El cometa Halley es uno de los cometas más famosos, ya que se trata de un cometa “de lujo”, más grande de lo normal y capaz de desprender una cola enorme. Además, es el cometa que más veces ha podido ser visto desde la Tierra, existiendo referencias suyas desde el 240 a.C.

Lo más notable en él es su capacidad de perdurar: con el tiempo, los cometas se gastan hasta perder enteramente la cola (al fin y al cabo, la cola es un cúmulo de materia proveniente del asteroide que forma el cometa). Según los cálculos de un astrónomo checo (Kresak), el cometa Halley debería desintegrarse al cabo de 8 ó 10 revoluciones. Sin embargo, se conocen al menos 30 órbitas del cometa Halley, y continúa gozando de una “excelente salud”. A día de hoy, aún no se sabe a qué es debida esta tremenda vitalidad.

Estructura de un cometa

Todos los años se descubren entre 12 y 18 cometas, pero sólo tres o cuatro son observables con unos prismáticos corrientes, y sólo cada tres o cuatro años surge uno visible a simple vista. Además, hay que tener en cuenta que debido a la contaminación lumínica, este porcentaje se reduce en las cercanías de las grandes ciudades.

Los cometas tienen su origen en los cinturones de asteroides del Sistema Solar. Dichos cinturones se formaron en los orígenes de la Vía Láctea, con fragmentos que deberían haber formado un planeta pero que no lo hicieron debido a los efectos gravitacionales de otros planetas. Uno de estos cinturones, el “cinturón de asteroides” o “cinturón principal”, situado entre Júpiter y Marte, es el origen del 99,8 % de los asteroides que alcanzan la superficie de la Tierra. Sin embargo, el cometa Halley tiene su origen en un cinturón menor, situado en torno al Sistema Solar, y formado por objetos helados: el cinturón de Kuiper.

El cometa Halley consta de un núcleo helado proveniente de dicho cinturón. Su composición es, básicamente, cristalitos de nieve (nieve de agua, de CO2 y de metano), mezclados con polvo de silicatos (como la arena de una playa) y polvo de carbono. Al acercarse al Sol, el calor sublima el hielo y el vapor que se desprende arrastra consigo los granitos de polvo, dando lugar a la cabellera del cometa (o cola). Hay colas que han llegado a alcanzar 300 millones de kilómetros de largo.

Las órbitas de los cometas

Para que un cuerpo abandone su posición “normal”, es necesario que haya algún tipo de fuerza que lo impulse. En los cinturones de asteroides, esta fuerza puede provenir del choque con otro cuerpo, haciendo que el primero salga expulsado al exterior. Una vez ha ocurrido esto, dichos cuerpos sufren la fuerza de la gravedad del Sol y de los demás planetas y planetoides del Sistema Solar. Muchos de ellos colisionan con otros planetas o son “tragados” por el Sol, pero cuando poseen una masa lo suficientemente grande, pueden entrar “en órbita”.

La órbita de los planetas son elipses muy poco excéntricas, pero las de los cometas son órbitas muy alargadas, tanto, que la mayoría de las veces no se puede saber de dónde vienen o a dónde van tras su visita al Sol. Pero, en ocasiones, los cometas pueden ver afectada su trayectoria al pasar cerca de algún planeta: la órbita se convierte así en una elipse más corta, permitiéndole repetir su visita al Sol con cierta frecuencia.

Sin embargo, incluso los cometas con órbitas más cortas tienen unas órbitas muy alargadas, y cuando se encuentran en el afelio (el punto más alejado del Sol), sufren temperaturas muy bajas. Pero luego, en el perihelio pasan a una distancia muy pequeña del Astro Rey: y este fortísimo calentamiento explica perfectamente la formación de las colas.

Otro detalle a tener en cuenta en cuanto a las órbitas de los cometas es que éstas pueden estar en cualquier plano del espacio, al contrario que las órbitas planetarias, todas comprendidas aproximadamente en el mismo plano. Esto corrobora la teoría de que los cometas tienen un origen distinto de los planetas y no se formaron al mismo tiempo.

Las apariciones del cometa Halley

El cometa Halley es el cometa que más veces ha visitado nuestro cielo. Hay referencias suyas desde el año 240 a.C. (estudiado por los astrónomos chinos). Su periodo oscila entre 74 y 79 años, y su última aparición fue en 1986, año en que fue observado por millones de personas en todo el mundo, sólo superado por la cantidad de gente que observó el Hale-Bopp en 1995.

Muchas de sus apariciones han coincidido con hechos históricos importantes: batallas, pestes, invasiones… Pero el mayor susto nos lo dio en 1910, en pleno siglo XX. En aquella época ya se podía calcular la trayectoria de un cometa con bastante exactitud, así como la longitud de su cola. Y dichos cálculos predecían que la Tierra atravesaría la cola del cometa. Los científicos sabían muy bien que la cola de un cometa es muy difusa y que los Seres Humanos apenas nos percataríamos de ese hecho, pero temían que la velocidad del choque (74 km/s) pudiera ocasionar algún tipo de conmoción, o que los gases del cometa envenenaran la atmósfera. Sin embargo, los temores resultaron infundados y la aparición del cometa no trajo ningún problema para el planeta Tierra.

El cometa Halley nos visitará nuevamente en 2061.