"Mi padre siempre me decía: encuentra un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar un solo día de tu vida", con esta cita Jim Fox habla de la importancia de encontrar un trabajo acorde con nuestras necesidades personales; aquél que -además de darnos de comer- nos permita desarrollarlo con la mayor felicidad posible.

En la actualidad, donde reinan unas tasas de paro tan elevadas, parece que esta frase pierde cierto sentido. Si bien es cierta la necesidad de sentirse bien, más imperante es aún la obligación de alimentarse.

En Euskadi, en concreto, casi el 11% de la población vive esta situación de desempleo; lo cual impide, notoriamente, pensar con claridad en la participación en los eventos programados para el próximo y cercano Día del Trabajo.

Origen de la festividad del Día del Trabajo

Han pasado 125 años desde aquel primero de mayo, en que un numeroso grupo de trabajadores y sindicalistas alzaron la voz para luchar por sus derechos. Por aquel entonces, las jornadas de trabajo superaban las 12 horas la mayoría de las veces, sin descansos ni diferenciación de edad ni sexo. Este extenuante horario impedía, no solo la recuperación física y mental del trabajador, sino la correcta integración en el núcleo familiar.

La huelga iniciada el 1 de mayo, bajo la consigna "Ocho horas de trabajo, ocho de reposo y ocho para la recreación", trajo como consecuencia el reconocimiento legal de la nueva jornada laboral. Aunque pasaron unos cuantos años hasta lograrse el pleno ejercicio de este derecho.

"Si los proletarios de América y Europa se congregaran hoy para únicamente celebrar la fiesta del trabajo, merecerían ser llamados ingenuos, infelices y hasta inconscientes, pues no harían más que sancionar su miseria y su esclavitud". Son palabras de Manuel González Prada. Castigan con firmeza la actuación de los -así llamados- defensores del obrero; e invitan a los defendidos a no conformarse ni llenarse de palabras que ni siquiera llenan su dignidad.

La actual acción sindical

Existen numerosas propuestas de los sindicatos dispuestas a no dejar que se esfume la intencionalidad original de la jornada. Sin embargo, el interés de la población obrera en sus representantes sindicales ha ido perdiendo fuerza con el paso de los años. En parte, esta opinión proviene de la creencia de ciertos actos destinados a impulsar las agendas políticas. Esta especie de intercambio de intereses parece haber ido difuminando la idea inicial, desencantando con ello a un trabajador que ve como su futuro laboral queda a merced del destino, implicado en un juego de estrategias donde no se identifica.

En opinión de muchos, los sindicatos están debilitados. Carecen ya del suficiente poder para ser efectivos y, tal vez, deberían dar paso a un nuevo organismo más moderno y concienciado con la situación actual. Y, por supuesto, menos corrompido. Conocidos son los casos de cobro de comisiones fraudulentas.

El ánimo de los trabajadores

Independientemente de las demostraciones y juicios posteriores, este tipo de noticias no hacen sino incrementar el descontento de la población. Si ya en tiempos de bonanza económica, ante la llegada de la mencionada fecha, el comentario más habitual a pie de calle era: "¡Qué bien, mañana fiesta!", seguido de la consabida quedada en la manifestación de turno, para después ir a tomar unos potes antes de comer con la familia y finalizar con una buena siesta. Si tenemos en cuenta que el 1 de mayo de 2011 cae en domingo. Si además coincide con el Día de la Madre. Y si, en lo tocante al tema económico, los ánimos están por los suelos. Es más que probable que el fervor de 1886 pase bastante desapercibido.

Debe tenerse en cuenta también a los trabajadores autónomos, que en la Comunidad Autónoma Vasca suponen más del 16% de la población activa. Lo que una empresa pequeña ve en esta fecha, es un día de trabajo perdido. Por tanto, un día sin la posibilidad de ganar dinero. Sí, los derechos importan, y mucho, pero las deudas abruman. Así que a celebrar, al menos este año, el Día del Señor.