Los íntimos deseos y los deslices sexuales, las fantasías sobre determinados atributos viriles masculinos, y la justificación para conductas tan naturales como reprimidas socialmente, tienen a través de los mitos y leyendas populares una suerte de justificación y aceptación social.

El etnógrafo Juan B. Ambrosetti en su obra "Supersticiones y leyendas" (Ediciones Siglo Veinte, 1976) en el capítulo II denominado "Fantasmas de la selva misionera¨, refiere varias interesantes leyendas que tienen como eje a las mujeres y sus deslices sexuales.

El Yasy-Yateré y el bastón de oro

Según algunas versiones, sería un enano rubio, bonito, que anda por el mundo cubierto con un sombrero de paja y llevando un bastón de oro en la mano, tiene la particular costumbre de robar a los niños de pecho llevándolos al monte, para lamerlos y jugar con ellos, y luego dejarlos abandonados y cubiertos de enredaderas (pag. 45).

Lo interesante de esta leyenda y que la relaciona con el tema, es que también rapta a las muchachas bonitas, para hacerles algo similar pero más efusivo, ya que la consecuencia posterior es un embarazo. Probablemente esta leyenda, haya tenido origen en la necesidad de justificar algunos deslices amorosos con consecuencias no deseadas.

Agrega el autor que si algún mortal logra arrebatarle el bastón de oro al Yasy – Yateré, adquirirá de hecho sus cualidades de tenorio afortunado (pag. 46).

El Curupí y su desmesurado miembro viril

Persigue a las mujeres que a la hora de la siesta concurren al monte a buscar leña, y se dice que sólo a su vista las mujeres se vuelven locas. Cabe agregar que este personaje con cara de oveja, fuerte y de baja estatura, tiene por llamativa distinción, un desarrollo desmesurado de su órgano viril, que hasta le permite enlazar con él a las personas (pag. 51).

Í – porá, el fantasma del agua

Menciona Ambrosetti en la página 56 de su obra, que esta denominación se aplica a todo ser fantástico relacionado con el agua. Recoge entonces, una leyenda sobre una joven, que fue a bañarse a una laguna y desapareció. Los padres de la joven recurrieron a un médico brujo, quién efectuó a la orilla de la laguna una serie de oraciones y exorcismos, recobrando posteriormente a la joven, con su cuerpo cubierto de rasguños.

La joven, luego de reponerse confesó, que al meterse al agua se le apareció el Ï – porá, que a sus ojos era un ser grande y negro, que la tomó y llevó diciéndole que hacia mucho tiempo que la deseaba y estaba acechándola.

Chumpall, la bellisima dama y su doble masculino

Por su parte Alberto Vuletin, cartógrafo y filólogo que recopiló en su obra "Huecuvumapu, curanderos, hechiceros y mitos de la Patagonia y de tierra del fuego" (Gardenia editora, 1982) muchos mitos y leyendas patagónicos, nos refiere la leyenda de un ser fantástico femenino que tiene como novedad su contraparte masculina.

Se la describe, como una bella mujer habitante de las lagunas patagónicas, que sale del agua a la madrugada o según otras versiones al medio día, para peinar su enorme cabellera rubia con un peine de oro, agrega, que tiene las manos y los pies como las patas de las ánades (patos) y que aparentemente su mirada deja ciegas a las personas.

Al parecer estos detalles, son obviados por algunos hombres, ya que la bella mujer brinda fácilmente su amor a los jóvenes a los que luego llena de riquezas. Su doble masculino tiene los mismos hábitos por lo que permite a muchas muchachas, disculpar socialmente sus deslices juveniles.

Las motivaciones pasionales de estos seres fantásticos, son refrendadas en la variante de la leyenda que habla sobre dos hermanas, que estaban por bañarse en el lago, cuando una de ellas desapareció arrastrada por el monstruo sin que se supiera nada de ella.

Un año largo después, la joven apareció de improviso, con una criatura de la mano, producto de su unión con el monstruo lacustre.

El Trauco y sus fluídos afrodisíacos

Es un personaje mitológico mencionado en la página 137 de la citada obra de Vuletin, quien lo describe con forma de hombrecillo que habita en los bosques patagónicos, al que le gustan mucho las doncellas, tal es así que interesado en alguna, puede emitir un fluído sexual que la atrae irremisiblemente, para luego llevarla a sus dominios. Este mito salvador tiene la particularidad de permir a las madres, cubrir la supuesta deshonra social de sus hijas, atribuyendole al Trauco, la razón de la infausta noticia.