Desde su origen etimológico hasta sus significados actuales, este complejo vocablo ha recorrido un largo camino.

Etimología de la palabra "cultura" y primeros significados

Proviene del latín cultus, participio de colere que significa cultivar, cuidar del campo o del ganado.

Hacia el siglo XIII, el vocablo se utilizaba para designar una parcela cultivada. Posteriormente su significado deriva de referirse a un estado a designar una acción: cultivar la tierra o cuidar el ganado. De aquí provienen palabras castellanas del tipo agricultura, apicultura, piscicultura, vinicultura, puericultura, entre otras.

En el siglo XVI y especialmente en el XVII, el término comienza a emplearse en un sentido figurado para referirse al cultivo de cualquier facultad.

Evolución del significado y primeras controversias

A partir del siglo XVIII, el Siglo de las Luces, este vocablo adquiere toda la carga significativa que posee en la actualidad. Por cultura se entenderá, a partir de entonces, el conjunto de los conocimientos y saberes acumulados por la humanidad a lo largo de sus milenios de historia, y la formación de la mente humana a través de la adquisición de los mismos.

Pero es también a partir de este momento cuando empiezan a surgir divergencias a la hora de emplear este término. Así, mientras que en el contexto de la Ilustración comienza a utilizarse el término cultura como sinónimo de civilización, asimilando este concepto con el progreso, en Alemania se impone una concepción más relativista de la historia, separando el significado de ambas palabras.

Como ocurre con cualquier realidad relativa al ser humano, la complejidad de la cultura, su misma definición y los campos que abarca han sido objeto de estudio y controversia desde hace más de un siglo, principalmente en el ámbito de las Ciencias Sociales.

El concepto "cultura" en las Ciencias Sociales

Las primeras acepciones de este término en las Ciencias Sociales se producen a mediados del siglo XIX, fundamentalmente dentro del campo de la Filosofía. En este momento, la Sociología y la Antropología eran todavía disciplinas incipientes. Será esta última, en cambio, la que, años más tarde, adopte el concepto para convertirlo en su objeto principal de estudio.

No obstante, esta centralización de los objetivos antropológicos en desentrañar los misterios del origen, función, rasgos definitorios y características de las distintas culturas no ha bastado para unificar criterios ni metodología en relación a su estudio. Más bien todo lo contrario.

Desde los albores de la ciencia antropológica, el concepto de cultura y la forma de enfrentar su investigación han suscitado importantes discrepancias entre las diferentes corrientes de la disciplina.

La cultura como objeto de estudio

Será la Antropología Cultural la que finalmente se encargue del estudio de la cultura. Pero la propia nomenclatura de la disciplina ha provocado también discrepancias entre las distintas escuelas.

Llamada preferentemente Antropología Social en los círculos académicos británicos, Antropología Cultural en la escuela norteamericana y Etnología en la francesa, para algunos autores estos términos solo son distintas maneras de nombrar una misma disciplina, mientras otros establecen diferencias entre ellos.

Así, la Antropología Social centraría su estudio fundamentalmente en las estructuras sociales, la Antropología Cultural en los rasgos y pautas culturales de las distintas comunidades comparando sus diferencias y la Etnología basaría su investigación en el estudio de pueblos distantes y, técnicamente, menos desarrollados, siguiendo un método comparativo semejante al de la Antropología Cultural.

De esta manera, Radcliffe-Brown, antropólogo social británico, consideraba una disciplina diferente la que realizaba Franz Boas, antropólogo cultural norteamericano, mientras que Cifford Geertz opinaba que el objeto de la antropología como disciplina, sin hacer distinciones, era estudiar la diversidad cultural en todas sus facetas a través de la observación de la conducta humana en su contexto cultural.

Finalidad del estudio de la cultura

En cualquier caso, podríamos afirmar que todas estas tendencias han tenido y tienen en común, como finalidad primordial, la inquietud por desentrañar los misterios de la compleja naturaleza social del hombre y sus múltiples manifestaciones. Difieren en el camino a tomar para conseguirlo. No hay que olvidar que el antropólogo, como cualquier ser humano, también pertenece a una determinada cultura que modela su pensamiento y sus inquietudes.

Es posible que llegar a una conclusión absoluta en esta materia sea imposible, pero también es cierto que el debate y las discrepancias enriquecen el conocimiento. La variedad de aportaciones, a lo largo de este siglo y medio por parte de los antropólogos de las distintas tendencias, ha permitido una mayor aproximación a la esencia de ese a veces gran desconocido, el ser humano, y a su creación, la cultura.