Su emplazamiento y fisonomía le han convertido en una de las fortalezas más cinematográficas de nuestra geografía, ya que ha sido uno de los castillos preferidos por muchos directores de cine como escenario de sus películas.

El castillo de Belmonte y el cine

La impresionante mole de piedra de este castillo ha albergado a inquilinos de muy distintas clases y conocido diversas restauraciones que han hecho de él un decorado único para diversas producciones cinematográficas.

Fue construido en el siglo XV por Juan Pacheco, marqués de Villena, quien encargó el trabajo al arquitecto Juan Guas, artífice también de algunas zonas del castillo de Manzanares el Real, en Madrid.

Su actual aspecto es fruto de varias rehabilitaciones realizadas en él durante siglos. Fue restaurado a finales del siglo XIX por deseo de la emperatriz Eugenia de Montijo, que lo utilizó como residencia durante un tiempo. Fue nuevamente reparado tras la Guerra Civil Española, siendo a partir de los años 60 escenario de algunas películas y marco incomparable para la celebración de mercadillos medievales.

La mayor rehabilitación del castillo comenzó en el 2008. Tras dos años de trabajos, abrió nuevamente sus puertas al público en el 2010 y actualmente, es un museo de su propia historia y un centro de actividades culturales.

Además de las restauraciones oficiales, el castillo conoció otros cambios necesarios en su momento para el rodaje de algunas escenas de cine.

Curiosamente el castillo de Belmonte nunca hizo de sí mismo, ya que en las producciones cinematográficas donde aparece siempre simula ser otro lugar, como Zamora, Tordesillas o la Ínsula Barataria entre otros.

El castillo de Belmonte, escenario de la película “El Cid”

En el año 2011 se celebra el 50 aniversario del rodaje de una de las películas más emblemáticas para la historia de la villa de Belmonte: El Cid, del director estadounidense Anthony Mann.

Cuando a finales del año 1960, llegó a Belmonte el equipo de rodaje, los habitantes de la villa quedaron asombrados ante el enorme despliegue de medios técnicos que rodeaban el castillo. Éste se encontraba entonces muy arruinado por lo que hubo que montar andamios para reconstruir con moldes de escayola parte de su almenado.

En este largometraje, protagonizado por Charlton Heston y Sofía Loren, en los papeles de El Cid y doña Jimena respectivamente, el castillo fue el escenario principal en varias tomas. Con él comienza una película que, con independencia de la cantidad de imprecisiones históricas que contiene, logró un gran éxito en su estreno en España en diciembre de 1961 en el cine Capitol de Madrid.

En la gran explanada que precede al castillo se representó el duelo, a caballo y espada, entre Don Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid, y Don Martín Gómez, por la posesión de la ciudad de Calahorra. El primero de ellos representaba a Fernando I, rey de León y conde de Castilla; el segundo lo hacía por Ramiro, rey de Aragón, que disputaba al castellano la posesión de la ciudad de Calahorra arrebatada a los musulmanes por las tropas de Fernando un tiempo antes.

Este combate entre ambos, narrado en Las mocedades del Cid -obra teatral del siglo XVII que narra las primeras aventuras del héroe castellano en el siglo XI- es en esta película recreado junto a un castillo del siglo XV y con unas normas de caballería ajenas también a la época. Sin embargo, todo ello no desluce nada una escena rodada magistralmente con gran cantidad de extras, gran parte de los cuales eran vecinos de Belmonte y de las villas cercanas, y que está acompañada por la excelente banda sonora del compositor húngaro Miklós Rózsa.

En otra de las escenas el castillo de Belmonte tuvo que ser “disfrazado”, modificándose la zona superior de sus torres con una techumbre cónica para aparentar ser la fortaleza de Zamora, ciudad que había heredado la infanta doña Urraca, hija del rey Fernando I de León y que en la película interpreta la actriz francesa Geneviève Page.

Al atardecer y con escasa luz, se filmó una escena junto al brocal del pozo del patio del castillo, y se rodó junto a sus muros la traición del noble leonés Bellido Dolfos, que por orden de doña Urraca asesina a su hermano, el infante Sancho, a causa de las disputas por la herencia. Éste episodio motiva el “juramento de Santa Gadea” y el posterior destierro de El Cid. Ambos se recrean en esta película en cuyo cartel promocional ocupó también un lugar destacado el castillo de Belmonte.

Otras películas rodadas en el castillo de Belmonte

El en el largometraje El Señor de Los Anillos de Ralph Bakshi, rodado en 1978 en dibujos animados sobre imágenes reales, el castillo de Belmonte ocupa también lugar sobresaliente, ya que es el escenario de la batalla final en la ciudad de Rohan, junto al abismo de Helm.

El director alemán Paul Verhoeven también escogió el castillo de Belmonte como fondo de su obra Los señores del acero rodada en 1985. Pero si el rodaje de El Cid supuso un beneficio para el pueblo y sus habitantes, la llegada del equipo de Verhoeven trajo consigo la polémica y las quejas de los belmonteños.

La tala indiscriminada de árboles junto al castillo, así como la excavación de un foso sin permiso oficial, y la construcción de muros y paredes de escayola provocaron varias protestas de los vecinos que no pudieron hacer nada cuando la torre de homenaje se incendió a causa del fuego real utilizado durante el rodaje.

En el año 2001, vuelve a la gran pantalla el castillo de Belmonte en el largometraje Juana la Loca de Vicente Aranda. En esta ocasión también le roban su identidad a la fortaleza que simula ser Tordesillas, en Valladolid.

Manuel Gutiérrez Aragón rodó en 2002 en el castillo de Belmonte la película El caballero Don Quijote. En esta caso, se convirtió en la Ínsula Barataria, donde actuará de gobernador el escudero Sancho y que Cervantes situó realmente en la localidad aragonesa de Alcalá de Ebro.

Hubo otras producciones que tomaron el castillo de Belmonte como escenario. Entre otras, la película hispano-italiana Las hijas de El Cid (1962), El tesoro de las cuatro coronas (1982) o Don Juan en los infiernos” (1991), rodada por Gonzalo Suárez, aunque ninguna de ellas logró darle a la fortaleza manchega la majestuosidad de la cinta de Anthony Mann.