De todos los cuentos que compilaron tanto Charles Perrault como los hermanos Grimm, del que se tiene una constancia de mayor antigüedad es el que nos ocupa. Además, “Cenicienta” es conocido, con sus múltiples variaciones, diferentes nombres e incluso con versiones en ambos sexos, en todo el globo, lo que supone un caso solo comparable al de la leyenda del Diluvio Universal.

El origen de esta historia sobre una joven maltratada por sus parientes se pierde en la noche de los tiempos, siendo tan probable su cuna egipcia, persa, africana o china, como- aunque parezca mentira – americana, pero parece claro que las modalidades europeas ya se heredaron de la Yeh Shen china. El motivo es que la fijación que la historia desarrolla en la importancia de los pies pequeños de Cenicienta como sinónimo de feminidad y belleza parece una clara traslación de la antigua costumbre de aquel país de vendar los pies de las mujeres para impedir su normal desarrollo, pero cabe restañar que en diferentes variantes, el objeto se trata de pulseras, brazaletes, anillos (en la India), incluso comida, como la versión africana de Makanda Mhalanu. En la historia irlandesa de Billy Beg, como su propio nombre lo indica, Cenicienta es un hombre que va montado en un toro que posee poderes mágicos. Pero esto no es nada: se han recogido más de 500 versiones en todo el mundo. Casi nada.

Motivos principales y coincidencias en las diferentes “Cenicientas”

Con tanta diferencia de culturas e idiomas podría pensarse que una variante centroeuropea y su homóloga china serían parientes irreconocibles, pero no es así; parece haber un patrón común y universal en este prolífico mito: sea varón o fémina, casi siempre es un personaje maltratado por familiares, ya sean de sangre o políticos. Además, son sus diversas virtudes (belleza, bondad, valentía, etc.) las que consiguen seducir al príncipe o princesa azul de turno en detrimento de los siempre crueles familiares.

En prácticamente todas las culturas, la magia es fundamental para los propósitos de Cenicienta, ya sea en forma de peces dorados, pájaros, palomas, restos de animales o hadas madrinas, invento este del francés Perrault, quien definió para siempre el mito a su imagen y semejanza.

"La cenicienta" de Charles Perrault

Como la versión de Walt Disney estuvo basada sin ambages en la que escribió Perrault en “Cuentos de Mamá Oca”, esta es la más popular en todo el mundo, amén de ser una opción tremendamente edulcorada de la vieja leyenda. En ella, ni la madrastra ni sus malvadas hijas son castigadas en absoluto por su comportamiento. Es más, Cenicienta las ayuda a encontrar excelentes maridos en la que ya es su corte.

La inclusión del hada, la calabaza convertida en carruaje, las ratitas en corceles, un ratón en cochero, lagartos en lacayos y la hora mágica de las doce de la medianoche como tope son motivos universalmente conocidos por niños de varias generaciones.

"La Cenicienta" de los hermanos Grimm

Más ceñida a la tradición es la de los hermanos alemanes, quienes no esconden el trágico final de la madrastra y sus hijas, a quienes las palomas (todo el género aviar se alía con Cenicienta) les arrancan los ojos. Anteriormente se habían mutilado gravemente los pies con tal de hacerlos caber en el dichoso zapatito.

Tanto en la versión de Perrault como en la de los Grimm, el padre de Cenicienta es un pelele en manos de su nueva esposa, incapaz de hacer frente a sus injusticias para con su hija carnal.

Moraleja en “Cenicienta”

Perrault las escribía al final de cada relato, dejando claro el motivo didáctico de su popularísima obra, pero el mensaje intrínseco de la fábula asemeja un tanto triste: todo el esfuerzo y trabajo, la bondad y resignación no le sirven de nada a la muchacha esclavizada; sino fuese por la intercesión de la acción mágica y su belleza innata no hubiese conseguido llegar a lo más alto del escalafón social y muy probablemente acabaría sus días como sierva de sus deleznables parientes. Triste, pero sumamente esclarecedor.