Desde la guerra del golfo se sabe que Hussein es un megalómano, cuando se conocieron los primeros testimonios que hablaban de los increíbles despliegues de lujo en sus palacios y de las innumerables e imponentes estatuas dispersas por todo Iraq representándolo como uno de los más grandes héroes de la historia contemporánea.

El delirio de Sadam Hussein superó todos los límites cuando se descubrió una copia del Corán escrita íntegramente con la sangre del exdictador.

Este Corán de 114 capítulos y más de 300.000 palabras sería custodiado por decisión del mismo Hussein en una cripta de la gran mezquita de Bagdad que hasta hoy había estado seguro, lejos de miradas indiscretas.

Historia del Corán de Hussein

El origen de la obra es macabro. Saddam, después de que su hijo mayor Uday, escapó por milagro de un atentado, decide acercarse al islamismo. Desde fines de los años 90 y por dos años, se habría hecho extraer 27 litros de sangre con la asistencia de su enfermero de confianza y un calígrafo. Este último habría sido el encargado de copiar el Corán delante de los propios ojos del dictador. Después de más de 10 años, el calígrafo no quiere hablar sobre el argumento.

Debate político en Iraq

El volumen habría sido entregado en las manos del difunto dictador a principios del 2000. Para proteger la obra, Saddam hizo construir delante de la cripta de la mezquita tres grandes puertas blindadas, cuyas llaves fueron confiadas a varias personalidades religiosas y civiles del país, de modo que ninguno en forma solitaria, pudiese tomar la “reliquia”.

La revelación pública de la existencia de esta increíble obra está provocando agitación entre los políticos iraquíes. Algunos de ellos quisieran conservar la obra, como memoria futura, para demostrar cuál era el grado de locura que había alcanzado la mente de Hussein, mientras otros quisieran destruir el libro para enterrar un pasado macabro y lleno de fantasmas.

Testimonios que hablan del libro de Saddam

Por ahora el Corán de sangre continúa dentro de la cripta. Como han hecho notar algunos religiosos, destruirlo podría reencender la cólera de los antiguos seguidores del movimiento político de Saddam, que hasta el día de hoy continúan organizando numerosos atentados en el país.

“Aquello que es custodiado en la mezquita es una obra única”, explica el sheik Ahmed al-Samarrai, jefe del Fondo de las subvenciones sunnitas, en un artículo publicado el pasado 19 de diciembre en el diario londinense The Guardian. El sheik, no obstante la reputación de la obra, desaprueba la idea del exdictador.

Sin embargo el gobierno de Nour al-Maliki parece orientarse a la conservación y exposición de la obra. “No todo lo que ha sido hecho durante el antiguo régimen debe ser destruido”, declara Ali al-Moussawi, portavoz del premier.

Naturalmente las estatuas que simbolizaban la vieja dictadura han sido destruidas justamente. Pero se debería conservar la obra de Hussein como testimonio de su brutalidad. En un futuro, podría ser conservada en un museo privado, como los existentes en Europa que muestran evidencias de las dictaduras de Hitler y Stalin.