El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, es la fecha en la que se celebra la lucha por el derecho de la mujer al voto y por sus derechos políticos y económicos, en definitiva, por la igualdad en el ser humano, sin distinción de género. Se celebra pues a las mujeres corrientes, como las verdaderas artífices de la Historia y hunde sus raíces en su lucha plurisecular por obtener los mismos derechos que el hombre participando así de una forma igualitaria en la sociedad.

Desde el inicio de la Historia de la humanidad, ha habido mujeres que han hecho de esta lucha su emblema. En la Antigua Grecia destaca Lisístrata, que inició un huelga sexual contra los hombres, para intentar finalizar una guerra que estaba mermando su pueblo. La revolución francesa es otro ejemplo, el lema que se defendió " de libertad, igualdad y fraternidad", no sólo era la reinvidicación del pueblo oprimido, sino también del sufragio femenino.

La lucha de la mujer en España también tiene dignas representantes, como ha sido nuestra reina más conocida, Isabel I de Castilla, que en contra de lo que pensaba la mayoría masculina, apoyó decidídamente la conquista de "un nuevo mundo", y tal fue su fama que llegó a ser representada en la moneda en curso y en pinturas de la época más grande que su consorte, Fernado El Católico.

La lucha por la igualdad en Europa

Las mujeres vienen luchando por conseguir la igualdad desde hace varios siglos. La francesa Olimpia de Gouges publicó en 1792 su “Declaración de los derechos de la mujer y la ciudadana”, lo que la llevaría a la guillotina. En esta Declaración defendía que si la Revolución había acabado con los derechos feudales, lo mismo debía hacer respecto a los privilegios del hombre. Ese mismo año, la británica Mary Wolltonecraft, casada con el filósofo anarquista William Godwin y madre de Mary Shelley, autora de Frankenstein; escribió “Vindicación de los derechos de la Mujer”, en el que reclamaba el derecho de la mujer a la educación, al trabajo y a la vida pública y rechazaba como artificial la idea de feminidad que imponía una sociedad patriarcal.

Es a partir de 1839 cuando aparecen las primeras periodistas que crearon sus propios diarios y que reivindicaban la igualdad de los sexos inspirándose en los socialistas utópicos que habían defendido dicha igualdad. “La mujer libre” creado por dos obreras en 1832 incitaban a la rebelión contra el dominio del hombre.

Las reivindicaciones de las mujeres estaban apoyadas ocasionalmente por algunos destacados intelectuales y políticos progresistas que incrementaron dicho apoyo a partir de 1890, aunque no fue un camino fácil, ya que se encontraron con mucho prejuicios tradicionales que las consideraban seres inferiores poniendo en cuestión tanto su capacidad física como intelectual.

En esta época por ejemplo era muy común entre las literatas escribir bajo un seudónimo, ya que por entonces estaba muy mal visto que las mujeres escribieran o publicaran algo, haciendo parecer a sus maridos, hermanos, o esposos, menos inteligentes. Ejemplo conocido es el caso de las hermanas Brönte, autoras de obras como "Cumbres Borrascosas", o "Jane Eyre" entre otras obras, Emile fue "Ellis", Charlotte fue "Currer", y Anne fue "Acton".

El movimiento sufragista británico fue pionero en la lucha por el sufragio femenino. Con este objetivo se fundó, en 1906, la Unión Social y Política de las Mujeres, dirigida por Emmeline Pankhusrt, cuyo radicalismo conmovió a la opinión pública británica y mundial. Se subían a los tejados con sus megáfonos, se encadenaban en público, boicoteaban los mítines de los partidos y realizaban manifestaciones en las que era habitual la violencia. Esto produjo una gran inquietud en el gobierno que prohibió en 1913 el movimiento y condenó a la señora Pankhurst a 3 años de trabajos forzados.

El caso de España

La condesa y escritora Emilia Pardo Bazán, y su predecesora, la penalista Concepción Arenal (que iba a clase a la Universidad de Derecho vestida de hombre), fueron las pioneras de un movimiento feminista que luchó por los derechos de la mujer durante las tres primeras décadas del siglo XX. A partir de 1920 se sumaron otras mujeres.

Las más destacadas fueron la periodista Carmen de Burgos, la jurista y profesora del Instituto-Escuela, Victoria Kent, la especialista en crítica artística Margarita Nelken y la abogada Clara Campoamor.

Las tres últimas, tras las elecciones de junio de 1931, fueron las primeras parlamentarias españolas. Clara Campoamor fue la que más destacó en la defensa parlamentaria del derecho al voto de las mujeres.

En los años sesenta surgieron los movimientos feministas, formados normalmente por grupos políticos de la izquierda y trataban de hacerse cargo de las desigualdades sociales, de educación y de cultura existentes entre las mujeres.

La lucha llevada a cabo por la mujeres se ha dividido en dos ramas:

  • Una de ellas, se concentraba en la explotación industrial femenina.
  • La otra, se concentraba en la obtención de derechos civiles para las mujeres, en particular el derecho al voto.
Las socialistas fueron las que trataron de unir ambas luchas. Sin embargo, hubo un sector de mujeres de clase media y alta que solo luchaban por conseguir el voto, desasociándose con la lucha de clases en el contexto de las mujeres.

Pérdida de derechos

Durante la época franquista se perdieron los derechos conseguidos hasta el momento. La mujer quedó nuevamente supeditada legalmente al varón y se volvió a imponer una educación separada para los sexos.

Hasta 1975, las mujeres españolas, no eran consideradas “cabezas de familia”, sino que esa condición era atribuida a los maridos, por ello, no podían disponer de los bienes que habían llevado al matrimonio, ni tampoco aceptar herencias, hacer contratos o comparecer a juicio. Para todas estas acciones requerían el permiso expreso de sus maridos.

En la actualidad, la situación de las mujeres en algunos lugares del mundo ha empeorado, ya que han perdido derechos que tenían reconocidos. Un ejemplo claro es la situación de algunos países del Magreb en los que están volviendo a los antiguos “códigos de familia”, los cuales, entre otras cosas, impiden que las mujeres tengan un acceso igual a la herencia que los hombres y permiten la poligamia y el repudio de la esposa.

La etapa del franquismo

El Régimen de Franco supuso un letargo de las aptitudes y capacidades de las mujeres. Éstas quedaron nuevamente supeditadas legalmente al varón, a la vez que en el terreno educativo se impuso nuevamente una educación separada para los sexos. Sin embargo, las mujeres fueron una pieza importante de su política y de su sistema de dominación desde principios de 1939. Las afiliadas a la Sección Femenina prestaron distintos servicios al Estado según las necesidades de éste: asistencia social, hospitales, adoctrinamiento político, control ideológico, etc.

A finales de la década de los cuarenta-cincuenta, la rama femenina de Falange ejercía una escasa influencia sobre las mujeres.

En ese momento empezaron a aparecer multitud de grupos de mujeres alejados de la ideología oficial y del discurso unidireccional mujer-esposa-madre propugnado desde el Estado y difundido por la Sección femenina. Estas asociaciones fueron: Amas de Casa, Asociación Española de Mujeres Universitarias, Unión de Mujeres Antifascistas, Unión de mujeres Españolas, entre otras. Ni siquiera con la creación de una subsección llamada Formación y Promoción de la Mujer pudieron converger para el establecimiento de posiciones comunes a favor de las mujeres. Esto fue debido a que las mujeres que lo formaron procedían de frentes opuestos.

Con el desarrollo producido tras el Plan de Estabilización de 1959, el Estado necesitó mano de obra femenina: secretarias, telefonistas, servicio doméstico… Su tímida salida al mundo laboral y la constatación de las difíciles condiciones de vida que impuso el citado Plan, conformarán los factores básicos que les llevará a la protesta por la carestía de la vida, la inflación, movilizaciones para mejorar las condiciones de vida en los nuevos barrios de las grandes ciudades, peticiones de indultos y amnistías, etc.

Todos estos cambios desembocaron en una verdadera transformación de la sociedad femenina, pero de manera tan lenta que hasta 1975 no tuvo lugar.

La Democracia

La Constitución de 1978, consolidó un régimen democrático en España y reconoció la igualdad de derechos políticos y de todo tipo para la mujer. Desde el año 1970 hasta nuestros días, se ha producido un cambio histórico en la imagen de la mujer al abandonar el perfil casi exclusivo de ama de casa y madre para incorporarse a la vida pública y social. El cambio ha sido muy rápido y de alta calidad respecto a las generaciones anteriores.

Los elementos clave son el acceso a la educación superior y al trabajo extradoméstico. Las mujeres han tenido más posibilidad de penetrar en la vida pública en aquellos países en los que se han mostrado económicamente mas activas. El trabajo asalariado les confiere una imagen de poder que sirve para establecer comparaciones con el mundo masculino y, en definitiva, con la sociedad moderna. No obstante, no ha servido para liberarla de las tareas domésticas tradicionalmente adscritas a su sexo, si bien, la ausencia prolongada del hogar va dando como resultado la colaboración, aunque de forma tímida, de otos miembros de la familia en las mismas.

Los obstáculos en el camino hacia la igualdad no han desaparecido y aunque en los años ochenta hemos asistido a la incorporación de las mujeres a los órganos de toma de decisiones políticas, económicas y sociales: Asambleas, Congresos, Senados, Parlamentos Autonómicos, Ministerios y altos cargos de la Administración y Dirección, la presencia femenina es claramente insuficiente y sectorial.

A pesar de los grandes avances conseguidos en este terreno, muchos países poco desarrollados, aún hoy en día, no disfrutan de este derecho porque consideran a la mujer un ser inferior sin capacidad de razonamiento, que debe estar supeditado al varón.

La mujer trabajadora en la actualidad

Aunque las mujeres representan más de la tercera parte de la fuerza laboral mundial y producen más del 70 % de los alimentos de África, su trabajo se sigue limitando a ciertos campos profesionales en los que no se requiere una alta preparación y que suelen ser actividades mal remuneradas. Sin embargo, según los datos de la Organización Internacional del Trabajo, a medida que los países se van industrializando las mujeres mejoran su categoría profesional.

En el capítulo segundo de la Constitución de 1978, en los derechos y libertades, el artículo catorce dice:

“los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”.

Aunque los derechos de la mujer han aumentado y mejorado mucho durante los últimos siglos, todavía hay mucha desigualdad con respecto a los derechos del hombre.Estamos en proceso de conseguirlo aunque la mujer no consigue deshacerse de las tareas domésticas y el cuidado de los hijos, en exclusividad en muchos casos. Además son muchas aún las que sacrifican sus carreras profesionales en detrimento de su vida familiar. A pesar de que el hombre colabora en éstas cosas, no lo ha aceptado como una obligación sino como una ayuda hacia la mujer, al contrario que las féminas. Mientras que no acepte que el trabajo dentro y fuera de casa debe estar repartido a partes iguales, difícilmente obtendrá exactamente los mismos derechos que el hombre.

En el mercado laboral la mujer está ocupando puestos de responsabilidad en menor grado que el hombre. Actualmente, debido a que el número de mujeres que terminan estudios superiores es superior al de los hombres, y a pesar de eso no tienen las mismas oportunidades de acceder a un puesto de trabajo con un cargo importante al igual que los varones, estando aún desequilibrada la balanza de cargos en empresas y públicos.

El día Internacional de la mujer, es una ocasión maravillosa para que reflexionemos sobre los avances conseguidos, exigir cambios (sobre todo en temas de violencia de género, y explotación infantil), y sigamos luchando para conseguir nuevos logros, recordando la labor de tantísimas mujeres, avanzando en nuestro presente, para asegurar nuestro futuro.