Resulta interesante la curiosa afición al arte de la cocina por el más gran genio universal Leonardo da Vinci. Además de escultor, pintor, arquitecto, escritor, músico, ingeniero y diseñador, Leonardo fue, también, un refinado cocinero y visionario incomprendido.

Su vida transcurrió increíblemente entre los fogones y fue el inventor de numerosos artefactos para la cocina y de recetas culinarias, y el supuesto autor del hipotético tratado de cocina Codex Romanoff en el que recogió numerosas notas de cocina y recetas, muchas de ellas de otras personas, como la del pastel de Navidad de su amigo Atalante Migliorotti, el músico.

Leonardo da Vinci y la cocina

Leonardo ya trabajó como jefe de cocina en la taberna Los Tres Caracoles en Florencia donde fracasó a muy temprana edad. Tampoco tuvo éxito cuando regentó, de nuevo en Florencia, otra taberna con su socio Sandro Botticelli y tampoco triunfaron sus renovadoras teorías cuando consiguió su cargo de maestro de festejos y banquetes en el palacio de los Sforza.

Leonardo en el palacio de los Sforza

Es durante su estancia en el palacio de los Sforza, bajo la protección de su señor Ludovico “El Moro”, señor de Milán, cuando realizó numerosas creaciones culinarias que revelan todavía, hoy en día, una gran modernidad. Incluso en los bocetos previos de su obra La última cena, se pueden contemplar algunos de sus modernos inventos culinarios como las criadillas de cordero a la crema, muslos de focha con flores de calabacín, ancas de rana con verduras y puré de nabos con rodajas de anguila.

Y, es durante su estancia en este palacio cuando realizó sus supuestas anotaciones sobre cocina en los cuadernos que constituyen el Codex Romanoff.

El Codex Romanoff

En el Codex Romanoff se encuentran las inconexas anotaciones y las variopintas reflexiones que supuestamente realizó Leonardo durante su estancia en el palacio de los Sforza, producto de sus muchos años de experiencia.

En esta obra aparecen observaciones relacionadas con la medicina y la dietética de la época, y se indican las propiedades beneficiosas de los alimentos y los platos.

Además, se observa que al autor de este manuscrito le horrorizaban las mezclas ampulosas y la mayoría de sus recetas hacen pensar en un autor muy adelantado para su época.

El manuscrito supone ser, también, un manual de urbanidad, usos y costumbres. Notas, todas ellas, escritas con un tono vehemente, ingenuo y categórico que reflejan la compleja personalidad de quien las redactó y que según afirman las crónicas, así era el temperamento del genio Leonardo da Vinci.

El paradero del Codex Romanoff

Aunque no se conoce el verdadero paradero de este manuscrito, se cree que se encuentra en el Museo del Ermitage de Leningrado. Poco después de que se tuvieran noticias del Codex Romanoff por primera vez, este asunto fue discutido en la Bienale Enogastronómica Toscana que se celebró en Florencia en 1982.

La teoría favorita del doctor Mariano Albinesi, Fiscal de Roma y Presidente del Circolo Enogastronómico d’Italia, es que esta obra que podría haber sido escrita por Leonardo llegó a Rusia junto con uno de los dos cuadros de Leonardo que tiene el Museo del Ermitage. Estas obras serían la Madonna Litta, de cuya autenticidad se tienen dudas, y la Madonna del Fiore, ambas compradas por el zar Nicolás II a las familias Visconti y Benois, respectivamente, que podrían haber tenido algún contacto con escritos de Leonardo.

La mano de Leonardo y la autenticidad del manuscrito

Aunque nadie haya podido ver el supuesto manuscrito original y únicamente se le conozca por una copia mecanografiada en italiano, que parece ha estado bajo el poder de la familia del Piamonte, el doctor Mariano Albinesi cree que esta copia es fidedigna, entre otras cosas, por una pequeña nota de un tal Pasquale Pisabia que lo encabeza: ”Esta es la obra que yo, Pasquale Pisabia, he copiado a mano del manuscrito de Leonardo da Vinci que ahora se conserva en el Ermitage de Leningrado”, un manuscrito que lo rusos niegan poseer.

Desgraciadamente, respecto de este manuscrito, todo son especulaciones, pero Mariano Albinesi parece estar seguro de que estas notas dejan ver la mano de Leonardo que disponía de la oportunidad y conocimientos para haber escrito estas notas y, aunque no se puedan ver los originales no se tiene por que descartar que sean auténticas, al fin y al cabo, con Shakesperare ocurrió lo mismo.

Las recetas del Codex Romanoff

Variadas son las recetas que se pueden encontrar en este manuscrito. La mayoría no son recetas de Leonardo, sino de otros individuos en una época en la que la comida gótica de entonces, solamente podía calificarse que de horrible y en la que los ricos comían carnes en abundancia y los pobres polenta y gachas. De entra las curiosas recetas de este tratado, se encuentra la de un pastel de Navidad:

“(Esta es la receta de un amigo Atalante Migliorotti, el músico). Pelaréis, deshuesaréis y haréis una pulpa con siete grandes pescados blancos, los mezclaréis con las migas de siete barras de pan de color suave y frutas blancas ralladas enteras, ligaréis todo esto con la albúmina de siete huevos de gallina y lo calentaréis al vapor dentro de una bolsa de lienzo fuerte durante un día y una noche. Cuando los comáis, cuidaos de no ahogaros con alguna reliquia sagrada que pueda haber sido puesta allí secretamente”

Sea cual sea la verdadera historia del Codex Romanoff, este manuscrito aporta conocimientos sobre algunas de las peculiaridades culinarias de una época en la que todavía no se conocían ni la patata ni los tomates. No había té, café o chocolate, el esturión era el pez más común en el Mediterráneo y los pobres no carecían de caviar. Con las instrucciones e ingredientes de este pastel de Navidad se puede conocer una receta de la fascinante época del Renacimiento.