El Día de Muertos en Mixquic, es una de las celebraciones más arraigadas en este poblado al sur de la Ciudad de México. Durante cuatro días, las calles y las casas de Mixquic se transforman en un espacio mágico, en donde conviven los vivos de este mundo con las almas de sus familiares muertos, para crear una fiesta única e inigualable.

El rito antiguo a Mixquixtli, la diosa de la muerte

En los pueblos del México antiguo, Mixquixtli o Miquiztli reinó en el mundo de los vivos y de los muertos. Fue la diosa que representaba la dualidad de la vida y la muerte, porque para que el mundo pudiera existir, debían rendirle tributo en su honor y la mejor manera de hacerlo era con sacrificios humanos.

Mixquixtli fue dadivosa y cruel a la vez. Por eso cada 365 días, en el pueblo de Mixquic se realizaba una celebración solemne en donde se le ofrendaba a los enemigos capturados en las guerras floridas y también había danzas, música, ricos manjares, hermosas figuras talladas en hueso o barro y todo lo embellecía el color de las flores.

Mixquic, lugar sagrado dedicado a la muerte

Mixquic es un lugar lleno de historia, tradiciones y leyendas. Su nombre significa “lugar en donde hay mezquites” y su fundación está documentada entre 1160 a 1168 d. C. Perteneció a la zona lacustre conocida como chinampera, en las inmediaciones de Xochimilco, en donde los pueblos prehispánicos tuvieron la habilidad de desarrollar la técnica de crear porciones de tierra firme para cultivo en medio de los lagos; a estos islotes artificiales de les denominaba chinampas.

La principal actividad de Mixquic en aquellos años tenía que ver con la parte religiosa, pues fue un importante centro ceremonial en donde se rendía tributo a la muerte bajo la representación de la Diosa Mixquixtli. Mixquic fue el espacio físico en donde se conjugó, la valentía de los guerreros con el honor de ser los donadores de su sangre para alimentar el alma de Mixquixtli e iniciar así su camino hacia el Mictlán.

Después de la conquista de los españoles, este rito hacia la muerte se transformó en la veneración católica a las almas de los fieles difuntos y, de esta manera, se creó un sincretismo religioso y cultural que ha sobrevivido hasta nuestros días, marcando así a Mixquic como uno de los pueblos más sorprendentes en el festejo del Día de Muertos en México.

El Día de Muertos y la llegada de las almas pequeñas

Los primeros en llegar a la fiesta son los niños. Para asegurar su llegada, los habitantes de Mixquic colocan en las fachadas de las viviendas o en la puerta de entrada un farol conocido como estrella de las ánimas, que sirve para alumbrar el largo camino de los muertos; además, los candelabros o velas blancas en las ofrendas también guiarán el arribo de los pequeños.

Los preparativos empiezan desde el 30 de octubre, cuando se levanta el altar en donde se colocan las ofrendas para los visitantes. Para el día 31 a las doce del día, justo cuando el sol alcanza el cenit, los repiques de las campanas de la iglesia anuncian el arribo de los pequeños visitantes y los familiares reciben a las almas de los niños que durante ese día convivirán con sus seres queridos, disfrutarán de los manjares preparados y jugarán con los juguetes que les han colocado en su honor.

El viaje de las almas adultas

Para el 1 de noviembre, a las doce del día, los niños dejan a sus familiares y se les despide con el repique lento y cadencioso de las campanas de la iglesia, que, de esta forma, anuncian la retirada y les desean feliz viaje en el camino de regreso. Una vez que los niños se han retirado, las campanas anuncian alegres la llegada de los adultos, que regresan a casa luego de un largo viaje.

Los familiares ya les tienen preparada su ofrenda con sal, agua y pan; además de los platillos que fueron los favoritos del visitante y también le agregan algunos tragos de pulque u otra bebida alcohólica, cigarros y flores de alhelí y cempasúchitl; además de sus herramientas de trabajo y un petate en el piso para que descansen y se repongan de las dificultades del camino. Así como de candelabros o veladoras negras y un sahumerio con incienso para relajar el espíritu del visitante.

Después de disfrutar los aromas y la esencia de la vida terrenal con su familia, las almas de los adultos dejan nuevamente este mundo. El 2 de noviembre se les despide con doce repiques de las campanas de la iglesia de San Andrés, recordándoles que esta es su casa para que vuelvan nuevamente el próximo año.

La alumbrada en el panteón

El ritual del Día de Muertos en Mixquic, continúa en el panteón con la alumbrada de las tumbas de los seres queridos. Una vez que las almas de los muertos se han ido, los familiares se reúnen en el campo santo para adornar con flores y colocar cirios en el lugar de reposo de las personas muertas.

Durante la noche del día 2 de noviembre, el cementerio pierde su aspecto lúgubre y se ilumina con la luz de las velas y la alegría de las personas que acompañan a sus muertos con rezos y plegarias, motivados por la satisfacción de haberlos recibido como se merecen y recordándoles que siempre serán bienvenidos en este mundo, ya que es su casa.

Todo termina el día 3 de noviembre, cuando los vivos empiezan a extrañar nuevamente a los muertos luego de la reunión espiritual. Así, las almas de los difuntos disfrutan, año tras año, de su regreso a lo que, en vida, fue su casa y su origen.

Y la luz de las velas y el resplandor del color amarillo de los pétalos de la flor de cempasúchil siempre estarán listos para señalarles el camino de llegada, para que durante su estancia en este mundo, llenen de amor y de recuerdos los corazones de sus familiares y amigos, eliminando –aunque solo sea por una horas-, la distancia interminable que existe entre la vida y la muerte.