
- Tutankamon 1 - J. Domenech
Cuando el 4 de noviembre de 1922 se encontró la tumba casi intacta del faraón Tutankamon (Dinastía XVIII, Imperio Nuevo) se producía un maravilloso acontecimiento en el Valle de los Reyes. Sería uno de los descubrimientos más importantes de la arqueología moderna.
Howard Carter hasta aquel momento había sido un concienzudo egiptólogo autodidacta, excelente dibujante, que había sido requerido muchas veces por arqueólogos prestigiosos, merced a la gran calidad de sus dibujos, que por aquellos tiempos suplían a la fotografía.
Conoció a Lord Carnarvon y le expuso su teoría de que en el Valle de los Reyes, estaban agrupadas las tumbas de los faraones de la dinastía XVIII. Y que aunque existían dudas sobre la cronología faraónica, era muy posible encontrar tumbas del Imperio Nuevo. El magnate y filántropo inglés accedió a financiar la expedición, sin darse cuenta que iniciaban una aventura singular y extraordinaria: el descubrimiento más importante de la egiptología.
Nunca nadie había podido ser testigo de una maravilla semejante: traspasar la puerta de la historia, para acceder a un pasado magníficamente representado por unos vestigios materiales, que habían estado esperando sigilosamente durante treinta y cuatro siglos, para que alguien pudiera observarlos y estudiarlos.
El telegrama del descubrimiento de la tumba egipcia
Howard Carter, localizó por casualidad unas escaleras bajo la entrada de la tumba del faraón Ramsés IV (Dinastía XX). Nadie sabía a donde se dirigían, pero surgieron unos primeros indicios, que despertaron la innata curiosidad del egiptólogo.
Tras excavar con sumo cuidado unos muros que iban encontrando, llegaron a una especie de reducida cámara, que en su parte frontal tenía una serie de sellos intactos, que indicaban que aun nadie había traspasado aquel lugar. Se encontraban ante una tumba real.
Carter envió rápidamente un telegrama a Lord Carnarvon, el que por cierto ya le había avisado, que pensaba interrumpir definitivamente sus aportaciones económicas a la expedición, por los nulos resultados conseguidos. El citado telegrama se redactó en estos términos: "Maravilloso descubrimiento en el valle. Magnífica tumba con los sellos intactos. Espero su llegada. Enhorabuena".
La incertidumbre inicial ante la tumba real egipcia
El filántropo inglés recibió la noticia con euforia, después de haber decidido suspender sus aportaciones al proyecto. Se puso rápidamente en camino y a su llegada a Egipto, se encontró a Howard Carter con algunas dudas al respecto de lo hallado.
Se habían encontrado una serie de agujeros en las paredes que evidenciaban que alguien había entrado con anterioridad en aquel recinto. Existía una evidencia que aquel panteón real, como el de otros faraones había sido objeto de la codicia de la antigüedad. Pero tras unos minuciosos exámenes se llegó a la conclusión que los posibles ladrones habían sido detenidos antes de forzar los sellos reales.
Y lo más seguro es que hubieran sido ejecutados rápidamente, como se tenía por costumbre ante actos de saqueo funerario a tumbas reales. Lo que hubiera en el interior de aquellas dependencias funerarias estaba intacto.
El esplendor del Antiguo Egipto al descubierto
El día 26 de noviembre de 1922, se rompieron los sellos reales que había estado intactos más de tres mil años. Después de perforar con sumo cuidado un tabique, había llegado el momento crucial, poder contemplar lo que contenía aquella necrópolis.
Cuando a la luz de una vela, Carter miró por vez primera aquella sala pudo apreciar la riqueza del mundo faraónico: mascaras, cofres, insignias reales, armas y joyas. Jamás se había encontrado nada semejante.
El privilegio de contemplar lo que la gloria del Antiguo Egipto guardaba celosamente, constituyó para el inglés su más preciada recompensa. En su diario anotó: "El día de los días, el más maravilloso que he vivido y seguramente jamás viviré algo semejante".
Aquel descubrimiento marcó el punto culminante de la egiptología. El gobierno egipcio hizo valer sus derechos sobre los vestigios del pasado del país del Nilo, cosa que hasta aquel momento no había sucedido.
Se abría de este modo una nueva etapa. Si alguien quería hacer excavaciones en Egipto tenía que ser en beneficio de la ciencia y del país. Lo que comenzó siendo una atracción exótica, fruto de un vago interés romántico por el pasado, comenzaba a ser únicamente ciencia.
Sin embargo, hasta 1952 no se creó el Consejo Superior de Antigüedades de Egipto. En la actualidad, una gran parte de las maravillas encontradas representan la parte estelar de la visita al Museo Egipcio de El Cairo.
Tutankamon un faraón que reinó solo una década
La fama adquirida por este faraón se puede decir que la consiguió a los tres mil años de su muerte. Le tocó reinar para suceder a Akenaton y en los pocos años de su reinado, devolvió a Egipto a la ortodoxia del dios Amón.
Tutankamon reinó apenas una década de 1361 a 1352 a. C. y murió a la temprana edad de dieciocho años. Se da la circunstancia que fue elevado al trono con apenas 9 años de edad. Su muerte da lugar a muchas especulaciones, entre ellas la de su posible muerte por la enfermedad de la malaria, ya que en aquella época hubo una epidemia, y también por haberse encontrado en su momia signos evidentes de violencia, pero esto es ya tarea de otro artículo.
