Durante la vida de una mujer se producen cambios hormonales que influencian su humor, empatía, perspectiva y comportamiento.

Las interacciones neuro-hormonales facilitarían la adaptación de la mujer al objetivo vital de cada período de su vida.

Hormonas que modulan la función del cerebro femenino

Las principales hormonas que influencian el comportamiento de la mujer son:

  • Dehidroepiandrosterona: prohormona que da origen a las hormonas sexuales femeninas (estrógenos) y a las hormonas sexuales masculinas (andrógenos).
  • Estrógenos: principales hormonas sexuales femeninas, responsables de la primera parte del ciclo menstrual. Impulsan a la acción.
  • Progesterona: principal hormona de la segunda parte del ciclo menstrual y del embarazo. Sedativa.
  • 5-alfa-Dihidrotestosterona: hormona sexual masculina. Bajas concentraciones en las mujeres. Incide en: deseo sexual, agresividad y bienestar.
  • Oxitocina: neuro-hormona implicada en el parto, la lactancia, el accionar materno y paterno y el orgasmo.
  • Alopregnelonona: neuro-hormona derivada de la progesterona. Produce calma y reducción del estrés. Su bajo nivel provoca irritabilidad en los síndromes premenstruales.
  • Cortisol: hormona implicada en el estrés y en la adaptación físico- emocional.
  • Androstenediona: precursora de la testosterona en los ovarios.
  • Vasopresina: relacionada a la agresividad.
Dichas hormonas afectan al cerebro humano en general, pero este artículo enfocará en el cerebro femenino.

El comienzo de la diferenciación cerebral

Hasta aproximadamente la octava semana de embarazo todo feto posee un cerebro "femenino". Es recién en la segunda mitad del embarazo cuando en los varones un aumento de la testosterona define el cerebro "masculino".

Según la Dra. Louann Brizendine, especialista en las interacciones neuro-hormonales del cerebro femenino, esta masculinización significa la involución de algunas células de los centros de comunicación y de procesamiento de las emociones, y un aumento de celularidad en los centros que procesan la agresión.

Durante los tres primeros meses de vida, es usual que las niñas interpreten con mayor facilidad los rostros de sus madres. El lenguaje aparece en ellas antes que en los varones y suelen valerse tan sólo de una palabra para intentar comunicarse.

En los años siguientes, sin embargo, se produce una inactivación de estos circuitos.

Despertar hormonal

La pubertad y la adolescencia marcan un importante cambio en la vida "cerebral" de la mujer: en su cerebro (glándula pituitaria, hipotálamo) comienzan a producirse cantidades elevadas de hormonas que reactivan los circuitos previamente inactivados.

Altas concentraciones de estrógenos y progesterona influyen sobre el hipocampo (impulsando procesos de aprendizaje, memoria y sensibilidad al estrés), hipotálamo (regulación de funciones orgánicas) y amígdala (procesamiento de emociones).

El cerebro adolescente femenino contiene nuevos circuitos pero éstos aún son inmaduros, causando una marcada impulsividad y un bajo juicio.

La aparición de los ciclos menstruales marca una dualidad de comportamiento característica de las mujeres y un alto estrés cerebral que escapa a su control.

Siendo el hipocampo (memoria) una estructura altamente sensible a los estrógenos, durante la primera parte del ciclo las mujeres alcanzan su mayor rendimiento intelectual mientras que durante la segunda fase (progesterona) se produce todo lo contrario: necesidad de reposo, falta de concentración y menor memoria.

Ante la ausencia de embarazo, disminuirán dramáticamente los niveles hormonales y la menstruación se presentará acompañada de cambios del humor (irritabilidad, depresión), generados por una hiperexcitabilidad neuronal y una disminución del neurotransmisor serotonina.

En la etapa fértil de la mujer es común que su memoria evolutiva y genética, asociada a sus cambios hormonales, influyan en sus decisiones, priorizando instintivamente la formación de una familia ante opciones que la obligarían a alejarse de ese objetivo.

El embarazo y la maternidad

La mayor reestructuración del cerebro femenino se produce durante el embarazo.

El cerebro literalmente disminuye su tamaño, pero esto no significa una pérdida de células sino una remodelación masiva de los circuitos. Dos semanas antes del parto, el cerebro recobrará su tamaño habitual e incluso podría "crecer" debido a los nuevos circuitos maternales. La depresión post-parto no es infrecuente.

La maternidad modifica la estructura y función del cerebro irreversiblemente. La relación íntima madre-hijo crea y refuerza aquellos circuitos cerebrales que se relacionan con el rol materno. El nuevo nivel de alerta la capacita para reaccionar a los mínimos movimientos o sonidos de su bebé. El olor del bebé, el contacto con su piel y la percepción de su llanto estimulan la secreción de varias hormonas maternas, entre ellas la oxitocina y así la secreción de leche materna.

Sentirse madre significa comunicarse y estar para el otro, de pies a cerebro.

Perimenopausia, menopausia y posmenopausia

La perimenopausia comienza alrededor de los 43 años. El cerebro comienza a ser menos sensible a los energéticos estrógenos y la testosterona podría comenzar a disminuir sus niveles y provocar una disminución del deseo sexual. El insomnio podría instalarse.

El cerebro podría experimentar cambios drásticos causados por la disminución de los habituales niveles hormonales. El humor se desequilibra y la mujer entra en una etapa de "no sé qué me pasa pero no me siento como siempre". Es una etapa muy particular y los aspectos neuro-psicológicos difieren ampliamente en cada mujer.

Luego de 8 a 10 años de perimenopausia, la menopausia se hace presente, y el cerebro entra en una especie de shock por abstinencia hormonal. Todos los niveles de hormonas se modifican y con ellos los neurotransmisores que controlan el humor, la memoria, el deseo, etc. Sin embargo, es esperable un reenfoque positivo de la mujer en sí misma; en sus proyectos y placeres postergados por las necesidades ajenas.

En la posmenopausia, cuando ya el cerebro se readaptó a la carencia de hormonas sexuales, si es que éstas no han sido suplementadas farmacológicamente, los circuitos dependientes de estrógeno se reducirían gradualmente y la memoria podría disminuir significativamente con el paso del tiempo.

Conclusión

Parafraseando a la neuropsiquiatra Louann Brizendine, "las hormonas pueden determinar el foco de interés del cerebro en un momento dado e influir en los deseos, creencias, expectativas y percepción de la realidad por parte de la mujer en cada uno de los períodos de su vida".

Y gracias a ello: la supervivencia de la especie humana.