El partido ya no pudo concluirse, ya no había necesidad de hacerlo. Quedaban unos minutos en disputa y River Plate empataba y necesitaba dos goles más para permanecer en la élite del balompié argentino. Dicen que nada es imposible pero viendo la desorganización para atacar del equipo rioplatense, anotar parecía utópico. Entonces, el balón dejó de rodar y la noticia se confirmó: River contendería la próxima temporada en el Torneo Nacional B.

Último partido de River Plate en Primera División

Los aficionados enfurecieron, ¿era para menos? Hace unos meses parecía un encarecido aviso, una advertencia poco graciosa. El club más ganador de Argentina no estaba bien situado. Todo lo contrario, había crisis monetaria y escasa imaginación en la cancha. Para hacer la tragedia menos dolorosa fueron aplazando los malos momentos: un día dejaron de participar en las competencias internacionales, luego ocuparon puestos bajos de la tabla de posiciones, al último jugaban la promoción para no descender.

La tarde del 26 de junio de 2011, River Plate, equipo con 110 años de edad, tenía nervios. Los forofos imprescindibles, tatuados con una franja roja sobre el pecho, exigían ganar costara lo que costara. Se anhelaban los goles de Saviola o Higuaín que un día alegraron tanto y tanto dinero dejaron; la clase de Aimar o en niveles más extremos la magia de Enzo Francescoli o del propio Alfredo di Stéfano.

Pero el milagro no apareció en el estadio Monumental, ni una pizca de buen juego pasó visitando los pies de los actuales jugadores millonarios. En eliminatoria a ida y vuelta, en la que se contendía por un lugar en la Primera División del fútbol argentino, River Plate perdió 1-3 ante el Atlético Belgrano.

Así, de los nervios se pasó a la histeria. Se comenzaron a romper los asientos del recinto para aventarlos a los futbolistas. Se agredía a los policías. Se buscaba la manera de golpear a los dirigentes de la institución, o por lo menos a sus familiares. Ya deshonrado el prestigio del club, la palabra “control” desapareció del mapa de muchos seguidores.

Momentos posteriores al partido, la policía rodeó a todo el plantel de River, necesitaban protección sobre el césped. Horas después los elementos, uno por uno, eran escoltados para intentar sacarlos del inmueble. ¿Dormirán tranquilos los futbolistas? ¿Podrán dormir? Maxi López, exgoleador de esta escuadra, no veía ni loco a River en segunda ¿Ahora lo verá?

La victoria le dio la espalda al cuadro de Buenos Aires; la derrota le hizo un guiño y se convirtió en una compañera perenne. La fama no se alejó, sigue ahí. River tuvo este fin de semana cobertura desde muchas latitudes del mundo. Y definían su caída como histórica, infernal, desastrosa, dramática, trágica y mucho más. Se le califica de manera extrema su situación.

El fantasma del descenso ahora es una realidad. Pero existe un bajo consuelo que apunta en dirección al archirrival: Boca Juniors. El siguiente campeonato, los xeneizes iniciarán con números inquietantes que también lo invitan a pensar en evitar el descenso. La historia de River Plate ahí continúa. Este amargo suceso tendrá que verse como un recuerdo más, y un difícil momento que no sólo atañe a un equipo, tal vez a todo el balompié argentino.