Los estudios realizados con gemelos monocigóticos (idénticos), cuando los separan para educarlos con familias diferentes, demuestran que en la edad adulta son mucho más parecidos entre ellos (en autoritarismo, conservadurismo, depresión, inteligencia o alcoholismo), que aquellos otros gemelos que no son idénticos, aunque se estén criando juntos.

Se ha observado también que los niños adoptados, de adultos, se parecen mucho más en su forma de ser a sus padres biológicos que a los padres adoptivos.

Los genes influyen sobre el Coeficiente Intelectual

Aunque se ha confirmado la influencia de los factores genéticos y ambientales en el coeficiente intelectual, las diferencias genéticas explican el 50% de la varianza del coeficiente intelectual.

Se hereda el talento, el temperamento, también los andares, en ocasiones, típicos de una familia. Existen frases típicas como “de tal palo tal astilla”, “de tal padre tal hijo”, o “de casta le viene al galgo”, que son dichos populares acertados, que asumen la herencia de los rasgos de la conducta al igual que la de los rasgos físicos.

Por su parte, Galton, que fue el primero en estudiar la herencia de los caracteres mentales, descubrió un mayor número de personas inteligentes dentro de familias dotadas de gran capacidad intelectual.

Los sucesos de la infancia no son siempre los culpables

Existen estudios que avalan que los acontecimientos de la infancia no siempre son los responsables de los problemas en la edad adulta, aunque muchas investigaciones se han centrado sólo en la época infantil, infravalorando la influencia de los genes.

Y, así, se ha comprobado, asimismo, que padres criminales pueden trasmitir genes que induzcan al crimen, por lo que, a veces, los hijos delincuentes, o los que maltratan, lo hacen más debido a su propia naturaleza que a la educación que han recibido de pequeños.

Genética y Ambiente en el abuso sexual

Se han realizado estudios que demuestran que un elevado porcentaje de los padres que abusan de sus hijos, también sufrieron abusos sexuales por parte de sus respectivos padres. Este hecho se explica porque algunas personas que de niños han vivido una situación anómala, con impotencia, rabia y frustración, en la edad adulta pueden reaccionar de forma destructiva ante esa misma situación, repitiendo los patrones.

En cambio, otras investigaciones encuentran la implicación de factores genéticos, porque el abuso sexual puede producirse en familias con rasgos emocionalmente inestables y con desequilibrios en el humor.

La educación influye en la naturaleza humana

La naturaleza humana, definida por su herencia genética, abarca una serie de posibilidades que interaccionan necesariamente con influencias ambientales como, por ejemplo, la educación.

Al nacer no se poseen funciones psicológicas concretas, pero la educación va a facilitar su adquisición, aunque ésta, a su vez, va a depender de la reactividad de la persona que la recibe, que está basaba en su genética.

En cambio, la genética, por su parte, limita, a veces, las posibilidades de la educación. Y, así, según el doctor José Manuel Rodríguez Delgado, se ha observado que “los niños con temperamento inhibido que tienen padres autoritarios, desarrollan personalidades excesivamente rígidas y estrictas, mientras que, por el contrario, los niños poco inhibidos criados en un ambiente similar, de adultos, son más flexibles y menos rígidos”.

La capacidad de aprender puede tener una base genética

Existen personas con una enorme sensibilidad receptiva, que aprenden con facilidad música, matemáticas u otras disciplinas y hay datos científicos que avalan que dichas capacidades pueden ser innatas, es decir, que tienen una explicación en la base genética de las personas. Un caso paradigmático de gran capacidad para aprender música es el de Mozart, que a los cinco años ya componía y tocaba el piano.

Por tanto, es muy importante conocer estas capacidades heredadas del niño, a fin de canalizar el aprendizaje hacia ellas y desarrollarlas.

Ni genes, ni ambiente, determinan el destino aisladamente

Una conducta determinada genéticamente puede ser evitada, o mejorada, a través de intervenciones ambientales. Si se realiza un tratamiento ambiental efectivo, aunque la conducta esté realmente influida por la herencia, puede cambiarse.

Por su parte, el ambiente social en la infancia tampoco es determinante en la vida. Un ejemplo de ello lo tenemos en la historia de George Bernard Shaw, el cual nació en un barrio muy pobre de Dublín, era hijo de un padre borracho sin trabajo y de una madre huraña, carente de amor, y, para colmo, fue educado en una mala escuela. Con estos antecedentes nadie hubiera imaginado que llegaría a ser uno de los mejores escritores de la época moderna y premio Nobel de literatura en 1925.

O sea, que las conductas requieren tanto de la participación de los genes como del ambiente y, además, es posible determinar las aportaciones concretas de cada uno de estos dos factores.