Pocas personas, por no decir ninguna- al menos en el mundo occidental -, han dejado de oír la inquietante historia de esta niña ataviada con una hermosa y llamativa caperuza encarnada, que se atreve a cruzar un frondoso bosque para atender a su solitaria abuela.

Las diferentes versiones que hoy día se escuchan no son más que variantes de antiguas leyendas, que a su vez diferían entre si dependiendo del lugar en donde los numerosas cuentacuentos profiriesen al entusiasmado público la tenebrosa historia.

Desde entonces, literatura, cine, cómic y todos los formatos imaginables, le han dedicado cientos de horas a la aguerrida, a la par que ingenua y bella, jovencita.

Cuando Caperucita no tenía nombre

Aunque es imposible saber cuándo el cuento tomó forma- probablemente paso a paso a lo largo de los siglos- sí que existe un referente literario, aunque posterior al clásico de Perrault: “La Falsa Abuela”, recogido por Paul Delarue, que no es más que una transcripción de alguna de las populosas versiones (más de treinta no “contaminadas” por la versión de Perrault, según el propio autor) que circulaban por Centroeuropa, y quién sabe ya si habían cruzado el charco.

En muchas de estas, muy truculentas, el bzou (una suerte de hombre lobo) engañaba a la niña sin nombre para que devorase los restos de su abuela, ataviado con las ropas esta.

Caperucita empieza a tomar forma

El autor francés Charles Perrault incluyó el temible drama de Caperucita Roja en su tomo “Historias o Cuentos del Pasado”, de 1697.

Se abstuvo de incluir los detalles de canibalismo, quizá porque pretendía dotar a la historia de un factor instructivo, como así hizo, incluyendo una moraleja sobre los inconvenientes de confiar en extraños, así como de desobedecer los consejos paternales.

A la vez que contenía los rasgos medievales- el bosque y los animales son el peligro; la ciudad, la seguridad personificada -, el francés dotaba a la historia de moraleja, esta vez de índole sexual, ya que el lobo no era otra cosa que una encarnación de los hombres sedientos de jovencitas.

Caperucita pagaba con la muerte su desobediencia e ingenuidad en esta versión.

Los hermanos Grimm moldean definitivamente a Caperucita

En “Cuentos para la Infancia y el Hogar” (1812), de los alemanes Grimm la historia, aunque se suaviza ostensiblemente, Caperucita se moldea casi de manera total, cosa que ocurre en “Cuentos de Hadas de los Hermanos Grimm”, donde de nuevo se ofrece la fábula, esta vez con menos sangre.

El motivo de la nueva versión es que el relato había escandalizado a toda Europa y América, porque la obra de los Grimm, en un principio, no iba dirigida al público infantil, así que no tomaron medidas para llegar a él sin problemas.

Los Grimm estaban más interesados en este tipo de historias, casi todas pertenecientes al folclore teutón, para reivindicar el carácter alemán, ante el avance de las tropas napoleónicas. Es decir: se trataba de una obra patriótica, con lo que no era necesaria la moraleja ni el final feliz (aunque este sí fue incluido).

Caperucita en el cine

Desde una temprana adaptación en un cortometraje mudo protagonizado por la estrella del momento, Mary Pickford, pasando por una versión musical dirigida por Adam Brooks con la presencia de Isabela Rossellini, hasta la visión adolescente del filme de Catherine Hardwicke- realizadora de la famosísima “Crepúsculo” -Caperucita Roja no ha tenido demasiada suerte en la gran pantalla, y esto es probablemente debido a que, inexplicablemente, Walt Disney no ha realizado ninguna versión, quizás temeroso de tan escabrosa historia.

Mención aparte merece “En Compañía de Lobos”, de Neil Jordan, una oscura visión del cuento, más de acorde con los inicios del mismo, que se centra en el tema sexual y fantástico del mito.

Rodeado de un magnífico envoltorio, en el film aparece de nuevo el bzou, y un sinfín de seres de pesadilla entremezclados con reminiscencias de diversos cuentos.

Y es que Caperucita, ideado como un cuento de terror a la luz de las hogueras en poblados devastados por la peste, da todavía para mucho.