores ejemplos. Sin embargo, aunque no muchos lo sepan o lo hayan olvidado, el famoso astrónomo finamente salió victorioso de esta contienda, aunque debieron pasar más de tres siglos.

El Sidereus Nuncius

Los problemas de Galileo con la Iglesia, más precisamente con la Inquisición, comenzaron en 1610, cuando publicó en Venecia un tratado llamado Sidereus Nuncius ("Mensajero sideral" o "Mensaje sideral"). En él expuso, por primera vez en la historia, resultados de observaciones astronómicas realizadas con un telescopio. Mediante diferentes descubrimientos demostró que la Teoría geocéntrica era incorrecta, ya que no todos los planetas giraban alrededor de la Tierra. El 7 de enero de 1610 descubrió la presencia de cuatro astros que giraban alrededor del planeta Júpiter. Esta fue una importante prueba en contra de la teoría oficial que predicaba el Vaticano y a favor de la teoría copernicana.

Comienzan los ataques

En cuanto el Sidereus Nuncius es publicado y sus ideas comienzan a ganar aceptación entre la comunidad, los partidarios de la Teoría geocéntrica arremeten contra Galileo. Al principio se trata solamente de panfletos que intentan difamar al astrónomo y su tratado. Pero pronto empiezan a marcarse las contradicciones entre las teorías de Galileo y ciertas afirmaciones de la Biblia. El cardenal Roberto Bellamino (miembro de la Inquisición y apodado "Martillo de herejes") ordena que se inicie una investigación discreta sobre Galileo a partir de junio de 1611.

El 2 de noviembre de 1612 el dominico Niccolo Lorini, profesor de historia eclesiástica en Florencia, pronuncia un sermón abiertamente opuesto a la Teoría heliocéntrica. Se utiliza el pasaje bíblico del Libro de Josué, en el cual se dice que Josué detiene el movimiento del Sol y de la Luna. Este hecho marca el comienzo de los ataques religiosos. Estos se dieron durante los siguientes años hasta que el 16 de febrero de 1616 Galileo es convocado a Roma para el examen de sus obras y las posteriores censuras. La teoría copernicana es condenada por el Santo Oficio como "una insensatez, un absurdo en filosofía, y formalmente herética", pasando a formar parte de los libros prohibidos, por lo que se le pide a Galilei que presente su tesís como una hipótesis y no como un hecho comprobado.

Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo

Los siguientes años Galileo deja de lado sus investigaciones astronómicas por lo que el clima se aquieta. Pero en 1622 el cardenal Mafeo Barberini es elegido nuevo Papa (bajo el nombre de Urbano VIII). Se establece una gran relación entre ambos, por lo que Galileo, confiado, decide presentar en 1632 lo que sería la obra final sobre los sistemas astronómicos. Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo es abiertamente pro-copernicano, por lo que desafía el veredicto de 1616. Inmediatamente Galileo es obligado a confesar y a abjurar de sus ideas. El 21 de junio es condenado a cadena perpetua pero al acceder (bajo amenazas) a la abjuración se le permite el arresto domiciliario. El 8 de enero de 1642 muere en Arcetri a los 77 años.

La restauración de la obra de Galileo

Recién a mitad del siglo XVIII el Papa Benedicto XIV autoriza la impresión de las obras de Galileo y de trabajos favorables al heliocentrismo, que son retirados de la lista de libros prohibidos. Pero no fue hasta 1939 que un Papa se refirió al tema. Fue Pío XII quien, en su primer discurso a la Academia Pontificia de las Ciencias, se refirió a Galileo como "el más audaz héroe de la investigación, sin miedos a lo preestablecido y los riesgos a su camino, ni temor a romper los monumentos". En 1979 Juan Pablo II propuso una revisión del caso Galileo y encargo así mismo una comisión para que estudiara dicha controversia. "Deseo que teólogos, sabios e historiadores animados de espíritu de colaboración sincera, examinen a fondo el caso de Galileo y, reconociendo lealmente los desaciertos hagan desaparecer los recelos que aquel asunto todavía suscita en muchos espíritus", expresó.

El reconocimiento y las disculpas de Juan Pablo II

Finalmente, el 9 de mayo de 1983, durante un discurso a los participantes del Simposio Internacional celebrado con ocasión del 350º aniversario de la publicación de los Diálogos sobre los dos máximos sistemas del mundo, el pontífice dejó sin efecto la condena a Galileo que databa de 1633. En su discurso marcó su satisfacción por el "fecundo y profundo diálogo entre la Iglesia y la ciencia" y reconoció el daño provocado al astrónomo: "Volviendo al caso Galileo, reconocemos, ciertamente, que tuvo que sufrir de parte de los organismos de la Iglesia". Además, agregó que la experiencia vivida por la Iglesia en dicho caso "permitió una maduración y una comprensión más exacta de su propia autoridad".

350 años después, uno de los más brillantes científicos de la historia recibió al menos un pequeño reconocimiento y una restauración de su imagen, que de todos modos no alcanzan para reparar el daño que se le provocó mediante una injusta acusación. Aunque absurdamente tarde, un día la Iglesia se disculpó con Galileo.