La piel de África está cosida a cicatrices. Aunque muchas aún son heridas abiertas. Como la brecha sangrante del Congo. En el mismo corazón del continente. El Congo sigue siendo "el corazón de las tinieblas", como en la enigmática novela de Joseph Conrad.

Estaño, tántalo, oro, niobio, tungsteno... Los "minerales de sangre" son el telón de fondo de esta guerra interminable y brutal. Madelaine Albright la bautizó como la "guerra mundial africana" por la implicación directa de varios países vecinos y de los intereses de Occidente, que se beneficia del flujo de minerales para su industria tecnológica.

El origen de la guerra del Congo

Los conflictos mal resueltos generan nuevas colisiones. El problema congoleño hunde sus raíces en la segunda Guerra del Congo (1998-2003), posterior al genocidio ruandés. En efecto, la guerra actual permite a las grandes potencias continuar el saqueo de los recursos mineros del país subsahariano.

La excusa perfecta para volver la vista a otro lado está en que es una guerra retroalimentada por los constantes conflictos étnicos. Pero en realidad, estos enfrentamientos son el fruto de unas políticas que podríamos calificar de maquiavélicas.

Para entender las raíces de la guerra, basta enfocar la atención a las masivas inmigraciones que ha sufrido este país a lo largo del siglo XX:

  • la primera oleada se remonta a principios de siglo, fomentada por Bélgica, interesada en una mano de obra dócil;
  • la segunda ola data de la época de la independencia, con Mobuto (1960), fecha en la que el país pasó a denominarse Zaire;
  • la tercera se produce a consecuencia del genocidio ruandés de 1994 (los milicias se refugiaron en esta zona y el gobierno de Rwanda apoyó a las fuerzas rebeldes congoleñas).
El periodista Johann Hari lo sintetiza de forma muy clara: "El único cambio a través de las décadas ha sido qué recursos naturales se buscan para consumo occidental: caucho bajo los belgas, diamantes bajo Mobutu y ahora coltán y casiterita" (The Hamilton Spectator, 13 de mayo de 2006).

El coltán del Congo: la manzana de la discordia

El niobio y el coltán (abreviatura de colombio y tántalo) son indispensables en la fabricación de los teléfonos móviles. Empresas tecnológicas transforman el coltán en tantalio en polvo y lo venden a compañías como Nokia, Motorola, Compaq, Sony y otros fabricantes... Si el 80% de las reservas mundiales de Coltán están en el Congo, es fácil entender porqué los ojos de las grandes potencias (USA, China, Alemania o Japón) están puestos en las montañas de Kivu.

Lo denuncian escritores como Alberto Vázquez Figueroa: "Si se paraliza la guerra, no se hace negocio con el coltán. Se quedaría en el Congo. Quien controle el coltán, controlará nuestra vida"; o John Sobrino: "Si la comunidad internacional lo quisiera realmente, la guerra en la República Democrática del Congo terminaría en pocos días".

Con el coltán, se hacen móviles, misiles y hasta videoconsolas. Por tanto, de alguna manera ¿no somos todos cómplices?

Los testimonios de los congoleños

Hay un dato escalofriante. Congo es el país con más violaciones del mundo, perpetradas por guerrilleros, renegados del M23, tropas gubernamentales, incluso "cascos azules" (el historial de abusos sexuales de las "tropas de paz" es atroz). Se busca humillar al enemigo. La violación denigra a la mujer, deshonra al marido y a los hijos; destruye la familia. La violación es un arma de guerra.

Julienne, viuda y madre de siete hijos recuerda: "Fui atacada y violada por un hombre armado la primavera pasada... El dolor del cuerpo no tardó en desaparecer, pero vivir con el recuerdo de lo que pasó es una tortura... Lo único que me hace sentirme mejor es ver a los niños jugar. Eso me da esperanza. Me ayuda a no pensar."

El doctor Mukwe afirma que reciben amenazas de todos los combatientes: "Los rebeldes nos acusan de atender a los soldados del otro bando. Y el ejército nos culpa de todo tipo de vilezas". Este mismo ejército no duda en reclutar niños soldados que viven un auténtico infierno. Prince, uno de ellos, cuenta: "Cocinábamos para la tropa y nos golpeaban salvajemente si el rancho no les gustaba. Me escapé... Solo espero que mi familia pueda pagarme la escuela algún día".

Tras testimonios como estos (XL Semanal, nº 1317), resuena el eco de las últimas palabras del capitán Kurtz:"The horror, the horror..." en la obra de Conrad, El corazón de las tinieblas. ¿Cuáles serán nuestras últimas palabras?

Las mujeres: la esperanza de África

Pero la esperanza siempre encuentra resquicios por donde colarse. En Liberia, Leymah Gbowee, (líder de una protesta que acabó con una guerra de 14 años y Premio Nobel de la Paz 2011) sigue alzando su voz: "Nosotras las mujeres, las madres, las hermanas, estamos hartas de tanta muerte y destrucción. Hartas de ver morir a nuestros hijos, de que pasen hambre, de que nos violen y asesinen. Hartas de la guerra... Si hay cambios imposibles en una sociedad, son las madres las que pueden conseguirlos".

Y, cuando miles de madres encienden su luz, las tinieblas acaban cediendo terreno, siempre.

Bibliografía:

  • Labarthe, Gilles (2007) : "El oro africano. Saqueo, tráfico y comercio internacional". Dossiers Noirs, 22. Agone, Survie Oxfam.
  • Chesnais, Jean-Claude (1987): La revanche du tiers-monde. Éditions Robert Laffont. París. / En español (1988): La revancha del tercer mundo. Editorial Planeta.Barcelona.
  • Mària, Josep F. y Devuyst, Enmanuelle (2013): "Las minas del rey Leopoldo". Cuadernos CJ. Cristianisme i Justícia. Barcelona.