«El demonio bajo la piel» ahonda en uno de las temas más huidizos del séptimo arte: el masoquismo en el sexo femenino. Y lo hace a través de la mascarada sangrienta que provoca un psicópata. Pero tras el clímax asfixiante y bestial, sin cortapisas, del recorrido que hace este personaje entre diversos personajes y situaciones, destaca la belleza y el respeto con que el director Winterbottom trata esta peculiar perversión sexual.

Amar bajo golpes

La película exhibe el placer inmenso que sienten dos mujeres por el mismo hombre. Una prostituta de alto standing, que domina todas las artes amatorias, y una chica de pueblo, bastante convencional; ambas tienen en común la necesidad de que sus relaciones sexuales con el mismo hombre tengan una buena dosis de golpes antes de culminar satisfactoriamente el acto sexual. Todo en un marco de dulce sensualidad, de confianza extrema hacia quien las ama y golpea.

En un contexto de armonía, de amabilidad, de gran ternura, los golpes son indispensables para sentirse plenas. El «elegante sadismo» del joven que así las ama irá «in crescendo» hasta una crueldad ante las que ellas se paralizan: cuando empieza a golpearlas más de la cuenta reaccionan entre extasiadas y asombradas; por un lado el golpe desaforado les resulta grato, por otro lado la bestialidad del guapo galán resulta inesperada, paralizante, sorprendente. Quien las amaba con tanto esmero resulta ser un sádico sin piedad.

Masoquismo femenino

El tema del masoquismo fue especialmente estudiado a través del hombre que le dio nombre, Leopold Von Sacher Masoch (1836-1895), quien en su novela «La venus de las pieles» describió el placer que podía sentirse siendo el sumiso esclavo de una mujer. En 1886, un libro del psiquiatra Krafft-Ebing, «Psicopatía sexual», estrena este término a partir de las experiencias noveladas de Masoch. Pero en cuanto al placer masoquista en la mujer, visto desde una perspectiva femenina, no se sabrá nada hasta 1924 en que, desde el punto de vista psicoanalítico, se plantea un panorama de singulares características, hasta hoy tratadas como algo prohibido de lo que pocos se atreven a hablar.

En este año de 1924, la psiquiatra Helene Deutsch publica el primer libro sobre la sexualidad femenina que aparece en el medio analítico, «Psychanalyse des fonctions sexuelles de la femme». Allí define a la feminidad como una mezcla de pasividad, narcisismo y masoquismo. Sus estudios sobre este tema son nítidamente autobiográficos. Transforma el sufrimiento que experimentó en su relación con el dirigente socialista Lieberman en el paradigma del ser femenino. El masoquismo es, a su entender, «la más fuerte de todas las formas de amor». Una visión que no relaciona la sumisión del amor absoluto con los golpes imprescindibles, pero que muy pronto otros especialistas peribieroní esa necesidad en la que una mujer no encuentra completa la relación sin las «nalgadas» que, «rodeadas de ternura posterior y penetración sexual» conformen la más plena relación; para algunas mujeres recibir nalgadas tiene un gran potencial orgásmico a través del morbo del dolor físico.

La película «El demonio bajo la piel» obliga al espectador a presenciar varias escenas brutales, pero sobre todo una, la más larga, en la que el protagonista golpea con suma frialdad a una bellísima muchacha, quien al borde del colapso encontrará el colmo de la felicidad muriendo en sus brazos. Una historia de amor, un poema sadomasoquista, un terrorífico y bello testimonio de una rara manera de amar llevada a sus últimas consecuencias, que nada tienen que ver con el imaginadio aceptado socialmente a través de los sex-shop con su venta de látigos, esposas, mordazas y pinchos.