La UNESCO nombró a la tradición de día de muertos en México como patrimonio intangible cultural de la humanidad, en especial por su raíz indígena. Este nombramiento busca fortalecer esta costumbre y a la vez que sea difundida por medio del turismo cultural.

El culto a la muerte en México es muy antiguo, ya lo encontramos en el preclásico en el occidente, en específico en Chupícuaro, Guanajuato. La cultura Chupícuaro sobresalió por sus vasijas, sus representaciones femeninas y sus entierros. Éstos últimos iban acompañados de una rica ofrenda que se componía de flautas, collares, cerámica y un perro, porque consideraban que este animal los ayudaba a llegar al reino de los muertos.

Otras culturas posteriores fueron desarrollando el culto a los muertos como la náhuatl, maya, purépecha, zapoteca, entre otras. Esto hace que la celebración de muertos en México tenga una serie de elementos en común, pero al mismo tiempo existan diferencias regionales.

La celebración del día de muertos entre los zapotecos

Los zapotecos habitan en Oaxaca, pertenecen a la familia lingüística otomangue, entre sus principales centros ceremoniales se encuentran Monte Albán y Zaachila. Loz zapotecos tenían la idea que sus ancestros provenían de cuevas, por lo que al morir regresarían al interior de la tierra. En la época prehispánica realizaron tumbas muy sofisticadas con ofrendas en las que sobresalían jade, obsidiana, joyas, conchas, vasijas, restos de alimentos, etc.

Los zapotecos realizaban urnas funerarias para guardar los restos del difunto. Estas vasijas tenían formas de hombres y dioses. La tumba 104 localizada en Monte Albán encontraron estas urnas funerarias.

El día de muertos entre los purépechas y otros grupos étnicos

Los purépechas habitan en Michoacán, su lengua es muy diferente a las del resto de Mesoamérica, porque maneja sonidos diferentes como la “r”, lo que ha provocado que los antropólogos planteen como hipótesis el origen suramericano de este grupo. Cuando algún guerrero moría en combate, era envuelto en mantas y colocado enfrente de los cues, tocaban música con caracoles y trompetas y después eran incinerados y sus cenizas colocadas en una olla junto con su arco y sus flechas.

Los chichimecas también tenían la costumbre de incinerar a sus muertos, razón por la cual se perdió la noción de donde quedaron los restos de sus reyes. Mientras que para los otomíes la vida era muy breve, por eso se tendría que aprovechar, ya que no se volvería a vivir.

El culto a los muertos entre los nahuas

Los nahuas se extendieron por buena parte de Mesoamérica, sin embargo, los más famosos se ubicaron en el Centro de México como los xochimilcas, tepanecas, acolhuas, tlaxcaletcas y mexicas. Para los nahuas morir en combate era un honor, ya que irían al Tonatiuhilhuicac y serían los compañeros del sol. Las mujeres que morían al dar a luz a un hijo varón, eran llamadas cihuateteotl y tenían el mismo destino.

Las personas que morían por acción del agua, por ejemplo, un ahogamiento se iban al Tlalocan. Los niños que se morían sin tener uso de razón, iban al Chichihuacuauhco (árbol de la leche). Todas las demás personas les tocaban ir al Mictlan, región de los muertos, que era presidida por Mictlantecuhtli. Como se puede observar el destino de los que moría no era en función de su comportamiento en la tierra, sino por su forma de muerte. Los nahuas pensaban que cuando una persona distinguida moría se convertía en dios, como es el caso de Quetzalcóatl y Huitzilopochtli, que primero fueron hombres y luego los deificaron.

En el mes llamado teutleco, los nahuas celebraban la fiesta de todos los dioses, efectuaban una vigilia la noche anterior, colocaban altares llamados momoztli con ofrendas y ponían un camino de harina de maíz para ver sus pisadas, el teohua era quien verificaba su llegada. Primero llegaban los dioses jóvenes y al final los viejos. Como se puede observar esta celebración tiene cierto paralelismo con los días de todos santos y de difuntos en la cultura occidental, por lo que a la llegada de los españoles, los frailes y la población local pudieron haber sincretizado estas costumbres.