Las paredes del castillo de Belmonte en Cuenca podrían contarnos muchas historias. Sus estancias han albergado a inquilinos de muy distinta condición social desde su primera construcción en el siglo XIV hasta su más reciente rehabilitación.

Seis siglos de historia que han dejado huellas en su arquitectura, como elemento más visible, pero también en su carácter y finalidad.

El castillo de Belmonte en Cuenca

La villa de Belmonte, junto a la que se alza el castillo, y que deriva de término “Bello Monte” por su hermoso paisaje de encinas, tiene ese nombre desde el siglo XIII cuando Fernando III el Santo la donó a su hijo, el infante don Manuel.

El castillo está situado en un pequeño cerro fuera de la villa y es un claro ejemplo de arquitectura militar del siglo XV, con elementos constructivos de estilo gótico y decoración mudéjar en el interior.

Todo el conjunto tiene una planta poligonal, cuya forma recuerda a la del castillo de Caerlaverock en Escocia, y que afecta a sus dos principales elementos: el castillo propiamente dicho y la muralla que lo rodea, que posee unas originales almenas.

El castillo tiene seis cubos de planta circular, decorados en su zona superior con matacanes, y una torre del homenaje que es cuadrada y se encuentra desmochada desde el siglo XV, momento en el que los Reyes Católicos ordenaron suprimir su parte superior. La puerta de acceso al castillo, la del Campo, tuvo un foso con un puente levadizo, hoy desaparecidos.

Ya en el interior del recinto, en el patio de armas, es donde son más evidentes las restauraciones efectuadas en el siglo XIX, sobre todo en las escaleras y en las galerías del primer piso. La decoración interior del castillo, así como de la capilla, es mudéjar, en yeso, y con motivos decorativos de atauriques vegetales que se alternan con los escudos de la familia Pacheco, constructores de castillo, y pertenecientes a la Orden de Santiago.

Destaca en la decoración de sus paredes un bestiario medieval, realizado en piedra con dragones y otros animales fantásticos, cuyos cuerpos están enroscados en ramas de árboles. Sobresalen también los bellos artesonados que decoran los techos de las distintas estancias del castillo, la mayoría de los cuales pertenecen a la restauración efectuada en el siglo XIX, siendo solamente tres de ellos los originales del siglo XV.

Los inquilinos del castillo de Belmonte

Las piedras de este castillo centenario han acogido a residentes de muy diferentes tipos, entre los que podemos destacar a nobles, frailes dominicos, prisioneros políticos, actores de cine y hasta una emperatriz de Francia. Algunos de ellos son:

  • D. Juan Manuel: Heredó las tierras de su padre, el infante Don Manuel y fue el primer inquilino de un alcázar anterior al que ahora contemplamos, construido en 1323 junto con una muralla de piedras y yeso que acogía toda la villa. Actualmente se ha proyectado su rehabilitación como venta de la Ruta del Quijote. Allí escribió una de sus obras más famosa, el Libro de los enxiemplos del Conde Lucanor et de Patronio”, compuesto por más de cincuenta cuentos o “ejemplos” con un fin moralizante. En él vivieron también sus hijas, Constanza y Juana Manuel, esposa del rey de Castilla, Enrique II de Trastámara.
  • Don Juan Pacheco, marqués de Villena: A finales del siglo XIV, Belmonte pertenecía, por concesión real, a la familia de los Pacheco. Uno de sus miembros, Juan Pacheco, marqués de Villena y maestre de la Orden de Santiago, ordenó la construcción del castillo. En 1456 llegó a un acuerdo con el concejo de Belmonte para compartir los gastos de la edificación de la muralla del pueblo que partían del castillo. El marqués de Villena cedió el castillo, aún inacabado, a su hijo Diego López, que perdió temporalmente su propiedad, a causa de su apoyo al bando de la hija de Enrique IV, Juana la Beltraneja, durante la guerra civil castellana del siglo XV.
  • Juana la Beltraneja: Hija de Enrique IV el Impotente. Los Pacheco le ofrecieron su apoyo durante la guerra que mantenían con las tropas de Isabel la Católica por el control del reino de Castilla. Doña Juana estuvo alojada en el castillo hasta que, viendo que sus aliados pensaban cambiar de bando, decidió huir por una de las ventanas de la fortaleza, en plena noche, temiendo por su vida. La puerta del castillo por la que escapó lleva su nombre en recuerdo de su rápida partida.
  • Eugenia de Montijo: Noble granadina descendiente de los marqueses de Villena, fue emperatriz consorte de los franceses por su matrimonio con Napoleón III. A la muerte de su esposo se trasladó a España residiendo un tiempo en el castillo de Belmonte. Fue ella la que encargó a Sureda la restauración de la fortaleza, por aquel entonces abandonada y muy deteriorada, pues había sido convertida en prisión por los franceses cuando invadieron la zona durante la Guerra de la Independencia. Aquél arquitecto español rehabilitó todo el conjunto siguiendo esquemas decorativos franceses, lo que nos impide saber cómo fue originalmente su interior.
A la muerte de la emperatriz, el castillo pasó a manos de su sobrino, el conde de Peñaranda, que lo cedió a una comunidad de dominicos que realizaron algunas reformas arquitectónicas en él, transformando el salón del castillo en oratorio. Años más tarde, en 1932, el castillo de Belmonte fue declarado Monumento Nacional, siendo convertido, durante la Guerra Civil Española, nuevamente en presidio del Partido Judicial de Belmonte. Tras la contienda sus estancias fueron habilitadas como academia de mandos del Frente de Juventudes.

Como otros castillos españoles, fue escenario de rodaje de varias películas, estando en la memoria de los habitantes de la villa la dirigida por Anthony Mann. En su película de “El Cid”, el castillo es el protagonista en varias escenas en donde participaron como extras muchos vecinos de Belmonte.

Hoy día sigue siendo propiedad de la Casa Ducal de Peñaranda y desde el año 1985 está protegido por la ley de Patrimonio Histórico Español.

En 2010 abrió nuevamente sus puertas, después de una importante rehabilitación que ha convertido sus estancias en museo de historia del propio castillo. Puede ser visitado por el público todos los días de la semana, excepto el lunes.