Frecuentemente, en los airados debates entre favorables de la energía nuclear y detractores de la misma, las disputas giran en torno a dos argumentos: El menor costo en la obtención de energía eléctrica respecto a cualquier otro tipo de fuente, defendido por los primeros, y el elevado riesgo medioambiental y social que ello supone, defendido por los segundos. En este punto, conviene centrar el debate para hacerlo más sencillo y ayudar a formar una opinión más rigurosa en torno a la energía nuclear y otras fuentes de energía existentes.

El costo social de la energía eléctrica

Lo primero es saber de qué se está hablando cuando la pregunta es qué energía resulta menos costosa. Así pues hablamos del costo social de la energía eléctrica, ya provenga esta de centrales nucleares, de una central de ciclo combinado, de una central hidráulica, de una central eólica o en una fotovoltaica entre cualquiera de todas las existentes.

El concepto de costo social de la energía eléctrica tendrá que ser global, esto es, aquel relacionado no solo con la cuenta de explotación de la central generadora o de la empresa que posea esa central. Se deben incluir todos los costes, los directos de la explotación (combustibles, costes laborables, mantenimiento) y también los indirectos derivados de la misma (contaminación y residuos, riesgo social, prima por agotamiento de recursos), estén o no internalizados por la propia empresa.

A estos costes globales de explotación habría que añadir los de capital, que no son otra cosa que toda la inversión necesaria para disponer de los terrenos, instalaciones y equipos oportunos.

Costo y rentabilidad de la energía eléctrica

Conviene no confundir el costo de la generación de energía eléctrica en una central determinada, ni con el comentado costo social, ni con la rentabilidad de dicha central. La rentabilidad depende a su vez de los costes y de los ingresos, mientras que estos últimos de los precios de mercado y de las subvenciones concedidas. Ver precios y costes, según un informe de Mayo de 2008 realizado por la CNE para la última revisión de la tarifa eléctrica en España.

En un mundo ideal, sin contaminación, sin dificultades en la apuesta por el I+D, sin prácticas monopolistas y demás distorsiones propias del mercado; los precios serían buenos indicadores de la escasez y abundancia de un recurso. Incluso en un mundo con esas complejidades, pero con una regulación simple y clara, la rentabilidad privada podría servirnos para determinar qué fuente de energía reporta mayores beneficios para la sociedad, al coincidir esta con la rentabilidad social.

Desgraciadamente la realidad no funciona así y es por ello por lo que se conceden subvenciones a la explotación y a la inversión en fuentes de energía diferentes de las basadas en combustibles fósiles. Al menos desde un enfoque teórico, que una energía sea menos costosa o más rentable en el mercado no significa que sea más recomendable socialmente.

Factores específicos de la energía nuclear

Las centrales nucleares gozan de bajos costes de explotación en la parte que corresponde a las materias primas y los costes laborales, en cambio las inversiones en capital son muy elevadas. Además cabe tener en cuenta los costes derivados de la generación de residuos nucleares y el fuerte riesgo de desastres ecológicos y sociales que estos, más la propia explotación de la central, conllevaría. La valoración de ese riesgo supone un punto tremendamente complejo.

En definitiva, al abordar qué fuente de energía es más conveniente para la obtención de electricidad, debemos tener en cuenta diversos factores de alcance biológico, técnico y social. No es un tema simple y, cada vez más, todo indica que los problemas de abastecimiento eléctrico deban encaminarse hacia políticas de diversificación de las fuentes y, sobre todo, al incentivo en nuevos hábitos de consumo que permitan contener o reducir las necesidades de generación eléctrica.