El cuerpo habla a partir de los gestos y expresiones que, siendo en gran parte inconscientes, son difíciles de controlar.

No es posible evitar “ponerse colorado”, pero sí se puede tener un poco de control de la boca y las manos.

Las manos hablan con los gestos

Las manos son capaces de ofrecer un completo código de comunicación silencioso.

Permiten expresar y comprender lenguajes especializados como el Braille de los no videntes y el código gestual de los sordomudos.

Sin ser una convención social, hay gestos idénticos en todo el mundo, como por ejemplo la actitud de supremacía o posesiva.

El hombre, en su camino evolutivo, ha utilizado siempre la fuerza física para ejercer el control sobre la comunidad. La supremacía reclama una postura erecta, la misma utilizada por los primates en combate.

Hay movimientos de las manos que preparan la posición erecta, como la palma hacia abajo, de esta señal derivan gestos comunes como la mano golpeada sobre la mesa para reclamar atención, que en ámbitos judiciales es reemplazada por el martillo que decreta la sentencia.

Durante una discusión, si se alza la mano con la palma hacia arriba, significa agresividad, mientras que la palma hacia abajo expresa deseo de distensión y deferencia.

Apoyar las manos detrás de la cabeza, es un signo de voluntad de dominio, especialmente si se acompaña con una postura que agranda el pecho. En cambio, una sola mano detrás de la cabeza puede comunicar incerteza o frustración.

Comunicación a flor de labios

Junto a las manos, la boca es el mayor instrumento de comunicación del hombre. La complejidad de las interacciones musculares presentes en los labios y en la boca, ofrecen infinitas posibilidades de manifestar emociones.

Algunas expresiones de la cara pertenecen al patrimonio heredado de nuestros antecesores: apretar los labios, morder el labio inferior, bostezar y deglutir son gestos que tienen un significado antropológico y social.

La compresión de los labios es controlada por el sistema límbico, la parte del cerebro que regula las emociones. Las expresiones que provienen de esta zona son más sinceras que las palabras y son consideradas como “máquinas de la verdad” naturales.

Fruncir los labios o asomar la lengua por entre ellos son gestos de falta de convicción. En ambos casos, esta señal no verbal tiene una relación neurológica con las áreas cerebrales del lenguaje, como la amígdala y el nervio hipogloso. La estimulación de esta zona lleva a movimientos inconscientes de la lengua similares a cuando se prueba un sabor.

Los movimientos traicioneros de la nuez de Adán

En situaciones percibidas como peligrosas, el cerebro “ordena” a la garganta que se cierre, causando la contracción de los músculos respiratorios; una mayor presión del aire contra la glotis seguida de una rápida reapertura hace vibrar las cuerdas vocales, produciendo el sonido sordo de la garganta durante una fuerte deglución.

Del mismo modo, una fuerte emoción produce un “nudo en la garganta” que hace vacilar y balbucear revelando el estado de ánimo en situaciones de compromiso emotivo.

Morder: un instinto muy humano

La boca es el espejo de sentimientos y pensamientos: un instrumento completo que permite comunicar rabia, ansia, disponibilidad o amor.

El órgano bucal es una potente arma para morder el alimento o para agredir. La constitución humana está naturalmente predispuesta al uso de la boca como arma.

Los estímulos de rabia provenientes del cerebro actúan directamente sobre los músculos de la mandíbula que, a través del trigémino, tornan difícilmente controlable en instinto humano de morder.

Controlar las reacciones no verbales de las propias emociones es un trabajo que compromete diversas funciones cerebrales.

El control voluntario de las expresiones faciales distrae la atención, al punto de influir negativamente sobre la memoria y la concentración.