
- Luis Cencillo - J.E. Lamarca
El ser humano es un hacedor de teorías. Para muchos puede parecer que este afán de teorizar no tiene mayor sentido. Sin embargo, las teorías creadas por el ser humano para poder explicar su origen y sentido tienen un fundamento “necesario”. La naturaleza de la especie humana exige que la realidad tenga explicación, coherencia y sentido.
Indeterminación radical
Según Luis Cencillo (1923-2008), filósofo, antropólogo y psicólogo español, en su libro Tratado de la intimidad y los saberes, lo propio del ser humano “es mutar sus comportamientos sin cesar”. Para comprenderlo, habría que “investigar indefinidamente su pasado y sus posibilidades de futuro y dar con el sentido de sus actos”.
Según el mismo autor, el hombre nace con una “indeterminación radical”. Esto significa que no está dotado por naturaleza de una base que le permita guiar unívocamente su vivir. A diferencia del animal muestra una carencia en tal sentido.
El fondo o mundo que el ser humano crea
En el proceso de sobrevivencia, el ser humano debe crear un fondo. “En la creación de tales modos, —señala Cencillo— el hombre elabora un mundo, una cultura, en la cual y mediante la cual la realidad adquiere un sentido”.
Por todo esto, el hombre es un ser desfondado. Lo cual significa que no recibe nunca, por parte de su constitución natural y física, una “determinación firme, fija y universal”.
En la práctica, significa que el ser humano se ha autocomprende como un ser no solidario con el resto de la naturaleza, es decir, distinto constitutiva y esencialmente. Esto hace que el ser humano se sienta enfrentado a la naturaleza, y en constante acto de evasión de sus amenazas.
El ser humano como transfuncional
Por otra parte, el hombre se ha visto a sí mismo como transfuncional y abierto a una esfera de valores a la cual debía incorporarse. Todo lo dicho anteriormente hace que sus necesidades más urgentes se vayan volviendo más complejas desde las:
- Económicas (pan, abrigo, techo).
- Adaptativas (tanto al medio como al entorno físico).
- Formalizativas (es decir, dotar al medio de una forma dada que le permita darle a su existencia sentido).
- Psicológicas (vencer el miedo, por ejemplo).
Cencillo señala en su libro El hombre noción científica que para que estas necesidades puedan ser satisfechas es necesario crear un fondo.
Satisfacción de necesidades
Los animales compartirían con los seres humanos el primer nivel (económicas), y la variación en el segundo nivel (adaptativas) estaría dado en la respuesta compleja en el caso humano.
En el nivel adaptativo, los animales poseen capacidad de adaptación, y es fundamentalmente dotación para sobrevivir al medio ambiente físico, y ligado a una base hereditaria. Ante una situación extrema se necesita “inventar” o “crear” una forma de sobrevivencia, lo cual supone una cadena de conducta a la cual no tiene acceso el animal.
Por su parte, los medios a los cuales debe adaptarse el ser humano poseen una complejidad mayor y que no admite comparación. El ser humano ha de adaptarse por lo menos al:
- Medio social en el que se desarrolla.
- Contexto cultural, que es más amplio que el medio social y que supone lenguaje, hábitos, costumbres, entre otros.
- Ambiente físico inmediato.
- Contexto psicológico propio, intentando entenderse y conocerse.
En lo formativo, el hombre necesita dar explicaciones para que su entorno deje de ser amenazante. De ahí la urgencia vital de que el “entorno” tenga “forma”, lo cual se logra, por medio de la creación de explicaciones y teorías, lo que a la postre constituye la “cultura” o la “civilización”.
La cultura como fondo de la vida humana
Desde esta perspectiva, las creencias, ideas, tradiciones, rituales, costumbres, entro otros, sustentados por los pueblos y religiones actúan como la base que falta a la humanidad en forma natural. Sin embargo, esta situación, afirma Cencillo, en su libro Tratado de la intimidad y de los saberes, “no anula la situación inicial, radical, espontanea y natural del hombre, que se ve obligado a asumir una fe o una tradición, o que es indigente de revelación, para no seguir viviendo ónticamente desfondado”.
Al ser humano no se le otorga nada gratis, debe, aún en las cuestiones básicas, ir teniendo conciencia plena del esfuerzo de logro. De este modo según Cencillo el hombre resulta un “cuasi-absoluto”. Un “absoluto precario” en busca de sí mismo y en condiciones que desconoce.
Al estar desarraigado presenta una distancia con su entorno. Se considera a sí mismo como no siendo una cosa entre otras cosas. Está arrancado de sus raíces. Por eso estará mediatizado por la cultura y la creación intelectual, que le servirán de base para saber a qué “atenerse”, según la expresión de Julián Marías (1914-2005), en su libro Introducción a la filosofía.
Literalmente, el ser humano debe tener algo de lo cual “agarrarse”. De allí que surjan en el lenguaje popular expresiones tales como: “Se le está removiendo el piso”, o “cayó a fondo”, etc. que está representando la necesidad de que “algo” —que es ininteligible para la mayoría— sustente todo actuar y que le asigne sentido y significado a todo lo que el ser humano es y hace.
Conclusión
Si el ser humano es desfondado, el mundo es la base, si esto es así, cada “mundo” tiende a presentar una realidad estable que ordena la contingencia humana específica y puntual, de allí eufemismos tales como “mundos distintos”.
Por lo tanto, cada teoría desarrollada tiende a quedarse de manera definitiva. Sin embargo, la permanencia de la misma es imposible puesto que todas las culturas y los sistemas humanos varían.
La única constante es la tendencia a crearse bases, mundos, y puntos de referencia. La base no elimina la carencia que permanece siempre latente, puesto que en el ser humano prima una necesidad vital: Darle a su vida un fondo.
