Una de las mayores ventajas que le aporta al espectador la presencia de tal cantidad de canales en la nueva televisión digital, es la posibilidad de volver a ver películas que han hecho historia y que, por razones diversas, no se han vuelto a ver. Eso ha ocurrido con la apología de la amistad, del sacrificio y del dolor que supone El cazador. Obra maestra de Michael Cimino y que se llevó el Óscar de 1978.

Vietnam y la realidad de un conflicto

La historia narra la vida de tres amigos de un pueblo perdido de las montañas, en Estados Unidos, ante la perspectiva de marchar a Vietnam. Su relación con el resto de amigos, sus amores de juventud, los no correspondidos y los sueños ante lo que esperan encontrar durante y después del conflicto. De la visión ante el mismo, véase la escena con el veterano al principio de la película y luego como se ven en idéntica situación – el director prepara la escena tan brillantemente que parece repetida, solo cambian los actores. De cómo las cosas no son lo que parecen.

Rodada en plena postguerra del conflicto asiático y en una continua serie de muestras culturales alusivas al conflicto, muestra el lado humano del conflicto. Más allá de la bandera y el país, están las personas. Con un guión fabuloso, no deja hilo suelto en sus casi tres horas de duración.

Una historia de amistad

No es una película de guerra, es de la amistad. La verdadera y la de copas. Empieza narrando la vida de los protagonistas en una comunidad de emigrantes rusos - algo presente en el cine de Cimino - véase La puerta del Cielo. De la diferente relación entre ellos a la que mantienen con el resto de amigos. La personalidad tan marcada de todos: el líder, la mano derecha del mismo y que le falta un poco para llegar al nivel y el protegido de ambos (se omite a quien corresponde cada papel para el futuro espectador).

Transcurre tiempo hasta ver el primer helicóptero, la primera batalla. Escenas filmadas con una fuerza tal que dejan en quien las ve mayor poso que aquella más sangrienta -se demuestra con ello que el espectador es más vulnerable ante aquello que le llega a la mente frente a lo que solo ve - casquería gore. Escenas que definen la violencia de la guerra así como la palabra amistad tal y como se define en el diccionario.

La violencia moral frente a la física

Al igual que otra obra maestra del genero, Apocalipsis Now, la dureza de lo que muestran está más en el sentimiento y dolor de los personajes que en el propio físico. Más la humillación del prisionero que la caída del helicóptero de uno de los personajes.

La película muestra la dureza que supone la vuelta al mundo real. Como el personaje de Robert de Niro perdona la vida a un ciervo que antes hubiera abatido sin pensarlo. De cómo, pese a las secuelas físicas, el personaje de John Savage, se ve lastrado más por su sufrimiento que por el dolor físico. No hablemos ya de Christopher Walken y su descenso a los infiernos pero con la suficiente lucidez como para ayudar a un colega.

Obra maestra de Michael Cimino

Sorprendió Cimino pues si bien su obra anterior era estimable, no alcanzaba estas cotas. Posteriormente, se encontró con un nivel de exigencia similar y fue generalmente incomprendido. Arruino a la United Artist en la epopeya La puerta del Cielo. Drama bélico sobre los emigrantes rusos en el oeste americano y que los cortes sufridos, que dejaron 240 minutos en hora y media escasa, lastraron la película en su estreno. La versión larga es otra Obra Maestra. Posteriormente, dirigiría la estimable Manhattan Sur para terminar su carrera con las interesantes 37 Horas desesperadas y Sunchaser. Condicionado por problemas personales, se dice que vivió traumatizado por su condición y terminó cambiando de sexo, acabó dejando su carrera en segundo plano.

Los actores, en su mejor trabajo

En cuanto a los actores, Robert de Niro no ha vuelto a alcanzar ese nivel de excelencia. Christopher Walken se llevó el Óscar, merecido por otro lado, pero vio también como su aspecto extraño condicionaba su carrera a papeles un tanto excéntricos. Otros secundarios como John Savage, George Dzunda o John Cazale no han estado mejor (bueno, este último tiene el record de haber participado en más películas premiadas por la academia y su breve carrera está llena de papeles destacados.

Mención aparte merece la gran Meryl Streep. En un papel secundario, mostraba la capacidad para afrontar cualquier personaje y daba idea de como podía llegar a ser la mejor actriz de la historia.

En definitiva, una obra de arte que coge más valor según pasa el tiempo.