Como otros hallazgos de la ciencia ocurrió por casualidad, durante el transcurso de la Primera Guerra Mundial, cuando Pierre Delbet (1861-1957), profesor de cirugía en la Academia de la Clínica de Cirugía en París, buscaba una solución para limpiar las heridas de los soldados. Tras numerosos ensayos con distintas sales descubrió que el cloruro de magnesio también era excelente para otras dolencias y que solo estaba contraindicado en casos de diarrea e insuficiencia renal.

Según sus investigaciones, el efecto de estas sales sobre los glóbulos blancos de la sangre beneficia de tal manera el sistema inmunitario que funciona como tónico en las personas ayudando a combatir colesterol, Parkinson, calambres y temblores musculares, acné, problemas circulatorios, de aparato digestivo y del sistema nervioso, asma, urticaria, eczemas, picores en la piel e hipertrofia de la próstata, además de fortalecer uñas y pelo y hacer desaparecer la rigidez muscular en la vejez.

Mineral milagroso

Aunque la lista no acaba ahí, según pudieron demostrar investigaciones posteriores de otros científicos que retomaron el camino iniciado por él, como el profesor de física y biología, reverendo Beno J. Schorr, que empezó por experimentar en su propio organismo tras caer en sus manos un libro del jesuita español, padre Puig, y que comenta así:

"El magnesio arranca el calcio calcificado en los lugares indebidos y los coloca sólidamente en los huesos y más aún, consigue normalizar la corriente sanguínea, estabilizando la presión. El sistema nervioso queda totalmente calmo, sintiendo mayor lucidez".

Y es por sus efectos sobre el sistema nervioso simpático y parasimpático que estas sales actúan sobre la depresión, el estrés y la ansiedad. Pero también ha quedado demostrada su bondad en el tratamiento de la difteria, la meningitis, el tétanos, la tuberculosis, la gripe, el herpes, la artritis, la osteoporosis (por su acción fijadora del calcio) y en la normalización de la presión arterial, calificándose por ello de mineral ‘milagroso’.

Previene el cáncer

Según los trabajos de Delbet y su discípulo el doctor Neveu, lo que el magnesio consigue es restablecer el equilibrio mineral, reanimando las funciones de los órganos, que en el caso del riñón consiste en eliminar el ácido úrico combatiendo así la artrosis. Además desprende el calcio de la membrana de las articulaciones evitando infartos y purificando la sangre con el consiguiente beneficio cerebral.

Tras sus experimentos con animales, en los que comprobó que el magnesio evitaba que el estrés se convirtiera en distrés, el científico francés empezó a investigar sobre los beneficios de este mineral para la prevención del cáncer, dejando reflejado el resultado de sus trabajos en el libro publicado en 1944, Política Preventiva del Cáncer.

No se enseña en la universidad

Fruto de otras investigaciones realizadas por el doctor Stora y recogidas por el doctor Joseph Favier en su libro Êquilibre Minéral et Santé (Librairie le François, Paris), el cloruro de magnesio ha dejado demostrada su bondad como agente en el tratamiento de los problemas urinarios con origen en la próstata, dato que obra en poder de la Academia Médica de Francia, desde el 18 de marzo de 1930.

Por qué dados los innumerables beneficios de este compuesto mineral –preguntamos- no se aplica por la medicina alopática para la prevención y tratamiento de las enfermedades citadas. La respuesta llega de la mano del doctor Raúl Vergini, de la New York Academy of Science (Academia de Ciencias de Nueva York), y de la World Society of Anti- Aging Medicine (Sociedad Mundial de Medicina Anti edad), en la entrevista concedida en 2009 a la Stampa.it.

"El tratamiento con cloruro de magnesio no se enseña en la universidad, ni se ilustra en los escritos de la terapia médica. Con la llegada de los antibióticos y las vacunas esta terapia, que tropezó con importantes obstáculos en su momento, prácticamente desapareció o, sería mejor decir, fue finalmente suprimida”.

No reporta beneficios económicos

Más adelante añade: “El cloruro de magnesio es una sustancia natural y por lo tanto no es patentable, por lo que no siempre piensa la industria farmacéutica invertir millones de euros en una investigación de un producto que luego no puede recibir ningún beneficio económico”.

Las afirmaciones de Vergini (en línea con las conclusiones de Delbet de que las regiones de la tierra más ricas en magnesio demostraban menor incidencia de cáncer), añaden a lo dicho que “los cultivos intensivos, y el uso de fertilizantes químicos han reducido la cantidad de magnesio en el suelo y, por consiguiente, en los productos que allí se cultivan… además de que la publicidad incita al consumo de comidas industrializadas, pobres en nutrientes”.

Cómo tomarlo

Si bien el magnesio puede encontrarse con facilidad en farmacias, el cloruro de magnesio no, por lo que hay que acudir a herbolarios que ofrecen las sales en botes de dos tamaños que oscilan entre los 5 y los 8 euros. Como tienen un ligero amargor es recomendable disolverlas en algún tipo de zumo. Según Vergini, deberíamos consumir entre 800 y 900 miligramos diarios a través de la alimentación para mantenernos sanos.

Debido a la amplia literatura sobre las dosis diarias a tomar (desde una cucharadita de café diaria, hasta tres e incluso más), en forma de sales, como depende también de la dolencia que se quiera tratar lo adecuado es consultar a un médico naturópata, que está familiarizado con este tipo de suplementos nutricionales y, por tanto, es quien más capacitado está para informar en cada caso.

De cualquier manera la recomendación del doctor Vergini, experto en nutrición, es que tanto adultos como niños deberían tomar esta sustancia natural durante toda la vida, para aumentar la vitalidad y prevenir la enfermedad.