El hombre y la mujer difieren en la anatomía de sus cerebros y en el funcionamiento de los mismos. Sin embargo, durante siglos ha sido el cerebro masculino el único estudiado universalmente y el propuesto como modelo cerebral de la especie humana.

Gracias al trabajo de diversos investigadores que han revisado los conceptos del funcionamiento cerebral y han enfocado sus estudios particularmente en el cerebro de la mujer, en la actualidad se pueden discriminar las bases científicas que dan soporte biológico a las diferencias en comportamiento, prioridades, emociones, reacciones y sensibilidades que definen al género femenino de la especie humana.

Genética, plasticidad cerebral y evolución

Según la neuropsiquiatra Louann Brizendine, fundadora de “Women’s and Teen Girls’ Mood and Hormone Clinic” (Clínica para el estudio de las hormonas y el humor en niñas adolescentes y mujeres) en San Francisco, Estados Unidos, los hombres y las mujeres difieren primordialmente no sólo en sus funciones reproductivas sino también en la unicidad del funcionamiento de su cerebro.

En su libro El cerebro femenino, Brizendine explica las particularidades que definen a la naturaleza de la mujer desde su historia evolutiva y genética, sus roles y capacidades instintivas, y cómo cada característica de su comportamiento a través de su vida se enlaza con los cambios en la sensibilidad, modificación y reactividad de su cerebro.

El hombre y la mujer coinciden en más del 99% de su código genético. Si bien la diferencia no es mayor del 1%, las variaciones que significa afectan a cada una de las células del cuerpo humano y cada etapa del funcionamiento de su sistema nervioso, desde la percepción del mundo externo y del dolor a través de los sentidos y los órganos internos, hasta las neuronas que procesan las emociones, sentimientos y pensamientos.

Si aún ese porcentaje cercano al 1% no resulta a simple vista significativo, cabe mencionar que entre ciertos chimpancés y el ser humano hay tan sólo una diferencia genética del 2%.

Ser o no ser XX, el gran dilema

Los cromosomas sexuales X e Y determinan el género humano (hombres: XY, mujeres: XX).

Según David H. Skuse (Behavioural and Brain Sciences Unit, Institute of Child Health, Londres) muchos de los 931 genes que conforman el cromosoma X y que han jugado durante 300 millones de años un rol importante en el desarrollo de las características y funciones sexuales específicas de ambos sexos, se relacionan además con funciones mentales superiores, entre ellas la inteligencia, la comunicación social y la regulación de las emociones; todas ellas vitales para la supervivencia de la raza humana.

Por ser la mujer la portadora de dos genes X, ciertas enfermedades relacionadas con la disfunción del gen X (autismo hereditario, retardo mental) son más frecuentes en los hombres, quienes poseen un solo gen X y por lo tanto no pueden compensar la deficiencia.

Por mucho tiempo se ha considerado que los cromosomas sexuales no inciden de forma directa sobre el desarrollo de las funciones mentales sino que actúan a través de la inducción a nivel gonadal de la producción de hormonas específicas para el desarrollo particular de cada sexo. Altos niveles de testosterona durante los periodos fetal y neonatal provocarían el desarrollo de un “cerebro masculino” que de otro modo presentaría características femeninas.

Sin embargo, varios estudios, entre ellos los llevados a cabo por Laura Carruth (Universidad de Los Ángeles, California) y por Craig, I W, (Instituto de Psiquiatría, Denmark Hill, Londres) revisaron este concepto y demostraron que las células cerebrales XX y XY difieren en su programa autónomo de desarrollo independientemente de la secreción hormonal gonadal, y que la administración de hormonas especificas de cada sexo no variaría esta evolución.

Según Craig, los cromosomas sexuales pueden determinar por sí mismos los comportamientos específicos observados en cada género humano, siendo el cromosoma X el responsable de estas funciones.

El comportamiento humano universal e histórico es contenido en nuestro ADN, en nuestros genes y, como es de esperar, los diferentes roles que el hombre y la mujer han tenido desde su aparición en la faz de la Tierra, forman parte de su código genético aún hoy.

Genes e historia

Recientemente, Taylor S.E, (Universidad de Los Ángeles, California), demostró que la respuesta instintiva del ser humano ante el peligro denominada "pelear o huir" no forma parte del comportamiento biológico natural de ambos sexos como se creía previamente sino sólo del hombre.

La mujer lleva en su cerebro la memoria genética de otra reacción instintiva que involucra un comportamiento protector de sus seres queridos, en especial de sus hijos. Ante un peligro, la mujer no pensaría en enfrentarlo o escapar, dado que históricamente los peligros superaban su fuerza física y escapar significaba tratar de correr embarazada, cargando niños pequeños y/o ancianos.

El objetivo de la mujer por siglos y siglos ha sido proteger, comunicar y mantener las necesidades vitales de sus semejantes y su cerebro ha sido remodelado para cumplir ese rol.

Desde la perspectiva de Taylor, el funcionamiento cerebral humano no sólo involucra una biología común a su especie, como algunos autores proclaman, sino que reflejaría la especificidad de cada género.

Conclusión

Las conexiones cerebrales del cerebro de la mujer expresan y permiten que su rol instintivo se conserve intacto a pesar de los cambios de la vida moderna. En su código genético está contenida la significancia de su rol como mujer en la especie humana.

El cerebro femenino es influenciado no sólo por la unicidad genética de la mujer sino por su sensibilidad especial a las hormonas sexuales y a la variación anatómica que éstas provocan, en un interjuego de acciones que definen el funcionamiento mental de la mujer y marcan sustancialmente la diferencia entre su cerebro y el del hombre.